Barricadas en la recepción

  06/07/2023
  4 min.
Por Maite Sáenz, directora de ORH.- La capacidad de interiorizar los hábitos que nos gustan a veces llega a extremos surrealistas, y la de no entender que cada cosa tiene su justa medida, también. ¿Cómo es posible, si no, que tomemos el trabajo de nuestro compañero recepcionista como el de nuestro asistente personal? Pues eso está pasando con la costumbre de comprar todo por internet y poner la dirección del trabajo como lugar de entrega.

 

Si llegáis hasta el final veréis que no es una cuestión trivial. Los casos que me cuentan dan para escribir un tebeo tipo “Rue del Percebe 13”, de esos que con su moraleja de barrio nos ponían delante del espejo de nuestras estupideces. El que más me ha hecho reír -y pensar- es el de una persona enganchada a las páginas de proveedores que ofrecen probar sus productos -todo tipo de productos- a cambio de quedártelos y darle al like. El negocio de los comentarios inducidos tiene un ejército de fans a su servicio que han hecho del “prueba y comenta” un modo de vida paralelo en el sentido literal de la palabra, porque va con ellos allá donde estén. Nada que objetar si no fuera porque lo malo de ese “hobby” es que ocupa espacio, y no el suyo sino el de los demás. Lo invaden físicamente, porque los paquetes no son ideas, y organizativamente, porque quienes los reciben no están al servicio de quien los ordena.

El sentido común pasa a ser el menos común de los sentidos cuando anteponemos nuestro egoísmo a todo lo que nos pueda evitar hacernos con el capricho (y quien dice capricho dice opinión). Nuestro shopper, mezcla de influencer sin marca y de adicto a las compras sin cash, miró a la persona de Recursos Humanos que le vino a decir que aquello no había por dónde cogerlo (así tal cual, porque el volumen de paquetes era descomunal), como quien está viendo cercenados sus derechos más fundamentales. Su cara, mezcla de incredulidad y afrenta personal, era la viva imagen del sesgo de confirmación: cero visión de cómo el ejercicio de sus derechos condiciona el de los demás. En su mentalidad de “esto es lo normal hoy en día, no hago nada malo con ello” no cabía ni el más remoto pensamiento hacia su colega de la entrada. Cero respeto. Pero es que tampoco hacia la empresa.

¿Cómo se gestiona una situación así? Típica pregunta de respuesta a la gallega. En este caso se pasó del todo a la nada y pagaron justos por pecadores: se acabó la recepción de paquetes personales para todos. ¿Buena decisión? ¿Mala decisión? Pues 50-50.

 

La autogestión no era una opción porque, como hemos dicho, el sentido común no es una medida estándar universalmente reconocida. Sancionar al trabajador tampoco, porque su actuación no está tipificada como falta de ningún tipo (habría que demostrar que el tiempo de trabajo lo empleaba en navegar y no en trabajar), no había protocolo interno que aplicar (cosa recomendable hasta en estos casos y más allá) y, además, el acoso acosa (y no digo más).

 

Que los usos y costumbres cambien para hacernos más cómoda la vida es natural, comprensible y hasta deseable. Pero que la comodidad se instale en nuestro raciocinio de tal manera que no seamos capaces de encontrar el punto de convivencia para que todos podamos disfrutar de ella tiene sus consecuencias. Una cosa es pedirles a las empresas que nos faciliten la vida y otra que complaciéndonos desbarajustemos la vida interna organizativa por nuestra falta de responsabilidad.

Me da que lo que también está cambiando es el propio concepto de ésta, de la responsabilidad, y lo que entendemos por ella, y con cierta ingenuidad me pregunto si la hiper regulación que nos rodea es causa o efecto de esta mutación. Ahora que lo que se lleva es defender aquello de que las normas están para saltárselas y de que los derechos son acomodaticios y ciegos para con los de los demás, no es de extrañar que seamos una fábrica de elevar a la categoría de problema lo que no tendría que salir del espacio de lo racional.

 

 

Photo by Curology on Unsplash.1

CEO de ORH, plataforma de conocimiento e innovación en gestión estratégica de personas en las organizaciones creada en 2006. Es Licenciada en Periodismo y bajo la cabecera Observatorio de Recursos Humanos ha puesto en marcha proyectos como ORHIT-Observatorio RH de Innovación y Transformación, OES-Observatorio de Empresas Saludables, SFS-Empresas Saludables, Flexibles y Sostenibles e IA+Igual.

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