Según el último Barómetro del Talento de ManpowerGroup, el GAP entre la percepción de los empleados sobre sus habilidades y las posibilidades de ascender es cada vez más amplio. Tanto es así que el 91% de los trabajadores confía en su propio talento, mientras que sólo el 35% considera factible un ascenso dentro de su empresa.
El estudio dibuja así un escenario en el que el capital humano muestra fortaleza y disposición, pero se enfrenta a la contradicción de un mercado laboral con perspectivas limitadas de desarrollo, elevado desgaste y un reto pendiente en materia de gestión del talento y liderazgo empresarial.
Raúl Sánchez, Country Manager de ManpowerGroup, comenta en este sentido que: “en un contexto de desajuste de talento como el que vivimos, la fidelización es crítica. Por eso, las empresas tienen que fomentar unas mejores políticas de desarrollo, de formación y de movilidad interna, que no siempre tiene que ser vertical, y realizar un esfuerzo en comunicarlas. Además, en paralelo, deben dotar de formación y de herramientas a sus líderes para que guíen a sus equipos en unos tiempos complejos, de cambios constantes y con la irrupción de la inteligencia artificial en el horizonte”.
Otro de los indicadores críticos que confirman este desajuste se refiere a la relación con los mandos directos: sólo un 26% de los empleados confía en que sus responsables consideren sus intereses de desarrollo. Este déficit de liderazgo emerge como un factor clave en la desafección laboral.
La inestabilidad y el estrés se abren paso
El estudio, además, analiza el nivel de satisfacción laboral de los profesionales que, en España, se sitúa en un 61%, en línea con la media global. Sin embargo, la inestabilidad se refleja en la movilidad prevista: un 36% de los trabajadores planea cambiar de empleo en los próximos seis meses, mientras que un 30% teme perder su puesto en el corto plazo.
Los datos revelan que el 84% de los empleados encuentran propósito en su actividad, un indicador positivo de compromiso, que se contrarresta por un elevado nivel de desgaste: más de la mitad (56%) reconoce acabar su jornada laboral con altos niveles de estrés.
Este desequilibrio sitúa el índice de bienestar laboral en el 64%, apenas tres puntos por debajo de la media internacional, pero con notables contradicciones: únicamente uno de cada cuatro trabajadores considera que su empresa le respalda en la conciliación entre vida personal y profesional.
A mayor edad, mayor fidelización
La fragmentación del mercado laboral se hace patente en el análisis generacional. La Generación Z es la más vulnerable: seis de cada diez jóvenes contemplan dejar su empleo y un 61% declara sufrir altos niveles de estrés. Los Millennials también muestran un nivel significativo de incertidumbre (45% contempla cambiar de trabajo y un 38% teme perderlo). La Generación X, en cambio, adopta un enfoque más pragmático: solo un 26% valora dejar su empresa, aunque con escasas expectativas de promoción (37%). Por último, los Baby Boomers mantienen los niveles más bajos de estrés (37%) y apenas un 10% proyecta un cambio laboral.