La esperanza inteligente como expresión de responsabilidad

  20/10/2025
  6 min.
Como suelo tener querencia hacia los artículos con cierta dosis crítica porque creo que hay que dar patadas al avispero como elemento de avance personal y colectivo, esta semana me gustaría lanzar una “oda” a la esperanza o, como diría Sabater, inspirar un “optimismo inteligente” que nos que haga mantener la energía y la fe de seguir peleando y construyendo un presente y un futuro para nosotros y para las siguientes generaciones.

Cuando los dioses aún se mezclaban con los hombres se gestó una historia que encierra una de las metáforas más profundas sobre el destino humano, en mi opinión muy actual todavía: la de Prometeo, su hermano Epimeteo y Pandora. Prometeo, el que ve primero, desafió a Zeus robando el fuego de los dioses para entregárselo a los hombres. El fuego es el símbolo del conocimiento, de la técnica y de la libertad que permite transformar el mundo. Como venganza divina, Zeus, ordenó al dios del fuego, Hefesto, que con la ayuda de Atenea creara a Pandora que, según la mitología griega, fue la primera mujer modelada a imagen y semejanza de los mortales pero prácticamente divina, pues cada dios del Olimpo le otorgó un don. Zeus, como parte de la venganza, dio a Pandora un ánfora que contenía los males del mundo y le dijo que no la abriera, aunque Hefesto, apiadándose de la humanidad, también puso allí el don de la esperanza. Zeus entregó a Pandora y su ánfora como regalo a Epimeteo, “el que ve después” (esto ya no los dice todo de este personaje), quien aceptó el regalo sin pensarlo. Movida por la curiosidad (uno de los dones otorgados por los dioses) Pandora abrió el ánfora y liberó todos los males que habrían de aquejar a la humanidad: la enfermedad, la injusticia, la mentira, el dolor, la estupidez …pero Pandora logró cerrar el ánfora a tiempo para que dentro de ella permaneciera el último don: la esperanza.

La esperanza es una virtud que no solo se inscribe en el plano emocional sino también en el ético, ya que implica creer que la acción humana puede transformar el curso de las cosas. Por eso es tan esencial, porque cuando la esperanza se extingue, el ser humano no se vuelve necesariamente malvado, pero sí indiferente, y la indiferencia, en términos éticos, es uno de los peores males que podemos padecer porque desactiva la responsabilidad. La esperanza, bien entendida, no es ingenuidad ni consuelo ilusorio, es una forma de responsabilidad.

Kant decía que el hombre necesita tres cosas para orientar su vida ética: saber qué puede conocer, qué debe hacer y qué puede esperar. Esta última cuestión da sentido a las dos anteriores, porque la ética no tiene razón de ser si el mundo es completamente cerrado a creer en el futuro, en la continuidad.

El desesperanzado no lucha, no se compromete, no aspira, simplemente sobrevive. La desesperanza se disfraza a menudo de realismo- “las cosas son así”, “nada va a cambiar”, “yo no puedo hacer nada”– y bajo esa aparente lucidez lo que se esconde es el germen de la desidia y del conformismo. ¿Nos va sonando con el espíritu que parece instalado en las personas, en la sociedad o en el mundo laboral?

El conformismo: cuando la costumbre sustituye a la responsabilidad

El conformismo es la forma social de la desesperanza. Cuando las personas dejan de creer en el futuro, se refugian en la seguridad del presente. Las sociedades desesperanzadas son aquellas que se adaptan sin cuestionar, sin espíritu crítico, que asumen la injusticia como paisaje y la mediocridad como destino. La pérdida de esperanza no se manifiesta con grandes gestos de tragedia, sino con pequeñas renuncias diarias: acostumbrarse a no pararse a pensar porque no hay tiempo y así es más cómodo, y dar permiso para que piensen por nosotros, a dejar de pensar que la verdad importa, a dejar de creer que el esfuerzo tiene sentido, a dejar de imaginar un mundo mejor, a abrazar el rol de víctima.

  • Prometeo representa la rebeldía creadora, el inconformismo, el impulso de ir más allá de lo dado, de cuestionar lo que con ahínco nos dicen que es lo que hay que pensar o hacer.
  • Epimeteo representa la simpleza, la torpeza de actuar sin pensar, de conformarse con lo regalado.

Cuando el ser humano renuncia a la esperanza, deja de ser prometéico y se vuelve epimeteico: actúa sin previsión, reacciona, se acomoda, se amansa y se adormece. Las personas nos empobrecemos cuando ya no se proyectamos hacia adelante, sino que nos replegamos sobre lo inmediato.

La esperanza inteligente: el auténtico manual de resistencia

El filósofo Gabriel Marcel afirmaba que “esperar es ya resistir”. Esa resistencia se vuelve imprescindible en un mundo donde la velocidad, la incertidumbre y la frustración amenazan con diluir la fe en el futuro. Las nuevas generaciones se enfrentan a un doble desafío: a la sobreinformación, que genera cansancio y cinismo, y a la falta de principios y referentes morales, que alimentan la sensación de vacío. En este contexto, recuperar y alimentar la esperanza no es un acto emocional o buenista, sino un imperativo ético y de resiliencia humana, y esto lo podemos lograr educando y formando en la capacidad de imaginar futuros posibles, en recuperar la creencia en la dignidad del esfuerzo y en reivindicar nuestra capacidad de transformar. Las personas, los equipos y las empresas son organismos en continuo movimiento y aprendizaje. Entre nuestros numerosos dones están tres que son esenciales hoy: la creatividad, el pensamiento crítico y la visión de futuro: Nuestras armas son la ciencia, la tecnología y las humanidades.

Para finalizar, me quedo con lo que Ortega nos recuerda: “El hombre no tiene naturaleza, tiene historia”. Nuestra esencia consiste en visionar, en proyectarnos hacia adelante, en imaginar lo que aún no es; si dejamos de hacerlo dejamos de ser protagonistas y tan solo nos volvemos espectadores de nuestro propio destino.

Yo sigo viendo Prometeos, veo su espíritu latente, ese inconformismo contracorriente descarado e insolente, molesto e incomprensible para muchos “Epimeteos”, un espíritu imposible de apagar, como el fuego de los dioses, porque es imposible derrotar a un ser humano que no quiere rendirse. Ese espíritu es el que debemos despertar dentro de nosotros para que nos guíe en la siguiente década.

Consultora, formadora y divulgadora experta en transformación cultural, liderazgo y gestión de equipos. CEO de Intalentgy, coordinadora del Campus IA+Igual y del Campus ORH y acreditada en la metodología de roles de equipo de Belbin y en el CTT de Barret.

Compartir

Entradas relacionadas

SUSCRÍBETE AL BOLETÍN

Suscríbete a nuestro boletín y ejerce la libertad de aprender.

CONTACTA CON NOSOTROS

HAZ TU CONSULTA Y CONTACTAREMOS CONTIGO A LA MAYOR BREVEDAD​