Por Pep García, economista y director general de Maxchief Europe

¿Podemos las pymes hacer un mundo más feliz?

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Por Pep García, economista y director general de Maxchief Europe

Hasta hace poco se decía que el objetivo de las empresas era solucionar problemas concretos de las personas u organizaciones aportando valor con su oferta de productos o servicios, pero en los tiempos que corren esto se ha demostrado insuficiente. En la nueva y necesaria etapa del capitalismo consciente las empresas tienen sentido si, además de aportar un valor económico, generan un impacto positivo intencionado en los ámbitos social y medioambiental como parte de su propósito empresarial.

Tiempo atrás se decía que el reto principal de las empresas era la maximización del beneficio para sus accionistas. En la actualidad, las compañías deben estar comprometidas no sólo con sus asociados, también con su entorno, con la sociedad y con la comunidad en la que están, empezando por el colectivo de personas que trabajan en ellas. Según un estudio de Gallup de 2017, realizado en 155 países, el 85% de las personas no se sienten motivadas ni comprometidas con el trabajo que realizan. Podríamos catalogar este sorprendente hecho como una epidemia de nuestra sociedad moderna por los efectos perjudiciales que tiene en la productividad de las empresas y el bienestar de sus empleados.

Se ha escrito mucho sobre la felicidad y sobre los estilos de liderazgo basados en valores y el impacto que tienen en la dimensión económica, especialmente en la productividad. Muchos de los estudios hablan de una correlación positiva entre estos fenómenos, pero pocos llegan a establecer formas de cuantificarlo y la mayoría de ellos olvidan a las pymes. Hay que recordar que en Europa las pymes son el 98% del número de empresas que existen y ocupan a más del 65% de los trabajadores. Por ello, pueden y deben influir mucho sobre el bienestar de nuestra sociedad y el cuidado del medio ambiente.

Todos los que dirigimos compañías u organizaciones buscamos cumplir con un mismo objetivo: que exista un buen ambiente de trabajo, es decir, que nuestros empleados y empleadas se sientan a gusto en su entorno laboral, pero ¿Cómo podemos medir la felicidad individual de nuestros trabajadores? y ¿Cómo influye en el bienestar el estilo de liderazgo? A menudo, las percepciones que tenemos en estos temas no coinciden con la realidad, por lo que es necesario establecer modelos de medición lo más objetivos posibles. Además, para conseguir el bienestar y la felicidad de los trabajadores en una empresa es imprescindible que sus valores estén alineados con los de la organización.

Desde Maxchief Europe estamos participando en el estudio “Desde el liderazgo por valores al impacto holístico. ¿Cómo pueden las empresas hacer el mundo más feliz?”, llevado a cabo por el centro de estudios EU-Asia Global Business Research adscrito a EADA Business School Barcelona. Esta investigación tiene como objetivo la generación de conocimiento práctico sobre cómo el liderazgo y la cultura corporativa impactan en el trabajo diario desarrollado en las pymes, analizando cómo los diferentes tipos de dirección y culturas empresariales generan más o menos impacto holístico. Los resultados de la primera fase del estudio nos han llevado a determinar el grado de bienestar de las personas de nuestra empresa y descartar la existencia de elementos nocivos relevantes. Además, hemos podido entender que es imprescindible conocer los valores de la compañía y de sus personas para orientar el liderazgo.

También es muy relevante observar las diferencias de percepción de los valores de la empresa según el centro de trabajo analizado, el género o la edad de los trabajadores.
Las compañías pasamos, como las personas, por varias etapas a lo largo de nuestras vidas. Después de una etapa de supervivencia, viene la de consolidación. Aunque en el entorno altamente globalizado, tecnológico e incierto en el que vivimos tanto las empresas como las personas, debemos estar en permanente modo de cambio y evolución continua. En ese proceso de flujo continuo, también van adaptándose y modificándose los valores de la organización.

Desde el convencimiento más absoluto de que las personas conforman el activo más valioso de nuestras organizaciones, las pymes debemos ser capaces de ofrecer un buen ambiente laboral y asegurar el bienestar de nuestros trabajadores para atraer, nutrir, desarrollar y retener el talento. Sabemos que no podemos competir con las grandes compañías en muchos aspectos, pero sí que podemos competir con ellas fomentando factores de inclusión y pertenencia tan relevantes como la identificación de las personas con el proyecto, la participación de éstas en la toma de decisiones y la facilidad para que puedan conciliar la vida personal con la profesional.

 

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