Tan delgada como firme es la línea que distingue a la retribución del reconocimiento. Es un matiz que supone la diferencia entre la contribución «en la mediana» y la contribución «sobresaliente» y que Antonio Delgado explica así en su último post: «En el terreno de la compensación, a cambio de nuestra contribución o desempeño sentimos la necesidad de recibir una retribución justa que nos permita vivir. Pero también vivimos otra necesidad, cualitativamente distinta y quizás más sutil pero no menos necesaria: la de ser reconocidos y apreciados por eso que hacemos para contribuir. Lo importante de la compensación es la parte tangible (los dineros), mientras que el reconocimiento vendría a ser como un envoltorio o un accesorio prescindible. Pero es algo más; de hecho, es mucho más. Un reconocimiento pone en contexto el valor de la contribución del empleado, da sentido a su hacer profesional e incluso incrementa el valor percibido de los componentes tangibles de la retribución».
Con una original analogía entre los elementos que conforman la retribución por un trabajo y los que necesita el cuerpo humano para vivir, el socio de Bravo! ejemplifica la necesidad de gestionar la compensación desde la doble perspectiva del pago por lo realizado y de reconocimiento por el esfuerzo empleado, para conseguir con ello la vinculación emocional que favorecen los resultados extraordinarios.