¿Quién gobernaría la democracia en la empresa?

  06/02/2026
  3 min.
El futuro del trabajo en España ya tiene su “¡A Dios pongo por testigo!”: 500 páginas de democracia en el trabajo. Escarlata O’Hara elevándose sobre una promesa: “A quienes trabajan: voz y propiedad”. Avanzo, conteniendo el aliento, por el «Informe de la comisión de expertos y expertas de alto nivel sobre la democracia en el trabajo», presentado esta semana desde la Vicepresidencia Segunda y el Ministerio de Trabajo y Economía Social de España. Me falta el aire y sólo llevo los títulos. Y me quedo sin él cuando leo, en pequeñito: “Este documento no debe considerarse representativo de la posición oficial del Ministerio de Trabajo”. ¡Pero si hasta el color rosa chicle de la portada ha sido elegido para hablar!

Sigo con el índice, que me despisto. Nueve páginas, ¡nueve! y sin links para ir directamente a cada apartado. Me lo ponen difícil, pero yo, como la señorita Escarlata, continúo puño en alto antes de que me lleve el viento. La épica me envuelve:

  • “Esta propuesta establecería un mecanismo coherente y sólido para promover la democracia económica, al tiempo que fomentaría la innovación, la competitividad y la resiliencia dentro de la economía europea”.

¿Cómo lo haría?

  • “Al acceder a la voz, las personas trabajadoras desempleadas desencadenan un círculo virtuoso, revitalizando el sentido de utilidad para los demás, reavivando conexiones comunitarias significativas al ofrecer productos y prestar servicios necesarios pero no ofrecidos por el mercado, cuidando de las personas y del planeta, y reconstruyendo la confianza a nivel local”. Escucho los violines de fondo y miro a mi alrededor para ubicar tanto humanidad y humanismo.

Además:

  • “Los propietarios-administradores se caracterizan por un compromiso a largo plazo con el bienestar de la empresa, dando prioridad a su éxito duradero, su impacto social y los intereses de todas las partes interesadas. Esto implica centrarse en el crecimiento sostenible, la inversión responsable y la participación activa en la dirección estratégica de la empresa para garantizar que se mantenga fiel a su misión a lo largo de generaciones”. ¡Esto suena a marca empleadora!

Y por supuesto…

  • “La amplia experiencia de los sindicatos en la organización colectiva de quienes trabajan es esencial para una aplicación más completa del artículo 129.2 de la Constitución Española, y el Comité recomienda que, en paralelo con la implementación de programas estratégicos de formación adaptados, el trabajo de los miembros sindicales sea debidamente remunerado”. Si digo lo que pienso me encierran.

El informe es un oxímoron todo él:

  • Porque mezcla dos lenguajes incompatibles, el de la democracia (gramática política), basado en la soberanía del individuo, y el del trabajo (gramática mercantil), fundamentado en la soberanía de la propiedad.
  • Porque la jerarquía del “despotismo ilustrado corporativo” no es un accidente, sino una herramienta de eficiencia basada en quién pone el capital.
  • Porque entiende la relación laboral como una cadena de esclavitud, no como un intercambio libre de valor entre las partes.

No discuto la necesidad de cambiar el sistema porque tampoco me gusta el capitalismo salvaje. Su ambición no tiene límites y sí tendrá fin, de eso estoy segura. Pero el que se propone hace aguas en muchos de sus argumentos. El primero, que obvia la libertad de decidir del empresario, un principio democrático igualmente respetable.

CEO de ORH, plataforma de conocimiento e innovación en gestión estratégica de personas en las organizaciones creada en 2006. Es Licenciada en Periodismo y bajo la cabecera Observatorio de Recursos Humanos ha puesto en marcha proyectos como ORHIT-Observatorio RH de Innovación y Transformación, OES-Observatorio de Empresas Saludables, SFS-Empresas Saludables, Flexibles y Sostenibles e IA+Igual.

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