Mañana de domingo gris perfecta para chapotear. Resulta que soy epicúrea de nacimiento, aunque mis padres me «titularan» de otra manera. Los charcos me son irresistibles, no solo real sino también metafóricamente hablando, y por eso no soy tan guay. Entre charco y charco me ha venido a la mente la viñeta de la imagen y me ha dado por pensar: ¿Qué más soy? Porque nadie es puramente escéptico ni exclusivamente cínico. Todos somos un poco de todo, somos combinaciones, híbridos, contradicciones con patas mojadas.
He cruzado las seis actitudes entre sí y el resultado es una matriz de las actitudes que define el trabajo en equipo de una manera diferente (y no sólo eso, también las relaciones humanas en general). ¿A que es inquietantemente reconocible?
| Escéptico | Peripatético | Cínico | Ecléctico | Estoico | Epicúreo | |
|---|---|---|---|---|---|---|
| Escéptico | «¿Realmente dudo?» | «¿Seguro que hay soportales? Voy a comprobarlo andando» | «¿Existen realmente los tontos? Investigaré» | «No sé si llueve, pero por si acaso acepto el sombrero» | «Ignoro si llueve. Da igual» | «¿Son charcos? Solo hay una forma de saberlo» |
| Peripatético | Busca soportales mientras se pregunta si de verdad los necesita | «¿Y si camino hacia otro soportal mejor?» | Busca refugio despreciando a quienes ya están en él | Busca soportales, toldos, marquesinas, aleros, voladizos… | Busca refugio sin quejarse del paseo | Busca soportales con vistas a los charcos |
| Cínico | «Solo los tontos creen que llueve» | «Solo los tontos buscan soportales, yo camino mojándome» | «Solo los tontos desprecian a los tontos» | «Solo los tontos necesitan paraguas, aunque reconozco que el sombrero tiene su punto» | «Solo los tontos se quejan. Bueno, los listos también, pero por razones distintas» | «Solo los tontos no saltan en los charcos» |
| Ecléctico | «Estoy abierto a la idea de que quizá no llueva» | «Estoy abierto a los soportales, pero también a seguir andando» | «Estoy abierto a despreciar los paraguas, aunque tengo tres» | «Estoy abierto a estar abierto» | «Acepto el clima, pero también el paraguas, por si cambio de opinión» | «Estoy abierto a los charcos y al sombrero. ¿Por qué elegir?» |
| Estoico | Acepta no saber si llueve | Acepta el paseo hacia los soportales como parte del camino | Acepta mojarse con silenciosa superioridad | Acepta el sombrero, el paraguas y lo que venga | Acepta que acepta | Acepta los charcos. Y luego salta, pero sin aspavientos |
| Epicúreo | «¡Charcos! ¿O no lo son? ¡Qué emocionante!» | «¡Yujuu, charcos bajo los soportales!» | Salta en los charcos salpicando a los del paraguas | «¡Charcos! ¡Y sombreros! ¡Todo!» | Disfruta los charcos con serena alegría | «¡¡CHARCOS!!» |
Algunos perfiles a destacar, por ser bueno tenerlos cerca… o mejor no:
La lluvia, como los cambios organizativos, tiene la virtud de ser inevitable y la capacidad de pillar a todo el mundo con el pie cambiado. No importa cuántos informes de previsión meteorológica hayas leído: cuando cae, cae. Y entonces se revela quién eres de verdad, no el que dice tu perfil de LinkedIn, sino el que aparece cuando el cielo se desploma sobre tu plan estratégico.
¿Y tú quién eres cuando arrecia el temporal?
También puedes hacer este mismo ejercicio pensando en quienes te rodean. ¿Qué escuela se impone?
El retrato robot más común: oscilar entre el estoicismo resignado y el cinismo selectivo, con escapadas ocasionales al eclecticismo cuando no se tiene claro qué pensar, y algunos días, pocos pero los mejores, en los que se mira el charco y se piensa: «¿Y por qué no?».
La pregunta, quizá, no es qué filósofo bajo la lluvia eres, sino cuál te gustaría ser la próxima vez que llueva.

Ilustración: Grant Snider.