14 años sin convocar una huelga general y, cuando finalmente se deciden, va y tienen que pensar cómo hacerla pasar por laboral. Cuando los sindicatos tienen que calibrar si su huelga es laboral es que saben que no lo es, y por eso se han puesto manos a la obra para vestir de seda a la mona.
Ni una pandemia, ni un apagón, ni una Dana, ni una invasión… Nada del impacto laboral de todo esto ha tenido la suerte de concitar su atención. ¿Será por eso que nos llaman “gente”? No tengo la más mínima duda, porque ser gente nos diluye en la causa, su causa, y ya sabemos que la condición necesaria para que la arenga movilice es que seamos masa. Sin cara, sin voz, sin alma. La gente nunca tiene una única voz aunque, ilusa ella, así lo crea; la cantante y sonante no es suya.
Los salarios son bajos, sí, y la vivienda cara, también, pero juntos no suman una verdad, al menos no la del relato que nos quieren colar vistiendo a la mona de dignidad: “Salarios dignos para acceder a una vivienda”, dice el comunicado, repitiendo la palabra como si fuera un conjuro. Puro trilerismo sindical que no puede esconder el plumero que lo delata: la bolita ni es la que debería ser ni está donde debería estar.
La dignidad sometida al interés (y no precisamente común) es engaño, lo mismo que embutir a la mona en relatos que la delatan; por mucho que se vista de laboral, mona y desnuda se queda.


