
¿Si el objetivo no fuese el dinero, qué te gustaría hacer en tu vida? Identifica tu talento, adquiere maestría y serás más feliz.
Si miramos la definición que nos da el Diccionario de la Real Academia, vemos que la primera acepción del talento la relaciona con la inteligencia Y con la capacidad de entender. Para José Antonio Marina hay dos tipos de inteligencia:
– La inteligencia generadora, que es la encargada de elaborar respuestas a problemas concretos, la que que sueña con ideas (no necesariamente realizables o útiles), que mira el mundo que le rodea sin dar por válido y definitivo ningún elemento, admitiendo la capacidad para cambiar el entorno. Esta inteligencia, que muchas veces actúa a nivel inconsciente, es también la responsable de generar habilidades como la motivación, la empatía o la creatividad y la labor de quienes tienen por objetivo enseñar o desarrollar a otras personas consiste precisamente en potenciarla creando un entorno de autoconfianza, libertad, capacidad crítica y sociabilidad.
– Y por otro lado la inteligencia ejecutiva, cuya misión principal consiste en recibir las ideas que le aporta la inteligencia generadora y descartar aquellas que no resulten practicables, las que no resulten adecuadas a las circunstancias o las que puedan complicar más que resolver. Es, por tanto, la que actúa como baluarte defensivo, la que devuelve al taller de ideas todo aquello que rechaza, forzando a la inteligencia generadora a superarse a sí misma, a reelaborar su análisis con nuevas informaciones y a lograr así una mejor respuesta que volverá a ser filtrada hasta su aceptación definitiva. Y, entonces, comienza la siguiente tarea de la inteligencia ejecutiva, tal vez la más importante, la que completa el proceso del talento y que consiste en llevar a la práctica la idea, planificar su aplicación, mantener la constancia y el esfuerzo, perseverar hasta que la idea se hace realidad.
De nada sirve una creatividad desbordante si no tenemos suficiente capacidad crítica para comprender qué sirve y qué no. Pero tampoco podemos desarrollar nuestro talento sino somos capaces de alentar esa creatividad. Finalmente, no lograremos nuestros objetivos si carecemos de la constancia suficiente para lograr nuestros objetivos o si no sabemos evaluar los resultados para poder adaptar nuestros proyectos. Por tanto, el equilibrio de todos estos elementos será lo que determine el desarrollo de nuestras capacidades y el éxito vital.
Seguimos con el DRAE que, en su segunda acepción, relaciona el talento con la aptitud y con la capacidad para el desempeño de algo. Ahora, gracias a McClelland, sabemos que las personas con mejor desempeño no son aquellas que tienen mayor conocimiento sobre el tema en cuestión o que se hayan formado muy bien en habilidades concretas; el desempeño viene marcado por el conjunto de competencias que cada uno poseemos, siendo las competencias un conjunto de motivos, rasgos, valores, habilidades y conocimientos que hacen que el resultado de nuestro trabajo nos convierta en especialmente competentes.
Hacemos una tercera y última referencia al diccionario de nuestra lengua ya que, en su tercera acepción, relaciona el talento con la persona inteligente o apta para determinada ocupación. Y en esta ocasión queremos traer a colación las inteligencias múltiples de Gardner, ya que nuestro “tipo de inteligencia” condicionará para qué somos especialmente aptos:
1. Lingüístico – verbal. Capacidad para comprender el orden y el significado de las palabras.
2. Lógico – matemática. Capacidad para identificar modelos abstractos en el sentido estrictamente matemático, calcular numéricamente, formular y verificar hipótesis, utilizar el método científico y los razonamientos inductivo y deductivo.
3. Espacial. Capacidad para presentar ideas visualmente, crear imágenes mentales, percibir detalles visuales, dibujar y confeccionar bocetos.
4. Musical. Capacidad para escuchar, cantar, tocar instrumentos así como analizar sonido en general.
5. Corporal, kinestésica. Capacidad para realizar actividades que requieren fuerza, rapidez, flexibilidad, coordinación óculo-manual y equilibrio.
6. Interpersonal. Capacidad para plantearse metas, evaluar habilidades y desventajas personales y controlar el pensamiento propio.
7. Intrapersonal. Capacidad para trabajar con gente, ayudar a las personas a identificar y superar problemas.
8. Naturalista. Capacidad para percibir las relaciones que existen entre varias especies o grupos de objetos y personas, así como reconocer y establecer si existen distinciones y semejanzas entre ellos.
La utilización de la inteligencia está lleno de matices: se puede tener una gran inteligencia musical pero no tener la misma capacidad para componer y para interpretar; se puede tener una gran inteligencia corporal, pero no es lo mismo correr una maratón que lanzar peso, montar en moto o dedicarse a la danza clásica. En cualquier caso todos tenemos un tipo de inteligencia en el que somos especialmente brillantes que configura nuestro talento.
Hay que diferenciar el talento de otras cualidades o características de las personas:
– Vocación, que es la inclinación a un estado, una profesión o una carrera. Se relaciona con nuestros sueños, nuestros anhelos, lo que nos inspira, son la expresión de nuestros valores.
– Gustos, es aquello que nos reconforta, que nos pueden producir placer.
– Habilidades, son destrezas tales como facilidad de palabra, ocurrencia, intuición, imaginación, confianza y autonomía.
– Competencia, que es el conjunto de características que nos confieren idoneidad para hacer algo o intervenir en un asunto determinado.
– Personalidad, que es nuestra forma de sentir y de actuar en el medio que nos rodea.
El talento es la “inteligencia triunfante” y todos poseemos una inteligencia innata que si sabemos descubrirla nos hará más eficaces y eficientes en el trabajo y más felices en nuestra vida; el talento no es cosa de privilegiados.
Cuentan una anécdota de Isadora Duncan que de niña que fue llevada al psicólogo por su madre pues tenía muchas dificultades para el estudio y casi la daban por desahuciada en la escuela. Tras una larga sesión a solas con el terapeuta éste llamó a su madre y le dijo: “Señora, usted tiene una bailarina, no una intelectual”.
Nuestro talento es una cualidad innata y también inconsciente, que si no cultivamos no desarrollaremos. ¿Cómo descubrir nuestro talento? La respuesta es sencilla: Fíjate en las cosas que te gustan hacer y que haces bien. Las cosas que hacemos porque nos gustan están impulsadas por nuestra motivación y gestionadas por nuestro talento. Nos producen satisfacción por sus resultados y porque nos permiten poner en juego lo mejor de nosotros mismo. Trabajar con nuestro talento es una fuente de bienestar.
José Luis Dirube, socio director de POP OMEGA.