Cuando la formación empieza a conversar, L&D ha de gobernar otro sistema

  20/08/2026
  16 min.

La formación soportada en IA generativa se sigue comprando, pero lo que se incorpora ya no es un contenido con licencia y fechas: es un sistema que conversa con cada empleado, recuerda lo que dijo y registra cómo decide bajo presión. Gobernarlo abre cinco decisiones que se toman siempre, y que si Formación no plantea en el pliego acaba tomando quien configura la herramienta.

Ideas clave

  • Ha cambiado el objeto de gobierno, no solo la herramienta. Ya no se gobiernan contenidos, accesos y finalizaciones, sino el comportamiento de un sistema que conversa, retiene contexto y produce un recorrido distinto para cada participante.
  • Las cinco decisiones se toman siempre, la cuestión es quién las toma. Si Formación no las plantea en el pliego, las resuelve por defecto quien configura la herramienta, y el criterio que gobierna el sistema pasa a ser el del proveedor.
  • La memoria es la funcionalidad más vendida y la menos decidida. Qué necesita recordar el sistema para conversar mejor y qué merece conservarse cuando la conversación termina son dos preguntas distintas, y ambas suelen venir resueltas de fábrica.
  • Aparece una obligación que el LMS no tenía. Cuando el modelo cambia por decisión de un tercero, alguien dentro de la organización tiene que verificar que la experiencia sigue desarrollando la capacidad para la que fue diseñada.
Otros artículos de la serie

Esta pieza forma parte de una serie sobre formación corporativa e IA generativa. Los planos anteriores del argumento:

Durante años, gobernar la formación consistía principalmente en decidir qué contenidos ofrecer, quién podía acceder a ellos y cómo comprobar que se habían completado. El curso terminaba cuando el empleado cerraba la última pantalla y lo que quedaba era un registro de finalización.

Ahora, la formación con IA generativa se sigue gestionando, pero además exige gobernar un sistema que interactúa con las personas. Ya no entrega únicamente contenidos, sino que conversa, adapta las situaciones, recuerda el contexto, genera respuestas distintas para cada participante y registra decisiones que antes no existían.

Lo que el empleado se encuentra al entrar no es un temario, sino una experiencia: un cliente que no acepta la primera explicación, un colaborador que responde con evasivas, un manager que le presiona con un proyecto… La escena avanza según lo que él va decidiendo y no hay dos recorridos exactamente iguales. La experiencia de aprendizaje deja de ser un producto cerrado para convertirse en un sistema que responde de forma distinta según quién interactúe con él.

Qué cambia exactamente respecto a un LMS

Antes Ahora
Gobernar contenidos Gobernar el comportamiento del sistema
Gestionar accesos Gestionar memoria y contexto
Medir finalización Medir patrones de decisión
Actualizar cursos Actualizar reglas de interacción
Administrar una plataforma Administrar una experiencia dinámica
Nota
  • La columna de la izquierda describe tareas que se hacen una vez y se revisan al año siguiente, mientras que la de la derecha recoge tareas que no terminan nunca, porque el objeto que gobiernan puede cambiar.

Quién gobierna ahora

Antes de la IA, comprar un curso era una decisión que el área de Formación tomaba prácticamente sola: elegía proveedor, contenido y fechas, y compras formalizaba una licencia. Después de la IA, desplegar un sistema conversacional exige coordinar a varios departamentos:

  • Sistemas, que configura la memoria y los permisos.
  • Jurídico, que valida el tratamiento de datos.
  • Seguridad, que decide qué información puede salir de la organización.

A ellos se suma un actor que no es un departamento y que conviene no perder de vista: el propio proveedor, que mantiene capacidad de influencia sobre una parte del comportamiento del sistema a través del modelo, las actualizaciones y las configuraciones técnicas.

Con Compras no cambia la intervención sino el objeto, porque ya no se contrata únicamente un contenido con una licencia y unas fechas. Se incorpora un sistema cuyo comportamiento afecta directamente a la experiencia de aprendizaje y cuyas condiciones de evolución deben quedar definidas. Por eso la cláusula de aviso de actualizaciones puede ser tan relevante como el precio.

Adquirir formación soportada en IA generativa ya no consiste únicamente en comprar contenidos o una licencia. Consiste en incorporar un sistema cuyo comportamiento afecta directamente a la experiencia de aprendizaje. Por eso Formación debe asumir el papel de propietario del caso de uso.

Como tal, aporta el único criterio que ninguna de las otras áreas puede aportar: qué debe recordar el sistema para que se aprenda, cómo tiene que comportarse el tutor, qué merece la pena medir y cuándo tiene que intervenir una persona.

Esa distinción importa porque las cinco decisiones que vamos a enumerar a continuación se toman siempre y no siempre por quien debiera. Si Formación no las plantea, las toma por defecto quien configura la herramienta, y entonces el criterio que gobierna el sistema es el del proveedor. Ese es el cambio de rol de esta área y lo que explica por qué el momento de plantearlas no es la reunión de arranque del proyecto, cuando ya está todo comprado, sino el pliego: en eso consiste la gobernanza aplicada a L&D, en conseguir que decisiones tomadas en áreas distintas respondan a un mismo criterio de aprendizaje.

En el caso de que no exista marco corporativo de gobernanza, ocurre que Formación puede terminar custodiando un sistema que registra cómo decide cada empleado bajo presión. Si esa es la situación, la primera decisión, por delante de esas cinco, es conseguir que alguien por encima asuma el marco.

En el caso de que no exista marco corporativo de gobernanza, ocurre que Formación puede terminar custodiando un sistema que registra cómo decide cada empleado bajo presión.

En otro artículo de esta serie el protagonista era el diseño instruccional, y en este lo sigue siendo, pero en otro plano: el diseñador define las reglas de aprendizaje y la organización define las reglas de gobierno. Ninguno funciona sin el otro y confundirlos produce sistemas bien diseñados que nadie puede desplegar o sistemas impecablemente gobernados que, sin embargo, no producen aprendizaje.

Las cinco decisiones que RR. HH. tiene que liderar

Cuatro se cierran antes de firmar y quedan escritas en el pliego, y la quinta, que no existía en el e-learning, consiste en comprobar que el sistema sigue comportándose igual después de cambios tecnológicos relevantes.

Ninguna la toma Formación sola, pero la segunda pertenece especialmente a Formación porque define la experiencia pedagógica, y la quinta requiere su participación porque solo Formación puede determinar si un cambio tecnológico altera el aprendizaje previsto.

Decisión 1: qué recuerda el sistema y qué conserva

Son dos preguntas distintas: qué necesita recordar para conversar mejor y qué merece la pena que guarde cuando la conversación termina.

Una simulación puede registrar cuánto dudó el participante, cuántas veces cambió de criterio y qué errores repitió entre sesiones, pero lo importante no es si puede hacerlo, sino si la organización necesita conservar todo eso.

La memoria del sistema es la funcionalidad que más se vende y sobre la que menos se decide, ya que suele venir configurada por defecto y nadie la revisa hasta que alguien pregunta qué hay guardado.

Decisión 2: cómo se comporta el modelo

Un tutor conversacional no solo trata datos, también “habla”, y lo hace en nombre de la empresa. Y por eso también debe tener sus reglas corporativas propias, porque si no aplican las que el proveedor introduce cuando construye el producto y que termina presentando como una característica del sistema.

Para gobernarlas, la empresa ha de fijar cuatro límites:

  • cuándo interviene;
  • cuándo abandona el personaje;
  • cuándo deriva a una persona y con qué criterio escala una situación fuera del entorno de aprendizaje;
  • cuándo deja de responder.
Decisión 3: qué se mide y qué se lleva al comité

La pregunta que debería responder la dirección no es cuánta gente ha hecho el curso, sino qué saben ahora que no sabían antes.

Por eso el quid de la cuestión está en cambiar la unidad de análisis desde la persona al grupo: en qué escena se atasca la mayoría de los mandos, qué error se repite por función, cuántas veces cede el participante medio antes de sostener su posición…

Y siempre con la frontera del mínimo número viable de integrantes de un grupo para que los datos agregados no puedan desagregarse con facilidad.

Decisión 4: qué no hará el sistema bajo ninguna circunstancia

La organización debe definir qué decisiones quedan fuera del sistema.

La IA puede acompañar una práctica, analizar una respuesta o proponer alternativas, pero no debe convertirse en un evaluador oculto del desempeño.

Eso implica, por ejemplo:

  • no cerrar una sesión con una valoración de la persona en lugar del análisis de la decisión;
  • no emitir juicios sobre los mandos o compañeros que el participante mencione;
  • no arrastrar a la siguiente sesión lo dicho en la anterior sin que el participante lo sepa;
  • no comunicar información a terceros sin una acción autorizada para ello.
Decisión 5: quién verifica cuando el modelo cambie

Un curso tradicional cambiaba cuando la organización decidía modificarlo. Un sistema conversacional introduce una variable nueva: la tecnología que lo hace funcionar puede evolucionar por decisión de un tercero.

Aunque algunos proveedores comunican actualizaciones o permiten fijar versiones concretas, la organización no siempre controla cómo afectan esos cambios al comportamiento de la experiencia diseñada. Una misma instrucción puede producir respuestas distintas: un personaje que antes mantenía la tensión de una negociación puede volverse más complaciente; un tutor diseñado para preguntar antes de responder puede empezar a resolver demasiado pronto; una simulación calibrada durante meses puede perder consistencia porque cambia la dificultad o el tipo de interacción.

Esto apenas tiene equivalente en el mundo del LMS y muchas organizaciones todavía no han creado procesos para gestionarlo.

Gobernar un sistema conversacional implica incorporar una práctica nueva: comprobar que la experiencia sigue desarrollando la capacidad para la que fue diseñada cuando cambia la tecnología que la sostiene.

En resumen

Mientras que en el e-learning tradicional RR. HH. compraba contenidos y gestionaba qué se publicaba, quién accedía y cuándo caducaba, con la IA ha de gobernar conversaciones, una diferencia nada baladí porque las conversaciones generan memoria, condicionan comportamientos, producen decisiones y construyen confianza, cuatro cosas que ninguna plataforma anterior generaba.

ORH es una plataforma que genera, reúne y comparte conocimiento experto en gestión de personas en las organizaciones. Su propósito es el de acompañar a los profesionales y a las organizaciones apórtandoles información de valor que les ayude a tomar las mejores decisiones en materia de gestión empresarial y de talento.

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