Soy programador junior. Mi empresa me contrató dentro de una promoción de «jóvenes talentos» a la que el Chief People Officer llamó, en la presentación de bienvenida, la «generación que va a reescribir el futuro de la compañía». Admito que sentí lo que sólo supe qué significaba cuando lo perdí: orgullo de pertenencia. Lo que no dijo, y se entiende que no dijera, es que ese futuro lo iba reescribiendo otro al que yo iba a enseñar. Mi onboarding fue lo más parecido a un programa de inducción en mi propia sustitución.
Al poco empecé a oler a quemado. No era yo solo, era el olor de todo el equipo. ¿Víctimas del burnout? No. Más bien es que nos habían programado —vaya con la poética de la ironía— para acabar «fired». Dicen los informes de consultoría que el 40 % de los trabajadores tienen ansiedad porque piensan que la IA les va a dejar sin trabajo, pero yo, que estoy entre los que están seguros de que así va a ser, no tengo ni pizca de ansiedad, pero ni pizca.
Si me preocupo porque mi empresa anuncia que la IA va a reducir plantilla y mi empresa efectivamente reduce plantilla justificándolo con la IA, lo que tengo no es ansiedad, es información. La incertidumbre es la consecuencia, porque nos brasean a fuego lento y si alguien queda reducido a cenizas antes de la salida, mejor, uno que nutre la rotación deseada. Como «miedo razonable a no pagar el alquiler dentro de dos años por una decisión deliberada del comité de dirección» no luce para nada en el programa de bienestar corporativo pero la ansiedad sí, a los que resistimos se nos insta a cuidar nuestra salud mental hablando con una aplicación de IA. Y yo, que sé que para la IA dos + dos son cuatro porque estadísticamente le encaja, me niego a ser un dato de adhesión al programa. Si llaman personalización de la experiencia del empleado a que la comunicación sobre bienestar psicológico sea un cálculo de probabilidades…
Tengo la caducidad de un trozo de carne de supermercado.
Los que saben de dirigir personas dicen que las organizaciones deben comunicar su visión, involucrar a los trabajadores en el diseño e implementación de la IA y proporcionar un espacio seguro para capacitarse. ¿Cómo he de interpretar eso si tengo la caducidad de un trozo de carne de supermercado? Soy programador, lo he dicho antes, y precisamente por mi cercanía a la tecnología sé que esto no va de personas. Si alguna vez estuvimos en el centro, que lo dudo, ahora desde luego no, y si lo estamos es como mero recurso.
Son las 9.00 de la mañana y empiezo un día más, o un día menos, de mi experiencia como empleado de esta casa. La bienvenida habitual no se hace esperar: el fondo de pantalla me recuerda que somos una mejor empresa para trabajar, que un gran empleador me paga.
Definitivamente este no es mi sitio.