Del ‘teletrabajo a la fuerza’ a ‘la fuerza del teletrabajo’

Ha transcurrido algo más de un mes desde que el coronavirus mandara a millones de profesionales a trabajar (o al menos, a intentarlo) desde sus casas y ya podemos extraer algunas conclusiones de cómo está discurriendo este masivo tránsito de las oficinas hasta los hogares. De este análisis quedan excluidos, obviamente, aquellos sectores y puestos que, por su naturaleza, no pueden acogerse a esta modalidad remota. Las estimaciones señalan que, en el mejor de los casos, solo el 19% de la población activa española puede teletrabajar. Aunque si tenemos en cuenta que la tasa de teletrabajo en España era a principios de marzo únicamente del 4%, se trata de un crecimiento más que considerable. En el aire queda la pregunta de cuántos profesionales de ese 81% restante realmente no han podido teletrabajar y cuántos no lo ha hecho porque sus empresas no han sabido o querido hacerlo posible.

Lo que está claro es que esta situación ha pillado con el pie cambiado a muchos. Porque aunque cada vez hay más experiencias de teletrabajo en España, no es lo mismo tener a un pequeño porcentaje de tu plantilla trabajando desde casa en momentos puntuales que tenerlos a todos teletrabajando todos los días. Este escalado no solo implica una adaptación de los sistemas organizativos de las empresas, sino un profundo cambio de mentalidad que afecta a conceptos muy arraigados en el management tradicional como son los de “horarios”, “control”, o “productividad”. Y todo ello en un tiempo récord y sin margen para completar un periodo de adaptación.

En ese tránsito, aquellas empresas con experiencias previas de teletrabajo han partido con ventaja con ventaja frente a aquellas otras que se han visto abocadas a lanzarse de cabeza a una modalidad de trabajo en la que a lo mejor ni siquiera creían. Aunque, después de todo, que te empujen a la piscina es también una manera de aprender a nadar. No la ideal ni la menos traumática, pero también efectiva a su manera.

Las empresas y profesionales más neófitos en esta modalidad de trabajo están aprendiendo a lo largo de estas semanas que, con un poco de esfuerzo y voluntad, hay más muchas cosas que se pueden seguir haciendo desde casa de las que ellos creían. Desde ‘visitar’ a clientes hasta mantener reuniones de trabajo con los compañeros, asistir a un programa de formación o realizar una entrevista de trabajo. Casi nada es imposible gracias a las muchas y asequibles posibilidades que ofrece hoy la tecnología.

De hecho, muchos de los obstáculos que encuentra el teletrabajo no son tecnológicos sino de mentalidad. En primer lugar está ese freno natural del ser humano que es la fuerza de la costumbre. La dificultad que a menudo encontramos en dejar de hacer las cosas como siempre las hemos hecho para aprender a hacerlas de otra manera… incluso aunque las evidencias nos digan que la nueva forma nos va a traer más ventajas que inconvenientes.

Jordi Pons, CEO de WorkMeter.

El teletrabajo supone un cambio de mentalidad que traslada el concepto de responsabilidad al teletrabajador y rompe con la tradicional jornada de trabajo de 9 a 6. Implica que el mando deje de ejercer esa labor de supervisión para convertirse en un facilitador. Es el trabajador quien sabe en qué momentos de día es más productivo y, por tanto, nadie mejor que él para diseñar su jornada de trabajo.

Eso sí, para que este sistema funcione hacen falta métricas que lo sustenten. Mediciones fiables que ofrezcan un feedback permanente tanto al profesional como a sus managers acerca de lo que está funcionando y de lo que qué no, de dónde están los picos y los valles de productividad, y de cómo introducir mejoras en el sistema. Esa es la clave, porque lo que no se mide no se puede mejorar.

Estas mediciones están sirviendo ya para acabar con muchos mitos y miedos acerca del teletrabajo y convencer a muchos escépticos. Los estudios demuestran que al convertirlos en pilotos de su propia productividad, los teletrabajadores no solo no disminuyen su rendimiento, sino que en muchos casos este es superior al de los trabajadores presenciales. La ausencia de distracciones o tiempos perdidos en desplazamientos, la posibilidad de diseñar su propio ritmo de trabajo y las opciones de conciliación que abre esta modalidad, con el efecto positivo que tienen en la satisfacción y motivación del trabajador, son algunos de los factores que explican esta mejora.

Este periodo podría ser una buena oportunidad para las empresas descubran el teletrabajo. Para que aquellas que no lo han practicado anteriormente se inicien en él, y para que las que ya tienen alguna experiencia en el mismo lo escalen a toda la organización. Ya que la piscina está llena de agua y nos invitan a saltar, ¿a qué esperamos para empezar a nadar?

Artículo escrito por Jordi Pons, CEO de WorkMeter.


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