Talento y Bienestar

  29/01/2016
  6 min.

saludable

 

¿Si el objetivo no fuese el dinero, qué te gustaría hacer en tu vida? Identifica tu talento, adquiere maestría y serás más feliz.

Si miramos la definición que nos da el Diccionario de la Real Academia, vemos que la primera acepción del talento la relaciona con la inteligencia Y con la capacidad de entender. Para José Antonio Marina hay dos tipos de inteligencia:

La inteligencia generadora, que es la encargada de elaborar respuestas a problemas concretos, la que que sueña con ideas (no necesariamente realizables o útiles), que mira el mundo que le rodea sin dar por válido y definitivo ningún elemento, admitiendo la capacidad para cambiar el entorno. Esta inteligencia, que muchas veces actúa a nivel inconsciente, es también la responsable de generar habilidades como la motivación, la empatía o la creatividad y la labor de quienes tienen por objetivo enseñar o desarrollar a otras personas consiste precisamente en potenciarla creando un entorno de autoconfianza, libertad, capacidad crítica y sociabilidad.

– Y por otro lado la inteligencia ejecutiva, cuya misión principal consiste en recibir las ideas que le aporta la inteligencia generadora y descartar aquellas que no resulten practicables, las que no resulten adecuadas a las circunstancias o las que puedan complicar más que resolver. Es, por tanto, la que actúa como baluarte defensivo, la que devuelve al taller de ideas todo aquello que rechaza, forzando a la inteligencia generadora a superarse a sí misma, a reelaborar su análisis con nuevas informaciones y a lograr así una mejor respuesta que volverá a ser filtrada hasta su aceptación definitiva. Y, entonces, comienza la siguiente tarea de la inteligencia ejecutiva, tal vez la más importante, la que completa el proceso del talento y que consiste en llevar a la práctica la idea, planificar su aplicación, mantener la constancia y el esfuerzo, perseverar hasta que la idea se hace realidad.Talento y bienestar

De nada sirve una creatividad desbordante si no tenemos suficiente capacidad crítica para comprender qué sirve y qué no. Pero tampoco podemos desarrollar nuestro talento sino somos capaces de alentar esa creatividad. Finalmente, no lograremos nuestros objetivos si carecemos de la constancia suficiente para lograr nuestros objetivos o si no sabemos evaluar los resultados para poder adaptar nuestros proyectos. Por tanto, el equilibrio de todos estos elementos será lo que determine el desarrollo de nuestras capacidades y el éxito vital.

Seguimos con el DRAE que, en su segunda acepción, relaciona el talento con la aptitud y con la capacidad para el desempeño de algo. Ahora, gracias a McClelland, sabemos que las personas con mejor desempeño no son aquellas que tienen mayor conocimiento sobre el tema en cuestión o que se hayan formado muy bien en habilidades concretas; el desempeño viene marcado por el conjunto de competencias que cada uno poseemos, siendo las competencias un conjunto de motivos, rasgos, valores, habilidades y conocimientos que hacen que el resultado de nuestro trabajo nos convierta en especialmente competentes.

Hacemos una tercera y última referencia al diccionario de nuestra lengua ya que, en su tercera acepción, relaciona el talento con la persona inteligente o apta para determinada ocupación. Y en esta ocasión queremos traer a colación las inteligencias múltiples de Gardner, ya que nuestro “tipo de inteligencia” condicionará para qué somos especialmente aptos:

1. Lingüístico – verbal. Capacidad para comprender el orden y el significado de las palabras.
2. Lógico – matemática. Capacidad para identificar modelos abstractos en el sentido estrictamente matemático, calcular numéricamente, formular y verificar hipótesis, utilizar el método científico y los razonamientos inductivo y deductivo.
3. Espacial. Capacidad para presentar ideas visualmente, crear imágenes mentales, percibir detalles visuales, dibujar y confeccionar bocetos.
4. Musical. Capacidad para escuchar, cantar, tocar instrumentos así como analizar sonido en general.
5. Corporal, kinestésica. Capacidad para realizar actividades que requieren fuerza, rapidez, flexibilidad, coordinación óculo-manual y equilibrio.
6. Interpersonal. Capacidad para plantearse metas, evaluar habilidades y desventajas personales y controlar el pensamiento propio.
7. Intrapersonal. Capacidad para trabajar con gente, ayudar a las personas a identificar y superar problemas.
8. Naturalista. Capacidad para percibir las relaciones que existen entre varias especies o grupos de objetos y personas, así como reconocer y establecer si existen distinciones y semejanzas entre ellos.

La utilización de la inteligencia está lleno de matices: se puede tener una gran inteligencia musical pero no tener la misma capacidad para componer y para interpretar; se puede tener una gran inteligencia corporal, pero no es lo mismo correr una maratón que lanzar peso, montar en moto o dedicarse a la danza clásica. En cualquier caso todos tenemos un tipo de inteligencia en el que somos especialmente brillantes que configura nuestro talento.

Hay que diferenciar el talento de otras cualidades o características de las personas:

– Vocación, que es la inclinación a un estado, una profesión o una carrera. Se relaciona con nuestros sueños, nuestros anhelos, lo que nos inspira, son la expresión de nuestros valores.
– Gustos, es aquello que nos reconforta, que nos pueden producir placer.
– Habilidades, son destrezas tales como facilidad de palabra, ocurrencia, intuición, imaginación, confianza y autonomía.
– Competencia, que es el conjunto de características que nos confieren idoneidad para hacer algo o intervenir en un asunto determinado.
– Personalidad, que es nuestra forma de sentir y de actuar en el medio que nos rodea.

El talento es la “inteligencia triunfante” y todos poseemos una inteligencia innata que si sabemos descubrirla nos hará más eficaces y eficientes en el trabajo y más felices en nuestra vida; el talento no es cosa de privilegiados.

Cuentan una anécdota de Isadora Duncan que de niña que fue llevada al psicólogo por su madre pues tenía muchas dificultades para el estudio y casi la daban por desahuciada en la escuela. Tras una larga sesión a solas con el terapeuta éste llamó a su madre y le dijo: “Señora, usted tiene una bailarina, no una intelectual”.

Nuestro talento es una cualidad innata y también inconsciente, que si no cultivamos no desarrollaremos. ¿Cómo descubrir nuestro talento? La respuesta es sencilla: Fíjate en las cosas que te gustan hacer y que haces bien. Las cosas que hacemos porque nos gustan están impulsadas por nuestra motivación y gestionadas por nuestro talento. Nos producen satisfacción por sus resultados y porque nos permiten poner en juego lo mejor de nosotros mismo. Trabajar con nuestro talento es una fuente de bienestar.

José Luis Dirube, socio director de POP OMEGA.

ORH es una plataforma que genera, reúne y comparte conocimiento experto en gestión de personas en las organizaciones. Su propósito es el de acompañar a los profesionales y a las organizaciones apórtandoles información de valor que les ayude a tomar las mejores decisiones en materia de gestión empresarial y de talento.

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