Las empresas de todo el mundo están reaccionando de muy diversas maneras ante la ya conocida como la «crisis del coronavirus». Muchas están adoptando medidas drásticas cerrando sus plantas de producción en China continental (58%) y la mayoría (72%) están restringiendo los viajes a países donde hay casos confirmados de contagio. Casi la mitad están evaluando la evacuación de los expatriados, pero sólo un 20% lo ha llevado a cabo, y son numerosas las que están proporcionando mascarillas a sus empleados (48%) y desinfectante para las manos (68%). Pero muy pocas están tomando en consideración aspectos relacionados con el impacto a largo plazo del COVID-19, tal y como revela el estudio que acaba de hacer público Mercer y que ha realizado con la participación de 300 empresas de 37 países.
[visualizer id=»74759″]En concreto, son una escasa minoría las que ya están pensando en el efecto que puede causar la pandemia en la compensación variable ligada a resultados, y de hecho, como se puede apreciar en el gráfico adjunto, sólo un escaso 10% está evaluando permitir desviaciones discrecionales a la hora de realizar la evaluación, mientras que son testimoniales los que contemplan alternativas como aislar los datos del «efecto China», cambiar las métricas del desempeño o incluso reducir objetivos.
En lo que sí se muestra de acuerdo la práctica totalidad de las encuestadas (86%) es en anticipar un impacto negativo en su cuenta de resultados derivado de un exceso en los costes de gestión de la salud y bienestar de sus empleados, así como una reducción en las ganancias debido a la reducción de sus operaciones por falta de personal y la caída global de los mercados.
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