Solos por diseño

  02/10/2026
  4 min.

Sólo los más añosos de por aquí recordarán la canción que Billy Joel dedicó a la honestidad allá en los tardíos 70. Entonces moceábamos con esos temas. “Sólo necesito a alguien en quien creer”, decía en una de sus estrofas. En otra afirmaba que “es una palabra tan solitaria…”. Se quejaba de que cuesta encontrarla y que quien la busca acaba solo. Aunque era así entonces y lo sigue siendo ahora, lo que me interesa más es qué hay detrás de una palabra solitaria. La honestidad es una de ellas pero no la única: la responsabilidad también lo es, y a bote pronto se me ocurren también la gratitud, el respeto y la integridad. Además de hacernos sentir solos, exige que decidamos asumirlas solos.

Hay decisiones que, por mucho que sofistiquemos nuestras organizaciones, siguen teniendo que tomarse en primera persona. Podemos diseñar sistemas para repartir la responsabilidad, herramientas para canalizar la gratitud, códigos para ordenar la integridad y canales para proteger la honestidad. Todo eso es necesario pero nada sustituye el momento en que alguien tiene que decir «fui yo», «me equivoqué», «gracias», «esto no funciona» o, sencillamente, «no estoy de acuerdo». Ahí desaparecen los comités, cargos y la marca empleadora, y queda la persona. Una sola. Ella sola. Yo solo. Tú sólo.

Hay decisiones que, por mucho que sofistiquemos nuestras organizaciones, siguen teniendo que tomarse en primera persona.

Da vértigo pero la organización nos salva de él, o nosotros nos escudamos en ella para evitar el mal de altura. Basta escuchar cómo se cuentan los errores en un comité de dirección: «se tomó la decisión», «no se detectó a tiempo», «hubo un problema de comunicación»… Siempre frases sin sujeto gramatical, en tercera persona, alejadas lo máximo posible de la causa -y causante- del mal. Nada de responsabilidad compartida, escaqueo de libro.

Los romanos, como los griegos, no daban puntada sin hilo nombrándolo todo con las palabras exactas. Integridad viene del latín integer, que significa entero, intacto, sin dividir. Ser íntegro es no tener dobleces, no confundir con ser auténtico, ¡por Dios! Ni siquiera respetamos la autenticidad del término auténtico despojándolo de la virtud de la vergüenza. Pens&#225ndolo bien, quizá en esta confusión está la explicación de por qué nos cuesta tanto ser honestos, porque para serlo hay que sentirse solos en el momento de decidir y para ser auténticos sólo necesitamos público.

CEO de ORH, plataforma de conocimiento e innovación en gestión estratégica de personas en las organizaciones creada en 2006. Es Licenciada en Periodismo y bajo la cabecera Observatorio de Recursos Humanos ha puesto en marcha proyectos como ORHIT-Observatorio RH de Innovación y Transformación, OES-Observatorio de Empresas Saludables, SFS-Empresas Saludables, Flexibles y Sostenibles e IA+Igual.

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