Silencio
No sé por dónde empezar. Quizá ni siquiera debería hacerlo. La realidad, la que importa, no necesita palabras para ser leída, se expresa por lo que hace sentir. “Iñaki, cuéntame lo que viste al salir del tren”. “No Nacho, no te lo voy a contar”. Iñaki es un buen amigo que iba en el Iryo accidentado, aunque ahora no parece él.
El silencio no tiene valor en un mundo sometido al ruido. Todos a una a hablar. Informar, contar, opinar…, ¿qué es qué? Da igual. Se mete la pata y también da igual. Los fake son la nueva realidad. A la carrera con ellos, las disculpas después… si es que llegan.
Pesa más la necesidad de tener voz que la responsabilidad de utilizarla. Y también ser los primeros en hacer ruido, incluso para dar por fallecidos a quienes sus familias aún esperan, hiriendo de muerte a su debilitada esperanza. O para obviar que son parte de la catástrofe y dar por culpable al que no tiene a quien mirar tras de sí. Protagonismo ruin y liderazgo cobarde. Ni profesionalidad, ni respeto, ni responsabilidad.
Hace 48 horas, en décimas de segundo, 69 vidas han dejado de latir. Para muchas más, los heridos y sus seres queridos, seguir viviendo es de un dolor que no se puede describir. Todos ellos merecen el respeto del silencio prudente ahora y de la responsabilidad asumida después.
Descansen en paz.

