En un entorno laboral en constante cambio, los planes formativos se han convertido en una herramienta estratégica para las empresas. No solo permiten actualizar y ampliar las competencias de los equipos, sino que también impulsan la innovación, la motivación y la capacidad de adaptación ante los nuevos retos del mercado.
Según datos del III Estudio de Retos y Tendencias en RRHH, elaborado por Pluxee, el número de empresas que tiene previsto implementar planes formativos ha crecido en cuatro puntos respecto al año anterior y confirma la tendencia al alza de apostar por el desarrollo profesional como vía para combatir la escasez de perfiles cualificados.
En concreto, ya son el 70% de las organizaciones las que quieren apostar por la formación este año. Las formaciones estarán orientadas en su mayoría al desarrollo de habilidades tecnológicas, de liderazgo y de conocimientos sobre Inteligencia Artificial, tres áreas clave para el futuro laboral.
Empresas y empleados, alineados con las necesidades formativas
Este estudio revela, además, que las prioridades de las empresas están alineadas con las de los empleados, quienes valoran especialmente la formación en adaptación a nuevas tecnologías y la preparación para nuevas responsabilidades, seguidos muy de cerca de las capacidades para mejorar en su puesto actual. En esta línea, el 94% de los empleados considera que la formación es un elemento clave para crecer profesionalmente.
Los empleados acceden a formación por su cuenta
El informe revela, no obstante, una carencia significativa: apenas un 36% de los empleados participa de manera activa en programas de formación. Además, la mitad de ellos accede a cursos por iniciativa propia, lo que refleja su motivación individual, pero al mismo tiempo evidencia la oportunidad que tienen las empresas de canalizar y potenciar ese interés mediante planes formativos estructurados.
En este escenario, el cheque formación se presenta como una vía práctica y asequible para que las compañías fomenten el desarrollo de sus plantillas. Gracias a este mecanismo, los profesionales pueden acceder a una amplia variedad de cursos en áreas clave para su proyección laboral, con un beneficio añadido: al estar exento de IRPF, supone un ahorro mínimo del 25% sobre el importe total. Así, por ejemplo, un curso con un coste de 2.500 euros puede reducirse en 750 euros, facilitando el acceso a la formación sin impactar de forma significativa en el bolsillo del empleado.
“Los datos lo confirman: la oportunidad de formarse ha dejado de ser un beneficio secundario para convertirse en una necesidad compartida por empresas y empleados. En un entorno marcado por la transformación digital y la creciente competitividad, invertir en formación no es solo responder al presente, sino anticiparse al futuro inmediato. Solo así organizaciones y profesionales podrán evolucionar juntos y estar preparados para los desafíos que vienen”, afirma Miriam Martín, CMO de Pluxee España.