El cáncer infantil suena a oxímoron, huele a hospital y sabe a Aladina. En el ala oncológica del Hospital del Niño Jesús la Fundación que preside Paco Arango trabaja para que los pequeños le planten cara “al bicho” con el arma que mejor manejan: la alegría. Paco se entiende bien con ellos porque sigue siendo uno de los suyos: limpio de mirada y arrollador en intenciones. Los llama los “pequeños guerreros”; muchos se han curado y se curarán y otros muchos no lo han logrado ni lo lograrán. Se dice que no hay corazón más fuerte que el que se ha roto en mil pedazos y el suyo lo ha hecho una vez por cada uno de los más de 1.000 niños que ha conocido en sus quince años de voluntariado y aún habrá de hacerlo con los que irremediablemente llegarán. Paco ha puesto su corazón, con sus niños en él, para que la Fundación Aladina sea el mejor compañero “cuando la cosa se pone fea”. Nos lo cuenta en clave de competencias.
