Sacad de la filmoteca la película Alien: la tripulación del Nostromo descubre que hay una criatura a bordo, potencialmente letal, y el sistema -la corporación, el protocolo, la «neutral» IA llamada MADRE- ya lo sabía. Tenía sus razones: órdenes especiales. Supervivencia de la tripulación: secundaria. Bienvenidos al congreso de RRHH de 2026, donde el alien ya no está en los conductos de ventilación. Ya tiene despacho propio, KPIs asignados y un onboarding impecable gestionado por él mismo.
¿No os parece muy alienígena la forma en la que nuestro sector ha decidido defender el valor humano? Fijáos bien en los títulos, los enunciados y los reclamos: cómo la IA transforma tal y cual proceso de gestión. Siempre la tecnología por delante. Y el esquema funciona, porque la promesa de trabajar menos (aunque sea tan falaz como reales los mocos del alien) es infalible como lead magnet. Mientras, las personas, como la tripulación del Nostromo, convencidas de que alguien al mando decide bien por ellas, un pelín intrigadas pero sólo lo justo por saber qué hay en esa sala de máquinas que no deben abrir. ¿Dónde está nuestra Ripley?
Cuando hablamos de la IA la alimentamos. No piensa, procesa; no decide, sugiere. Su cerebro es positrónico (Asimov dixit), no humano. «Te ayuda con el screening de CVs», «te ahorra tiempo en las entrevistas»… MADRE (MU/TH/UR 6000) también es fría, opaca, aparentemente neutral. La tripulación confía en ella, le consulta, le pide orientación, hasta que se los merienda a través de los conductos de ventilación (o de los procesos de gestión). Ya nadie recuerda cómo se tomaban las decisiones antes de que llegara. El huésped se ha convertido en el anfitrión.
Lo inquietante no es la tecnología en sí, es la estructura narrativa, invariable como el ciclo vital del xenomorfo: la IA actúa, transforma, decide; las personas se benefician, se liberan, se empoderan. Sujeto activo frente a objeto agradecido. Y cuando alguien señala la incoherencia, aparece el Burke de turno -el ejecutivo malvado de la aún peor Weyland-Yutani- para explicarte que en realidad todo esto es por el bien de la humanidad y que hay un enorme potencial comercial que no deberíamos desaprovechar. Que él acabara como carne de colmena no me resta un ápice de terror.
De nada vale seguir preguntándonos qué decisiones sobre las personas queremos que sigan siendo tomadas por personas si confiamos nuestro futuro a una arquitectura de prompts. Si has caído en la tentación de preguntarle a la IA por el futuro que te espera, no te fíes, MADRE nunca te diría la verdad.