—Tenemos un problema de productividad.
—¿Cuál?
—La gente no parece productiva.
—¿No lo es o no lo parece?
—No lo parece. Y eso es peor.
—¿Por qué?
—Porque genera percepción.
—¿De qué?
—De improductividad.
Silencio.
—¿Y si medimos el trabajo real?
—No.
—¿Por qué?
—Porque entonces habría datos.
—¿Y?
—Los datos limitan la narrativa.
—¿Qué narrativa?
—La de que vamos bien.
Otro silencio.
—Entonces… ¿qué hacemos?
—Un dashboard.
—¿Para medir qué?
—No hace falta medir. Hace falta ver.
—¿Ver qué?
—Colores.
—¿Colores?
—Verde: bien. Rojo: mal. Ámbar: estamos trabajando en ello.
—¿Y si todo sale mal?
—Se interpreta.
—¿Y si sigue mal?
—Se ajusta el umbral del verde.
Silencio.
—¿Y si alguien pregunta por la productividad real?
—El dashboard dice que verde…
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