Un solar, matemáticas y Adam Grant

  25/09/2026
  6 min.

¿Sabéis cuántos metros cuadrados «edificables» tiene el cerebro humano? Pues más o menos 0,2 metros cuadrados. Si extendiéramos la corteza cerebral sobre una superficie plana, ocuparía entre 2.000 y 2.500 cm², algo más que una página de periódico. Pero, a diferencia de un solar, donde cada edificio resta espacio al siguiente, en el cerebro lo que ya sabes facilita aprender lo nuevo, porque le da dónde anclarse. Es un terreno en el que construir amplía la parcela.

Pues bien, ahora se ha puesto de moda achicarla. Los ignorantes no pierden la ocasión de buscar fuentes irrefutables para seguir siendo ignorantes. Desde que Adam Grant dijera en 2024 que el futuro pertenece a quienes conectan puntos, ha surgido una caterva de profetas de la ignorancia chic que utilizan su frase como certificado de defunción del conocimiento. A ver, almas de cántaro, ¡pero si eso es precisamente lo que no dice! Tanta gente preocupada por su físico y tan poca por su cerebro…

Lo que Grant sostenía es que, cuando la información escaseaba, se premiaba acumularla, y que ahora que sobra lo que cuenta es reconocer patrones, porque en eso consiste saber conectar puntos. Nunca dijo que el conocimiento sobrara, no recalificó el cerebro como solar baldío. Todo lo más, y puestos a interpretar, yo deduciría que lo que sobra es la cantidad de información indigesta que tragamos sin parar. Los patrones y los puntos sirven para hacer aflorar lo que vale y descartar lo que sobra.

¿De dónde salen los puntos?

Una operación matemática lo explica mejor que cualquier modelo de competencias:

  • La curiosidad, el pensamiento crítico o el sistémico son los operadores: sumar, restar, multiplicar y dividir, es decir, contrastar, comparar, relacionar y concluir.
  • El conocimiento son los operandos: se puede dominar la suma a la perfección, pero sin números no hay resultado, solo un signo más esperando algo que sumar. Y una colección de números sin operaciones es una lista, no un cálculo.

Lo que les pasa a los profetas de la ignorancia chic es que se han quedado con los signos y han tirado los números, o ni siquiera los han recogido. ¿Y qué pasa entonces?

  • Que se opera con números prestados, con el mismo aplomo que una respuesta de IA, pero sin mover una neurona.
  • Que se multiplica por cero, y ya se sabe que cualquier operación multiplicada por cero da cero.
  • Y, sobre todo, que se confunde la fórmula con el resultado. Así proliferan los mapas de sistema con flechas entre cajas vacías, los marcos de cuatro cuadrantes y las palabras como «ecosistema» o «interdependencia» haciendo de operandos. Tiene todo el aspecto del pensamiento, pero sin chicha que le dé cuerpo.

Cuando a los abanderados de la ignorancia chic se les recuerda que faltan los números (los datos, la información y el conocimiento), se sacan de la manga su as: la fuente irrefutable. Einstein dijo que la imaginación es más importante que el conocimiento. Lo dijo, sí, en 1929, con la relatividad ya a sus espaldas. Podía permitírselo porque ya había demostrado que lo importante era imaginar y romperse la cabeza para hacerlo realidad. Pero ¿y los demás? Se quedan con media ecuación, es decir, con nada.

Preguntarse qué importa más, el conocimiento o las capacidades, se parece demasiado a discutir qué fue primero, el huevo o la gallina. Hace falta conocimiento para formular preguntas interesantes, pero es la curiosidad la que lleva a adquirirlo. Hace falta saber para pensar con perspectiva, y esto, a su vez, obliga a revisar y ampliar lo que se sabe. Y aquí retorno a las matemáticas: los primeros puntos salen de lo que ya sabemos, pero en cuanto empezamos a operar, salen también de los resultados anteriores. En una iteración, el resultado de un paso se convierte en el dato del siguiente. Así funciona el aprendizaje. Lo que obtenemos al conectar dos puntos pasa a ser un punto más. Lo irónico es que discutimos en línea recta, qué va antes y qué va después, sobre la capacidad de pensar en bucles.

Lo que obtenemos al conectar dos puntos pasa a ser un punto más.

Conectar puntos, por tanto, no es una habilidad que flota por encima del conocimiento, sino una forma de utilizarlo. El conocimiento quizá ya no sea suficiente, pero no puede ser prescindible; no porque sin él nos quedemos sin respuestas.

CEO de ORH, plataforma de conocimiento e innovación en gestión estratégica de personas en las organizaciones creada en 2006. Es Licenciada en Periodismo y bajo la cabecera Observatorio de Recursos Humanos ha puesto en marcha proyectos como ORHIT-Observatorio RH de Innovación y Transformación, OES-Observatorio de Empresas Saludables, SFS-Empresas Saludables, Flexibles y Sostenibles e IA+Igual.

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