Hay muchos conceptos del mundo de la empresa que la mayoría de las personas desconocemos, como qué es el capital social de una empresa, una idea un tanto confusa que vamos a tratar de aclarar.
Esta confusión es tal que incluso algunos empresarios no saben bien en qué consiste el capital social cuando quieren crear su primera sociedad. Por eso vamos a intentar explicarlo.
¿Qué es el capital social de la empresa?
Cuando creamos una sociedad, la ley nos marca qué capital es el mínimo que debemos aportar. Así, las sociedades de responsabilidad limitada deben contar con un mínimo de 3000 euros; mientras que si creamos una sociedad anónima, el mínimo son 60 000 euros.
La finalidad de esas cuantías mínimas es que la sociedad comience con un capital que garantice que es solvente, aunque como vemos las cantidades no son demasiado elevadas.
¿El capital social es dinero?
Cuando creamos una empresa, el capital social no solo es dinerario (dinero líquido), sino que también se puede constituir con lo que se denomina aportaciones no dinerarias como inmuebles, bienes muebles, derechos de crédito, etc.
De esta forma, si vamos a crear una sociedad de responsabilidad limitada, el capital social puede estar compuesto por los muebles de oficina, el ordenador, el vehículo de la empresa.
El capital puede pasar del mínimo que nos exige la ley
Que la ley nos exija un mínimo de capital social no quiere decir que no podamos pasar de ahí. Así, siguiendo con el ejemplo de la sociedad de responsabilidad limitada (cuyo mínimo son 3000 euros), al capital social que hemos visto antes podríamos añadir un depósito de 5000 euros y el local donde está situada la empresa si es de nuestra propiedad.
No hay un máximo a la hora de aportar el capital social y en muchos casos nos interesará, como dueños de la empresa, que sea mucho más elevado.
¿En qué nos afecta la cuantía del capital social de la empresa?
A diferencia de los autónomos, que responden con todo su patrimonio si adquieren deudas, las sociedades que estamos viendo hacen frente a las deudas con su capital social.
De esta manera, a los empresarios les interesa poner la cuantía mínima que exige la ley, pues en el caso de que la empresa vaya mal y se endeude demasiado, solo van a perder esa cantidad de dinero.
Evidentemente, los posibles acreedores conocen esto, sobre todo los bancos, que terminan siendo los que más dinero pierden cuando una sociedad termina quebrando.
Esto hace que, si tenemos una sociedad de responsabilidad limitada con un capital social de 3000 euros, al ir a un banco a pedir un crédito de 30000 euros (por poner una cifra) nos enseñen amablemente la puerta de salida a no ser que llevemos un aval.
Lo mismo puede pasar con algunas empresas con las que queramos hacer negocios, que es probable que no se terminen de fiar de una sociedad cuyo capital social está compuesto por un PC, una silla de ordenador y un escritorio.
Hay que buscar un punto medio
A la hora de crear una sociedad, tendremos que buscar un punto medio al establecer nuestro capital social en una cuantía que nos permita pedir financiación y a la vez que no nos deje en la calle si la actividad termina por crearnos deudas.
De este modo, el mejor consejo que podemos daros es que busquéis un buen asesor que os pueda ayudar en este aspecto, a uno con experiencia de años que sepa cómo funciona la relación entre el capital social y la financiación.