El líder comunicador

La creciente expectativa de un liderazgo corporativo basado en el propósito y la transparencia está transformando rápidamente el papel de los directivos en esta crisis. La situación que estamos atravesando nos lleva a muchos a mirar hacia arriba para comprobar si tenemos el liderazgo adecuado para atravesar esta tormenta. Va a llover mucho a partir de ahora y no todos los directivos aguantarán este chaparrón.

Pero esto no es nuevo. El mundo corporativo ya estaba cambiando antes del COVID 19: la transformación digital, nuevas metodologías de trabajo, el famoso entorno VUCA… una retahíla de parámetros de cambio que muchas organizaciones supieron ver y trabajar y otras, en cambio, no prestaron suficiente atención. Lo que parece claro es que entramos en un escenario complejo en el que necesitaremos tener a los mejores al mando del timón. Y cuando hablo de los mejores no siempre son los que más poder tienen. El liderazgo no sólo se restringe al presidente, CEO o director general de una compañía. El liderazgo aplica también a jefes y mandos que tienen entre sus funciones la responsabilidad de gestionar personas y, por tanto, la oportunidad de activarlas para retos importantes de negocio en plena tempestad. El nuevo liderazgo nos trae un perfilado diferente con competencias y habilidades críticas en estos momentos que trasciende a los miembros de un comité de dirección para llegar a los mandos y al resto de la organización promoviendo una cultura más eficiente y abierta tan necesaria en estos momentos.

En este entorno de convulsión social, económica y corporativa, vamos definiendo los rasgos de ese retrato “robot” del nuevo líder: ágiles, positivos, empáticos, cercanos, transparentes, digitales, resilientes e innovadores.

Lo que parece claro es que el modelo “el jefe ordena y el resto obedece” parece que no nos va a ayudar mucho. Si caminamos hacia organizaciones más colaborativas necesariamente tendremos que cambiar los comportamientos y apoyarnos en la comunicación para establecer nuevos marcos de relación. Según un informe realizado por la firma de Executive Search Kingsley Gate Partners entre más 1.100 compañías a nivel mundial, casi un 30% de los encuestados señalaba que estaban utilizando videollamadas como herramienta principal de comunicación entre los directivos y sus equipos durante el estado de alarma, con el objetivo de establecer esa conexión personal en un momento completamente excepcional.

Siempre he defendido que la comunicación interpersonal es la reina de la comunicación: el tipo de comunicación que mantenemos con nuestros equipos determinará el tipo de relación que queramos tener con ellos. Leía hace poco en Cinco Días las referencias al estudio de Adecco Group Institute donde el 70% de los jóvenes líderes del futuro, señalaban que era más importante la comunicación interpersonal que los conocimientos técnicos de un directivo. Es, sin duda, un horizonte interesante no muy lejano que nos hace poner foco en variables críticas para que esa comunicación funcione:

• Empatía. Ponerse en el lugar del otro, ya sea empleado o cliente, funciona. Conectar con las situaciones y entender las necesidades para obrar en consecuencia, desde la razón y la firmeza.

• Escucha. La escucha es una de las características que más valoran los empleados de sus superiores. Además, es la base de la confianza. Ahora que muchas compañías no pueden tener cerca a sus equipos necesitarán gestionar en base a la confianza que se haya construido en este tiempo.

• Lenguaje. Es evidente que es una de las características que nos define como seres humanos. Escojamos bien las palabras en nuestras comunicaciones y prestemos atención al lenguaje no verbal. Es importante lo que decimos, pero a veces más cómo lo decimos.

• Retroalimentación. Se dice que el feedback es un regalo: hay que saber entregarlo y recibirlo. Bien gestionado, es un impulso enorme para cambiar y mover a la acción.

El nuevo líder llegará como la tan ansiada “nueva normalidad”. Es cuestión de tiempo. Al igual que en la desescalada, también asistiremos a reorganizaciones corporativas progresivas donde tomen espacio nuevos perfiles que cuenten con los conocimientos, las habilidades y las competencias necesarias para cambios de rumbo en plena tormenta.

Desplegar el rol del líder comunicador nos ayudará a tomar mejores decisiones; aumentará el compromiso de nuestros equipos y mejorará su rendimiento. Un empleado comprometido multiplica por tres su productividad. Redundará además en una experiencia positiva como empleado que se traduce en una prescripción activa de la marca y de la compañía.

Pese a las dificultades que tenemos hoy y las que afrontaremos mañana, la comunicación y el diálogo son elementos necesarios en las nuevas formas de gestión.

Artículo escrito por Elena de la Mata, Directora Comunicación Interna Kreab.


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