Por Maite Sáenz, directrora de ORH.- Mucho hablamos de la necesidad de continuo aprendizaje en las personas y muy poco de cómo aprenden las organizaciones. La gestión del conocimiento en ellas es una vieja cuenta pendiente que no termina de digerirse. Tampoco es nueva la figura del curador de contenidos, ese ratón de biblioteca digital que construye la estructura mental de una organización para que piense en términos de continuo aprendizaje organizando su biblioteca de conocimientos, nutriéndola y compartiéndola para hacerla crecer.
En el mundo del arte la curación de contenidos es un arte en sí. El curador “cuida” la selección de las obras para que el conjunto resultante sea también una obra que admirar. Su misión es entender cada pieza, su estructura, su lenguaje, su mensaje, su intención… para que agruparlas no sea amontonarlas sin más. Lo que crea no las supera ni una a una ni en su conjunto, sino que las enriquece al conectarlas entre sí, y para eso ha de mirarlas con pasión y sin devoción.
La curación de contenidos en una organización en continuo aprendizaje no se me antoja que tenga que funcionar con un planteamiento muy diferente al artístico. En el gestor de contenidos de formación en red también hay pasión, en su caso por el conocimiento, y se acerca a él -o debería hacerlo- desprovisto de todo apego ideológico respecto del tema en cuestión. ¿Por qué? Porque lo primero que busca es aprender él mismo de la información, los datos y las fuentes que selecciona. Esa es la primera responsabilidad que asume, porque del resultado de su aprendizaje dependerá el aprendizaje de los demás.
Jesús Martinez, mi eterno referente en gestión del conocimiento, dice que la humildad, la honestidad y el sentido crítico son “las tres virtudes” que deben presidir el trabajo de un curador de contenidos. Yo añado que eso, además, es lo que les convierte en auténticos expertos de los conocimientos de su elección.
Su trabajo va más allá de la mera recopilación de información; no es un copia y pega, pero tampoco es una interpretación. Curar contenidos no es escogerlos por afinidad ni darles el storytelling que refuerce lo que ya sabemos. El oficio de curador es extensivo en tiempo e intensivo en reflexión. Es el ratón de la biblioteca digital. La tecnología le ayuda a localizar la información y la IA generativa le abre un mundo de posibilidades para llegar a más datos y a más fuentes, pero su coto privado es consolidar la información en un conocimiento que, además, crezca y se diversifique a medida que lo comparta.
La credibilidad es el fruto del trabajo de un buen curador de contenidos que, por cierto, no tiene nada que ver con el influencer de turno o con el posteador habitual. Un ciudadano de las redes sociales versiona, cuenta o inventa, un curador crea, no distorsiona, no sesga. El primero te lleva a donde quiere que vayas, el segundo te da herramientas para que elijas cómo crecer. Cada uno tiene su espacio y éste ha de saber elegir su profesional. Si tienes uno en tu empresa, no lo dejes escapar; lo necesitas y es difícil de encontrar.
El curador de contenidos construye la estructura mental de una organización para que piense en términos de continuo aprendizaje. En otras palabras, organiza su biblioteca de conocimientos, la nutre y la comparte.