Apagar el teléfono fuera del trabajo: un derecho y una obligación

Por Pep Marquès , Director Corporativo de Personas, Desarrollo organizativo y RSC de Barcelona Activa

Apagas el ordenador del trabajo, sales de la oficina, llegas a casa y … abres el ordenador de la mesa del comedor, contestas los correos acumulados a lo largo del día, lees rápidamente dos documentos a los que llevas desde el martes queriendo echar un vistazo y, justo cuando has acabado, contestas un whatsapp urgentísimo, inaplazable, que te ha enviado tu jefa.

Son las diez y tu jornada laboral hace horas que ha terminado, pero ha sido imposible desconectar y, como ya no te queda tiempo para nada más, sigues con el móvil en la mano, chismorreando en las redes sociales hasta que te duermes.

Que esta escena os resulte familiar no es de extrañar: los casos de dependencia a las nuevas tecnologías van al alza mientras muchas y muchos expertos insisten en que es uno de los trastornos menos diagnosticados. La irrupción de las TIC en la vida privada plantea, entre otras, disyuntivas sobre el lugar que ocupan en la vida laboral y, sobre todo, sobre cómo se difuminan los límites entre las diferentes esferas de la vida: laboral y personal. En otras palabras, vivimos en una sociedad hiperconectada que nos complica la separación de los ámbitos de nuestra vida.

Llevamos años oyendo voces que defienden el derecho a la desconexión. Pero ¿de qué hablamos, cuando reclamamos este derecho?

De entrada, cabe establecer, como marco contextual de nuestros derechos laborales, la conciliación, la cual incluye el derecho a la salud y el derecho al descanso de todas las personas trabajadoras.

Estamos permanentemente pendientes del trabajo, permanentemente localizables, permanente visibles en nuestras redes sociales y permanentemente accesibles por múltiples canales. Y esto, por supuesto, pasa factura a nuestro cuerpo y a nuestra salud mental.

Encaramos, por tanto, un doble reto que alcanza ámbitos tan variados como la carencia de regulación del teletrabajo en todas sus formas, los mensajes fuera del horario laboral (ya sean correos o mensajería instantánea) y los efectos que todo ello tiene sobre las personas trabajadoras. Asimismo, se plantean nuevos conflictos en lo que se refiere al control de las empresas sobre su plantilla, vulnerándose los derechos a la dignidad y la intimidad cuya observancia debiera ser de obligado cumplimiento por parte de las organizaciones.

Pese a que existían algunos precedentes de tutela del derecho a la desconexión de las personas trabajadoras, no ha sido hasta la reciente aprobación de la Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantías de los Derechos Digitales que se ha cristalizado en ley el derecho a la desconexión digital, como manifestación concreta del derecho al descanso de todas las personas trabajadoras.

Pero, más allá de lo que prevé dicha ley, un equilibrio entre la seguridad y la salud de las personas trabajadoras tiene que ser uno de los ejes fundamentales en la implantación adecuada de los cambios organizativos que requiere el mercado de trabajo: una mayor flexibilidad laboral, el uso intensivo de las TIC, la virtualización de las relaciones laborales… nada de todo ello repercutirá positivamente en la vida de las personas si no tenemos en cuenta el paradigma tecnológico en el que nos encontramos.

En este sentido, el nuevo Marco Estratégico Europeo de Seguridad y Salud en el trabajo 2014-2020 se propone “evaluar los cambios en la organización del trabajo derivados de la evolución de las nuevas TIC (conectividad constante) y su impacto a nivel de las organizaciones y del individuo”. Y es precisamente sobre este impacto donde más tenemos que trabajar.
Uno de los aspectos más preocupantes que plantea el uso intensivo de las TIC en el trabajo es que éste posibilita contextos en los que, sin la formación y sensibilización adecuada, es muy fácil caer en la trampa de la que se denomina libertad para la auto explotación.

No podemos olvidar, pues, que al igual que las TIC abren una ventana de oportunidad en la transformación de los puestos de trabajo, para hacerlos más productivos y beneficiosos para las personas; presentan otra cara menos amable que se traduce en problemas para la salud y el bienestar al trabajo. Pueden erosionar las relaciones de colaboración dentro del contexto laboral o incrementar el nivel de exigencia mental y de estrés en el trabajo.

Algunas corrientes, como la de la comunicación slow, establecen como uno de sus principios básicos instaurar períodos regulares de desconexión digital, apostando por el desarrollo de un tiempo de ocio que prescinda de las TIC así como por una recuperación de las fronteras entre el tiempo laboral y el de descanso. Un límite que esta conexión permanente desdibuja.

Los códigos de buenas prácticas y las normativas de una empresa, así como una cultura corporativa que fomente la desconexión del trabajo y que vele por el bienestar de la plantilla, son una buena manera de conseguir un equilibrio y una mínima garantía de bienestar laboral.

Algunas empresas, Barcelona Activa entre ellas, apuestan por garantizar el derecho a la desconexión digital, no enviando, por ejemplo, información de temática laboral entre las 20h y las 7h, ni los fines de semana ni festivos, excepto en casos de extrema urgencia o necesidad. Una medida que se suma a otra iniciativa: no enviar informes ni estudios los viernes para su revisión en fin de semana. Otras organizaciones, como AXA, optan por incluir el derecho a la desconexión en su convenio colectivo, para hacer más visible su compromiso con el derecho al descanso de las personas trabajadoras.

En definitiva, las fórmulas por las que podemos optar son diversas y se pueden adaptar al día a día de las empresas. Debemos tener en cuenta que no se trata tanto de establecer normas rígidas, sino de garantizar que la cultura corporativa no ponga obstáculos al descanso de las personas que trabajan. Antes, al contrario: fomentar y facilitar la separación entre vida laboral y otros espacios de la vida, garantiza el bienestar, favorece un buen clima laboral y aumenta la productividad.


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