Recursos Humanos, Medio Ambiente, Servicios Corporativos y Producción son, por este orden, las áreas en las que se encuentra ubicada la función de responsabilidad social en el organigrama de las organizaciones, mientras que sólo en un 33% de ellas es desempeñada en exclusividad. Estos datos, extraídos del Estudio de la Función de Responsabilidad Social de la Empresa Española, conforman la radiografía de una actividad que todavía no ha encontrado su hueco estable en los núcleos de decisión aunque los directivos que la asumen sí que avanzan a buen paso a la hora de darle un valor estratégico. Así, todos los DIRSE comienzan haciendo las mismas actividades de acción social, política medioambiental y gestión de personas para ir pasando sucesivamente a realizar acciones de reporting, plan estratégico, identificación y mitigación de riesgos, hasta conseguir identificar oportunidades de negocio y realizar una medición clara del retorno de sus intervenciones.
Grosso modo, las conclusiones del estudio, presentado recientemente por La Asociación Dirección Humana, la Asociación Española de Directivos de Responsabilidad Social (DIRSE) y la Cátedra de RSC de la Universidad de Murcia, dibujan el siguiente perfil del directivo de RSE:
1. Las funciones del DIRSE son muy variadas y no siempre fáciles. En cualquier caso, en aquellas organizaciones donde existe esta función, parece confluir en ella la responsabilidad de gestionar nuevos aspectos en una empresa caracterizada por:
- La orientación al largo plazo.
- La visión estratégica.
- La orientación hacia la “triple cuenta de resultados” que busca la eficiencia no sólo del capital económico-financiero, sino también del capital “social” y “medioambiental”.
- La voluntad de la empresa en construir un nuevo contrato con la sociedad; relación que se expresa en un diálogo fluido y transparente con los diferentes grupos de interés.
- La convicción de que la empresa es una realidad dinámica y evolutiva en busca de la excelencia.
2. Sus funciones generan valor a la compañía más allá de la acción social y la gestión ambiental y de personas.
3. Se relaciona con los principales departamentos de la empresa, siendo capaz de mantener relaciones “gana-gana” (win-win) con otras áreas de su organización (networking interno).
4. Su actividad introduce innovación en la gestión del negocio, ya que tiene cierta habilidad para la anticipación en tanto que se mueve de lo periférico al core business, de lo asistemático y coyuntural al propio negocio.
5. Genera un interesante y positivo networking.
6. Necesita más presencia en la toma de decisiones estratégicas de la organización.
7. Tiene una visión integral y global de la empresa.
8. Expresa una interesante y positiva relación entre la convicción personal sobre la necesidad de una ética y gobernanza adecuadas y el necesario pragmatismo del negocio.
9. Es el gestor de la nueva narrativa de la empresa, rompiendo zonas de confort de otras funciones.
10. Su discurso expresa un optimismo prudente.
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