Deepfakes, urgencia y jerarquía:
cuando la cultura se convierte en vulnerabilidad
La IA no solo mejora los ataques: amplifica los sesgos culturales que ya existían en las organizaciones. El factor humano nunca ha sido tan determinante.
Fuente: AI Pulse Poll de ISACA
El riesgo que nadie nombra en los comités de seguridad
En 2026, los mayores riesgos tecnológicos para la mayoría de las empresas no serán una brecha en los sistemas ni un fallo técnico. Será la cultura desde la que se toman decisiones bajo presión.
Los sesgos culturales son esos puntos ciegos que normalizamos en el trabajo: no cuestionar al jefe, actuar rápido para no frenar el negocio o asumir que una llamada basta para validar algo importante. Son hábitos que en condiciones normales parecen síntomas de eficiencia. Pero en un entorno donde la IA puede replicar voces, rostros y urgencias con precisión inquietante, esas dinámicas se convierten en una puerta de entrada perfecta para el fraude.
«El atacante ya no necesita saltarse un control tecnológico. Le basta con activar una dinámica humana que ya existe dentro de la empresa.»
Durante años, la ciberseguridad se trató como un riesgo puramente técnico: doble factor, formación obligatoria, protocolos. Sin embargo, la irrupción de los deepfakes y las estafas asistidas por IA están dejando al descubierto una realidad incómoda: el riesgo ya no reside solo en la tecnología, sino en la forma en la que las personas actúan dentro de las organizaciones.
¿Tu organización tiene estos sesgos?
Marca las dinámicas que reconoces en tu empresa. Al finalizar, analiza el nivel de exposición cultural al riesgo.
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✓Las órdenes que llegan «de arriba» raramente se cuestionan, aunque generen dudas.
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✓La urgencia es un argumento habitual para saltarse pasos de verificación.
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✓Frenar una decisión para verificarla se percibe como falta de compromiso o desconfianza.
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✓Los líderes suelen comunicar en modo unidireccional, sin espacio real para el cuestionamiento.
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✓Ante un incidente de seguridad, la respuesta inmediata tiende a buscar al empleado que «falló».
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✓La gestión del riesgo digital recae casi exclusivamente en el departamento de TI.
La anatomía de un ataque que ya no necesita hackear nada
La suplantación de CEOs y directivos mediante deepfakes —recreación de su voz o imagen en vídeos falsificados— es la evolución natural del ya clásico email del CEO. Pero esta variante es más difícil de detectar porque no apela al desconocimiento técnico de quien lo recibe, sino a las reglas informales del trabajo.
El mensaje no llega como un archivo sospechoso. Llega como la voz de tu director, con el tono que le conoces, con la urgencia habitual de un cierre de trimestre, pidiendo que muevas un pago antes de las tres. Y en ese contexto, verificar la información se convierte en fricción. En algunas culturas corporativas, en desconfianza.
«El problema raramente es individual, sino organizativo. Culpar al empleado que ‘cayó’ es una explicación cómoda, pero incompleta.»
Las últimas corrientes de psicología del comportamiento lo explican: bajo presión y autoridad, las personas tienden a activar respuestas automáticas. Es humano. La diferencia real está en lo que hace la organización con esa realidad.
La conclusión incómoda
Una empresa puede invertir mucho en seguridad y, aun así, debilitar su confianza digital si su cultura penaliza el cuestionamiento o glorifica la urgencia por encima del criterio. En la era de la IA, el riesgo no siempre entrará por internet. A veces lo hará por un gesto automático, por una urgencia mal entendida o por una orden que nadie se atreve a cuestionar.