El bienestar corporativo y la desconexión digital están muy presentes en no pocas propuestas de valor al empleado, pero ¿lo está el descanso? La RAE define descansar como «cesar en el trabajo, reparar las fuerzas con la quietud». Desconectar, en cambio, es «interrumpir la conexión entre dos o más cosas; alejar, distanciar». No son sinónimos sino complementarios, y eso es lo importante, porque ambos son necesarios para que las personas experimenten lo que la neurociencia denomina una «recuperación completa». Un profesional puede pasar dos semanas durmiendo bien sin haber desconectado en ningún momento y, a la inversa, puede haber desconectado sin haber conseguido descansar. Para desconectar y descansar a la vez hacen falta tres premisas, dos de las cuales son organizacionales y directamente accionables desde RRHH y PRL siempre antes de que comiencen las vacaciones.
- La mayoría de los programas de bienestar intervienen sobre el individuo, pero el principal obstáculo para la recuperación suele estar en las condiciones organizativas que dificultan la desconexión. Esas condiciones las controla la organización, no el empleado: dependen de las normas de contacto, de la carga previa y del diseño de la reincorporación.
- La recuperación no se juega durante las vacaciones sino en las semanas anteriores y posteriores a ellas. Lo que mejor predice si alguien descansa y desconecta son la carga acumulada antes de irse y la intensidad de la reincorporación. Ambas son variables sobre las que la organización tiene capacidad de influencia directa.
- La principal barrera no es presupuestaria sino organizativa. Ninguno de los tres vectores exige grandes inversiones ni programas específicos de bienestar. Lo que exigen es que PRL y RR. HH los incorporen como criterio de evaluación de riesgos psicosociales, no como recomendación voluntaria.
En la agricultura, el barbecho es una decisión activa sobre el ciclo productivo para determinar qué parcela descansa, cuándo, durante cuánto tiempo y qué ocurre en ese periodo. El agricultor gestiona la productividad de la tierra permitiendo que se recupere. Y mientras, ella no está inerte porque alberga procesos que no son visibles desde fuera y que son exactamente los que hacen posible la cosecha siguiente: la regeneración de la estructura del suelo, el reequilibrio de nutrientes y recuperación de la microbiota, entre otros. El descanso aparente es, pues, trabajo invisible.
Lo mismo ocurre en el cerebro durante la recuperación completa porque, lejos de apagarse cuando no tiene ninguna tarea concreta que resolver, activa una red de regiones —la llamada red neural por defecto (Marcus Raichle, 2001)— que permanece silenciosa mientras se trabaja y que se enciende precisamente cuando se deja de hacer. Es la red que opera, por ejemplo, cuando soñamos despiertos o cuando nos surge una idea bajo la ducha sin buscarla. Nos ayuda a consolidar lo aprendido, a reorganizar conexiones entre experiencias aparentemente inconexas y a procesar lo que antes no tuvimos tiempo de integrar. El cerebro en apariencia ocioso está haciendo, en realidad, el trabajo que la actividad constante le impedía hacer.
Para conseguir que el barbecho funcione, la tierra no solo ha de estar quieta sino fuera del ciclo de extracción, sin raíces que le absorban los nutrientes ni labranza removiendo la estructura. Necesita que se interrumpa el ciclo de demanda, no solo que no haya cosecha, y el agricultor es consciente de ello, porque sabe que una tierra que descansa y sigue siendo labrada no se recupera. Tampoco lo hace un trabajador que duerme ocho horas pero revisa el correo al despertar.
También es importante el otro extremo, porque de igual manera que el barbecho mal gestionado degrada el suelo en lugar de regenerarlo (porque dejada sin cultivo demasiado tiempo se convierte en un páramo), el descanso sin ningún tipo de estimulación —el vacío total, la inactividad absoluta— tampoco produce recuperación óptima. El cerebro necesita actividad durante el barbecho, pero actividad no extractiva; no necesita más trabajo sino otro tipo de cultivo. Pero eso queda fuera del radio de acción de las empresas y entra de lleno en cómo la persona le da calidad a las vacaciones.
Tres condiciones para descansar desconectando y desconectar descansando
La literatura científica identifica tres condiciones necesarias para una recuperación completa, dos de las cuales dependen de decisiones organizativas y una tercera que, sin serlo, tienen también una parte accionable desde RR. HH. y PRL:
- Ausencia de demanda laboral activa. Se trata de no solo no trabajar sino de no anticipar que se va a tener que trabajar; es decir, de librarse de la ambigüedad sobre si se puede ser contactado, porque eso mantiene activo el circuito de monitorización aunque no llegue ningún mensaje. El sistema nervioso responde no solo a amenazas reales sino también a amenazas anticipadas, por lo que la posibilidad de ser contactado puede mantener activados mecanismos de vigilancia y anticipación similares a los que genera el contacto efectivo. Para que haya desconexión real hace falta que el marco esté cerrado y sea creíble. A efectos de políticas corporativas, ello se traduce en instrucciones claras y efectivas sobre quién cubre qué, con qué autoridad y bajo qué umbrales de urgencia real.
- Tiempo suficiente para que el sistema cambie de modo. El cerebro no tiene un interruptor para desconectar y descansar automáticamente y, de hecho, son numerosos los estudios que señalan que hacen falta varios días solo para que el sistema empiece a operar en modo de baja demanda. Lo que ocurre en ese periodo —los primeros días de vacaciones— es descompresión, no recuperación, y ésta empieza después, cuando se entra de lleno en los días de asueto. Esto significa que las vacaciones cortas, incluso con desconexión y descanso perfectos, no dan tiempo al sistema para completar el ciclo, son necesarias pero no suficientes si el punto de partida es estrés crónico acumulado.
- Activación fisiológica reducida por otras vías. La desconexión laboral libera el circuito cognitivo, pero si el sistema nervioso simpático sigue activo por otras razones —conflictos, preocupaciones, etc.— no hay descanso. Las causas pueden ser múltiples y extralaborales, limitándose el radio de acción empresarial a asegurar las bases higiénicas de las condiciones de trabajo. No puede, ni debe, entrar en otros factores que devienen de la esfera personal del trabajador.
La buena noticia es que las dos primeras variables son directamente organizacionales y diseñables desde RR. HH y PRL; la tercera, como hemos visto, tiene un margen más limitado, pero no nulo: las condiciones de trabajo que la organización controla (carga, rol, retribución) son también las que más influyen en que el empleado llegue a las vacaciones en estado de recuperarse. Para PRL en particular, las tres encajan directamente en la evaluación de riesgos psicosociales que exige la Ley de Prevención de Riesgos Laborales: la carga de trabajo, la ordenación del tiempo y la claridad de rol son factores cuya evaluación y gestión preventiva forma parte de las obligaciones empresariales, no recomendaciones voluntarias de bienestar.
- Lo diferencial en todos los casos es que actuar sobre ellas requiere algo muy distinto a lanzar un programa corporativo, porque necesitan intervenir en cómo funcionan los equipos, qué se espera de los managers durante los periodos de descanso vacacional y cómo se gestiona la primera semana de septiembre. Y todo ello implica tener conversaciones incómodas con el negocio, consensuar criterios claros sobre qué es urgencia real y qué es urgencia percibida y, por supuesto, medir si las intervenciones funcionan. Es más difícil que una app, pero puede dar resultados que la app no puede dar.
El trabajador que más necesita recuperarse es el que menos posibilidades tiene de hacerlo
Las vacaciones reducen los niveles de cortisol y permiten que el sistema nervioso parasimpático recupere protagonismo, pero la velocidad de esa recuperación depende del punto de partida, y en esta cuestión las personas que llegan al verano con más carga acumulada tienen peores condiciones neurobiológicas para desconectar.
Su problema es que se van de vacaciones «atadas» a lo que dejan atrás. La investigadora de la Universidad de Mannheim Sabine Sonnentag explica que la variable que mejor predice si alguien logra desconectarse no es su actitud hacia el descanso ni la duración de sus vacaciones, sino el nivel de demanda laboral que experimentaba antes de irse. Quienes trabajan bajo alta demanda crónica tienden a llevarse la carga consigo, lo que limita los beneficios del descanso.
En la práctica, sucede todo lo contrario. Los días anteriores a partir son una vorágine de cierres que, lejos de ayudarnos a desconectar y descansar, nos anclan a la sensación de lo que dejamos pendiente: «No me quiero ni imaginar lo que me voy a encontrar a la vuelta».
Umbral a partir del cual la investigación empieza a detectar una desconexión real de los estresores laborales durante vacaciones largas. Por debajo, el beneficio existe pero es parcial y se disipa rápidamente al retomar el trabajo.
Universidad de Tampere (Finlandia) — estudio sobre vacaciones largas (15–34 días). Dato orientativo, muestra limitada.
El fade-out —la disipación de los beneficios tras el regreso— también está documentado. Los efectos positivos de las vacaciones decaen rápidamente en las primeras semanas de reincorporación. Lo que se gana en agosto puede perderse en la primera semana de septiembre si la vuelta al trabajo reproduce exactamente las condiciones que agotaron el sistema en primer lugar.
Lo que no tienen los programas de bienestar
Los programas de bienestar se mueven mayoritariamente en el territorio de la recomendación. Sugieren, informan, recuerdan…, envían comunicados sobre la importancia del descanso, facilitan acceso a apps de meditación, organizan talleres de gestión del estrés… Ninguna de esas intervenciones es inútil, pero todas actúan sobre el individuo, no sobre las condiciones en las que el individuo opera. Dicho de otro modo, le dicen al trabajador qué hacer con su sistema nervioso sin modificar lo que lo sobrecarga.
Las investigaciones sobre recuperación no avalan el modelo de intervención mayoritario en las organizaciones, porque revelan que lo que predice si alguien descansa y desconecta no es si recibió el recordatorio de bienestar correcto, sino:
- el nivel de demanda laboral que acumuló antes de irse,
- la claridad de las normas de contacto durante el periodo,
- y la intensidad de la reincorporación.
Desde la perspectiva de la prevención de riesgos laborales, estas condiciones no son nuevas, ya que se corresponden con los factores psicosociales clásicos ampliamente estudiados y de obligada evaluación. La carga mental, la disponibilidad permanente fuera del horario y la ambigüedad sobre las expectativas de respuesta encajan dentro de los factores psicosociales que la normativa obliga a evaluar y gestionar. Además, algunas de las medidas que se proponen más adelante no son únicamente buenas prácticas sino obligaciones legales: el derecho a la desconexión digital está regulado en el artículo 88 de la LOPDGDD y en el artículo 20 bis del Estatuto de los Trabajadores. Que las organizaciones las presenten como voluntarias no las convierte en opcionales.
| Momento | Qué hacer | Por qué funciona |
|---|---|---|
| Antes de las vacaciones |
Quién lo ejecuta: el manager de equipo Reducir la carga cognitiva de cierre
Listas de traspaso estructuradas, protocolos de cobertura claros, cierres de proyectos explícitos. Evitar concentrar en los días previos a las vacaciones actividades de cierre incompatibles con una carga de trabajo sostenible.
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El pico de exigencia cognitiva justo antes de las vacaciones es uno de los factores que más deteriora la capacidad de desconexión posterior.
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| Durante las vacaciones |
Quién lo ejecuta: RRHH define, el manager aplica Normas explícitas de contacto
Qué canales, qué umbrales de urgencia real, quién cubre y con qué autoridad. No implícitas ni dejadas a la cultura de equipo.
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La ambigüedad sobre si se puede ser contactado mantiene activo el sistema de alerta aunque no llegue ningún mensaje. La norma explícita reduce la vigilancia anticipatoria.
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| El regreso |
Quién lo ejecuta: el manager de equipo Diseñar la reincorporación como rampa
No como sprint. Evitar la acumulación de reuniones de «puesta al día» en los primeros días.
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El fade-out de los beneficios del descanso ocurre en las primeras semanas. Una vuelta de alta intensidad acelera ese deterioro y anula buena parte de lo ganado.
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Este plan de acción trae una segunda buena noticia y es que ninguno de los tres vectores requiere de grandes inversiones tecnológicas ni de programas específicos de bienestar. Pueden implicar sustituciones, redistribución de carga o planificación adicional —nada es gratis del todo—, pero su palanca principal es la decisión y la capacidad de incidir en las normas de funcionamiento de los equipos, que es exactamente el terreno en el que RR. HH opera estratégicamente.
El descanso debe ser un objetivo organizativo de primer orden porque tiene la lógica de un silogismo: si las personas vuelven más descansadas, también lo harán en mejores condiciones para rendir, decidir y colaborar. Lo contrario está bien documentado aunque poco aprendido, siendo los primeros damnificados de la recuperación incompleta el desempeño, la atención sostenida y la capacidad de tomar decisiones bajo condiciones de fatiga. La fatiga crónica no resuelta es, además, un factor de riesgo psicosocial con implicaciones legales para la empresa, e ignorarla no la neutraliza, solo desplaza el momento en que se convierte en un problema visible. La recuperación es una variable de salud, pero también una variable de desempeño. Y esa es, exactamente, la conversación que RR. HH y PRL pueden llevar al comité de dirección.
- Sonnentag, S. y Fritz, C. (2007). The Recovery Experience Questionnaire: Development and Validation of a Measure for Assessing Recuperation and Unwinding from Work. Journal of Occupational Health Psychology, 12(3), 204–221.
- Kühnel, J. y Sonnentag, S. (2011). How long do you benefit from vacation? A closer look at the fade-out of vacation effects. Journal of Organizational Behavior, 32(1), 125–143.
- Syrek, C.J., de Bloom, J. y Lehr, D. (2021). Well Recovered and More Creative? A Longitudinal Study on the Relationship Between Vacation and Creativity. Frontiers in Psychology, 12.
- Raichle, M.E. (2015). The Brain’s Default Mode Network. Annual Review of Neuroscience, 38, 433–447.