Según los datos que acaba de hacer públicos el Instituto Nacional de Estadística (INE), la economía española invirtió 14.946 millones de euros en innovación y desarrollo (I+D) durante 2018, el 1,24% de su Producto Interior Bruto (PIB), y un incremento del 6,3% respecto al año anterior. Sin embargo, para Xavier Ferràs, profesor de Operaciones, Innovación y Data Sciences de Esade, esta inversión “sigue estando muy por debajo de la media europea” y explica que “los países tecnológicamente más avanzados se sitúan en el 4,6%, como Israel; el 4,5%, como Corea del Sur; o el 3,3%, como Suecia y Suiza”. “Dinamarca invierte el 3,1%; Alemania, el 3%, y Francia el 2,2%, mientras que la media de la Unión Europea se sitúa en el 2% y las de Estados Unidos y China, en el 2,8% y el 2,1%, respectivamente”, añade.

Xavier Ferràs: “La intensidad tecnológica de la economía española sigue por debajo de la media europea”

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Según los datos que acaba de hacer públicos el Instituto Nacional de Estadística (INE), la economía española invirtió 14.946 millones de euros en innovación y desarrollo (I+D) durante 2018, el 1,24% de su Producto Interior Bruto (PIB), y un incremento del 6,3% respecto al año anterior. Sin embargo, para Xavier Ferràs, profesor de Operaciones, Innovación y Data Sciences de Esade, esta inversión “sigue estando muy por debajo de la media europea” y explica que “los países tecnológicamente más avanzados se sitúan en el 4,6%, como Israel; el 4,5%, como Corea del Sur; o el 3,3%, como Suecia y Suiza”. “Dinamarca invierte el 3,1%; Alemania, el 3%, y Francia el 2,2%, mientras que la media de la Unión Europea se sitúa en el 2% y las de Estados Unidos y China, en el 2,8% y el 2,1%, respectivamente”, añade.
Ferràs recuerda que la estrategia ‘Europa 2020’ tenía como objetivo llegar al 3% para hacer de Europa la economía basada en conocimiento más competitiva del mundo. Sin embargo, en su opinión, “España está todavía muy lejos de cumplir esos objetivos”: “El máximo esfuerzo en I+D por parte de la economía española se alcanzó en 2010, con un 1,35% del PIB”. “El déficit tecnológico para alcanzar los objetivos europeos es hoy de 21.213 millones de euros. Esta es la inversión adicional que debería realizar la economía española, tanto a escala pública, como privada, para poder situarse en el 3%”, detalla.
“En España, las políticas de innovación no han gozado de prioridad, ni de presupuestos estables, ni de programas eficientes”, comenta Xavier Ferràs, y destaca, además, que del presupuesto público de 7.003 millones de euros consignado en 2018, “sólo se invirtieron 3.278 millones de euros, el 46,8%”. “Un presupuesto ya de por sí inferior en un 16% al de hace una década, del cual sólo se ejecuta poco menos que la mitad, posiblemente por excesiva complejidad burocrática e ineficiencia financiera de sus instrumentos”, aclara.
Por esta razón, para superar el déficit tecnológico y alcanzar la inversión en I+D requerida por la Comisión Europea, recomienda:
1. Establecer un Plan Nacional de I+D y Competitividad, con un presupuesto mínimo de 12.000 millones de euros desplegados en programas efectivos y fácilmente ejecutables, orientados a inhibir el “fallo de mercado” existente en I+D (tendencia del mercado a invertir en I+D por debajo de lo social y económicamente óptimo).
2. Coordinar las políticas de investigación e industria, priorizando la financiación a las líneas de investigación que contribuyan tanto a la mejora de la competitividad empresarial y a la generación de empleo de calidad como a que los proyectos empresariales se sostengan en la generación de nuevas capacidades científicas en entornos industriales.
3. Desplegar una política de investigación industrial, destinada a construir una nueva industria del conocimiento (basada en el modelo Industria 4.0), disponiendo fondos de ayudas con efecto multiplicador para financiar proyectos de muy alto riesgo tecnológico empresarial, con el objetivo de movilizar dos euros privados por cada euro público destinado.
4. Reforzar los centros tecnológicos, dotándolos de estabilidad financiera, masa crítica y capacidad investigadora para establecer líneas de investigación consorciada y de largo plazo con PYMEs.
5. Potenciar mediante elementos de financiación específica aquellos grupos de investigación universitarios que muestren excelencia en sus procesos de transferencia tecnológica al entorno socioeconómico.
6. Establecer circuitos financieros ágiles y de alto riesgo para cubrir las fases early stage de proyectos emprendedores deep tech, de base científica y tecnológica.
7. Desplegar planes de adopción acelerada de tecnologías disruptivas, como la inteligencia artificial, y de transformación digital de las empresas.
8. Potenciar las políticas de clústers territoriales, acelerando sus procesos de cambio estratégico y de cambio tecnológico, mediante soporte específico a sus planes de actuación, de formación, y de inversión en I+D.

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