Las empresas sí tienen corazón,
pero ¿para qué late?

Se dice que las empresas no tienen corazón porque nacen de hacer números, viven de sumarlos, restarlos, multiplicarlos y dividirlos, y mueren cuando los números ya no dan para más. Sí pero no.

Hay muchas cosas en una organización que no son cifras y que, sin embargo, son imprescindibles para que las cuentas salgan. Esas cosas son los órganos, los que le permiten respirar, nutrirse, depurarse y regenerarse.

La anatomía de la organización — selecciona un órgano

Y sí o sí tienen corazón, porque todo este sistema necesita algo que lo conecte, que lo bombee, que lo ponga a funcionar y que le dé vida. La pregunta no es si las empresas tienen corazón, sino dónde lo tienen, para qué late y quién controla su ritmo.

Tres tipos de latido corporativo
Patología grave
El corazón que late para autopreservarse

El pulso sostiene la estructura sin tener en cuenta a las personas que la habitan. Los órganos que reciben más sangre son los que garantizan la supervivencia del sistema: los que generan ingresos, los que gestionan el riesgo reputacional, los que mantienen el control. El resto trabaja en isquemia crónica, con lo justo para no necrosarse.

Este tipo de organización no es fría exactamente, sino perfectamente funcional para sus propios fines. El problema es que esos fines no incluyen a las personas como destinatarias, solo como instrumentos.

Arritmia crónica
El corazón arrítmico

Late fuerte en algunos órganos y apenas se percibe en otros. Hay departamentos que pulsan con intensidad —que aprenden, que circulan conocimiento, que tienen criterio propio— y zonas enteras que llevan años en bradicardia.

La arritmia es difícil de diagnosticar desde dentro porque cada parte siente que late. El problema solo se ve cuando alguien observa el conjunto, y pocas organizaciones tienen la disciplina o la valentía de hacerlo.

El más extendido
El corazón cosmético

Son los más extendidos y los más engañosos. Organizaciones que confunden la piel con el corazón: invierten de forma desproporcionada en lo que el mundo ve —marca empleadora, propósito declarado, certificaciones de bienestar, rankings de mejor empresa para trabajar— y apenas nada en el latido interno, que subsiste débil e irregular.

La piel luce sana y luminosa por obra y milagro del maquillaje, el colorete y el bronceador, pero la circulación está al borde del trombo.

El latido no es neutro ni espontáneo. Alguien lo regula, aunque diga que no, y por eso la frecuencia cardiaca de una organización refleja sus prioridades reales con una fidelidad que ninguna declaración de valores puede falsificar del todo.

Se puede escribir en la pared que las personas son lo primero, pero la sangre sabe si ha de llegar a los pies para alcanzarlas.

Así que no, las empresas siempre tienen corazón, más sano o más enfermo, pero lo tienen. La cuestión es si late para nutrir al conjunto o solo para mantener vivo el sistema, y esa diferencia se nota, sobre todo, cuando algo falla y se descubre que algún órgano llevaba años sin recibir la sangre que necesitaba.

CEO de ORH, plataforma de conocimiento e innovación en gestión estratégica de personas en las organizaciones creada en 2006. Es Licenciada en Periodismo y bajo la cabecera Observatorio de Recursos Humanos ha puesto en marcha proyectos como ORHIT-Observatorio RH de Innovación y Transformación, OES-Observatorio de Empresas Saludables, SFS-Empresas Saludables, Flexibles y Sostenibles e IA+Igual.

Compartir

Entradas relacionadas

SUSCRÍBETE AL BOLETÍN

Suscríbete a nuestro boletín y ejerce la libertad de aprender.

CONTACTA CON NOSOTROS

HAZ TU CONSULTA Y CONTACTAREMOS CONTIGO A LA MAYOR BREVEDAD​