¡La órdiga! “Acabome” de caer del guindo: siempre supiere que las palabras tengan un significado exacto y que el «sentío» o «desentío» se los demos nosotros a voluntad e interés propios. Pero tan “escorromoñada” estoy de IA, sesgos y pensamiento crítico que recién “hubieme” dado cuenta que un término mal entendido sea un sesgo de confirmación muy arraigado. Y más allá: que un sesgo de confirmación nos dejare “abontinchaos” como punto ciego que pareciera y siera. Si no somos capaces de ver «to» y a «tos», ¿cómo redieces pudiéremos ser justos con «to» y con «tos», incluidos los yo justicieros? ¡Habeme “abocicado” con tal descubrimiento!
Me pareciere que el mal hablar sea propio de gente descuajaringada de mente y si tuviere que decir quiénes fueran o fueren, hablare de cuatro especies de “esgalichados” del lenguaje:
1. Los “gurrumios” o de vocabulario endeble. Sin leer no se adquiriere, y puesto que el munderío influencer sentenciare mejor abstenerse, se convirtiere en especie invasora. ¿Tuvieren arreglo? Otrora dijere que sí sin dudarlo, cuando los maestros enseñaren y los alumnos aprendieren, pero ahora… necesitaren otros referentes. Fuere como pedir a un ilustrado de “Pasapalabra” que estudiare como “El Ovejas”, «engallipándose» de diccionario sin entender una miaja.
2. Los “abotinchaos” o de sesera ausente. Vivieren permanentemente en “las Ruinas de la Cobertura”, allá en los fríos altos de la Peñafría, buscando wifi a la que conectare las sus escasas neuronas. Lo malo fuere que siempre cortocircuitaren porque pensaren desordenado y en atropellados; así les fuese cuando abrieren la boca. Si no tuvieren claro lo que pensaren, ¿cómo hablaren? Crecieren ahora como setas en dehesa soriana de otoño, “toas alborocigadas” con la IA esa que habla. ¿Cupiere esperanza con ellos? Poca. Más la tuviere en el bot.
3. Los “estrapalucios” del buen “avocigar”. En su día se hicieren con un repertorio que les pareciere de ser leídos, y con él presumieren de erudición jalando por repelentes toda intención de vida inteligente en derredor suyo. “Rascárenles” y ganaren nada, porque estuvieren huecos de seso. Fueren solo ruido y dejaren solo sordera y hartura.
4. Los “enfolliscaos” o trileros del verbo. A diferencia de los anteriores, estos fueren lo que parecieren, esto es, sueltos de palabra y de mente, y también «zurrumurrus» del cómo decir o no decir sin decir o decir diciendo. Dieren su vida y la quitaren con tal de tener razón y si para eso hubieren dejar tiesa a la RAE ahí estuvieren ellos con sus intereses y sus sesgos, que ni inconscientes ni inocentes fueren. De «El Pueblo» ya marcharen personas non gratas y de un «avío» rodaren desde la calle de arriba a la de abajo «achantaos» y «apechuscaos». ¡Vayan con Dios p’a siempre!
Pareciere de natural fácil el pensar y el hablar con tino (o el escribir o el expresar, que p’a tós haya), por de natural también nacer con la sesera intacta. Pero “semos” de raza zalamera con nuestro yo zote y también «mu» renegona con los cavilares ajenos. Y en «amuñándonos» así unos y otros fuera rediez difícil entenderse. ¡Sin queso protocolario “tos”, ea!
