Transformación digital vs digitalización

transformacion dentro
Por David Revesado, Desarrollo de Negocio en Transformación Digital de Sothis

Para alguien nacido antes de 1990, escuchar el nombre de Nokia le evoca un recuerdo acompañado de una sonrisa recordando sus primeros dispositivos móviles tan robustos y con una batería que duraba una semana. En mi caso, recuerdo con especial cariño el 6310i. Creo que era ese modelo, que llevaba por el año 2005, con el que hablaba durante horas y podía salir de casa sin preocuparme de si llevaba o no el cargador.

Aunque lo parezca, esto no es un “Cuéntame cómo pasó” de los dispositivos móviles. Pretendía recordar a una compañía que en aquellos años tenía el 40% de cuota de mercado en dispositivos móviles, la empresa más puntera e innovadora de telecomunicaciones, una empresa a la que compañeros míos de carrera se iban a trabajar, ¡a Finlandia!

Mi hijo de nueve años, que maneja cualquier dispositivo de forma innata, no conoce Nokia. Porque Nokia, aunque sobrevive intentando resurgir de sus cenizas, ha estado a punto de desaparecer. Hay largos casos de estudio sobre qué ocurrió con Nokia, pero para mí lo más importante es que no entendió el mercado en el que se movía y la velocidad a la que este avanzaba.

Si llevamos el ejemplo a la pequeña y mediana empresa en España, cada uno debe de preguntarse si su negocio está preparado para abordar los cambios que el mercado demanda. De esto va la transformación digital, de aprovechar la tecnología para que los procesos de la empresa sean dinámicos y adaptables a un mercado que se mueve a una velocidad de vértigo.

Actualmente, el error que me encuentro es confundir la digitalización con la transformación digital. Así, digitalizar consiste en convertir un proceso, llamémosle analógico (manual), en uno digital. Por ejemplo, una empresa de distribución que se monta una tienda online ha digitalizado el proceso de venta, pero no lo ha transformado.

La forma de consumir de nuestros clientes, ya sean empresas o particulares, ha cambiado. Nuestra forma de vender debería mutar también acorde a esa demanda, con la tecnología como motor de cambio.

Utilizar la tecnología como base es sin duda un primer paso, necesario e indispensable, pero a todas luces insuficiente. Si pasamos de barrer el suelo a utilizar un aspirador no cabe duda de que hemos aprovechado la tecnología en nuestro proceso de limpieza, pero la pregunta es ¿lo hemos mejorado? En cambio, si utilizamos un robot aspirador conectado a la red wifi, controlado por un sistema de cámaras y monitorizado desde nuestro móvil en cualquier sitio, podemos hablar de un proceso transformado.

Toda empresa ofrece a sus clientes un conjunto de productos o servicios. La transformación digital tiene como objetivo optimizar ese portfolio, mejorar su propuesta de valor, lo que la hace diferente de sus competidores. Así pues, transformar un proceso es aprovechar la digitalización para ser capaz de adaptarlo a lo que realmente el mercado demanda. De eso va la transformación digital, de entender que las nuevas tecnologías han generado y generan continuamente nuevas oportunidades de negocio que una empresa con métodos tradicionales no puede abordar.

Hace unos años, conocí una pyme que se dedica a la fabricación de piezas de plástico. Esta empresa trabajaba con partes de producción que se generaban en hojas Excel y se imprimían para llevar a la fábrica. Después, los operarios de la línea los rellenaban manualmente. El proceso finalizaba con una persona de oficina que se dedicaba ocho horas al día a introducir esos partes en el ordenador. De nuevo vislumbramos el uso de la tecnología, pero sobre procesos mal diseñados.

Volviendo a nuestro ejemplo de antes, esta empresa comenzó con la adopción de un sistema de planificación empresarial que generaba las órdenes de trabajo. Introdujimos un sistema de tabletas en la línea de fábrica donde los operarios completaban en tiempo real la información que antes rellenaban en papel. Por último, en esta fase inicial implementamos una tienda online B2B para sus clientes nacionales e internacionales. Aunque resultó un cambio considerable, estas mejoras no suponían una transformación digital, simplemente habíamos convertido los procesos manuales en procesos automáticos y le habíamos dado presencia en las redes.

La transformación comenzó a partir de ese momento. Disponía en tiempo real de su información de producción. Al implementar un sistema de análisis (Business Intelligence), la empresa descubrió que era capaz optimizar sus tandas de producción optimizando el coste por pieza y generando un excedente de producción. Asimismo, comenzaron a optimizar la priorización de los pedidos, lo que le permitió dar mejor respuesta a sus clientes. Empezaron a distribuir en su tienda online los excedentes de producción vía ofertas en nuevos mercados internacionales y un largo etcétera.

La lista de procesos que hemos transformado es enorme: un sistema de planificación y secuenciación automática de producción en planta, un sistema de gestión inteligente de almacenes, un sistema de digitalización de documentos, un sistema de gestión automática de tesorería, etc. Cada uno de esos proyectos ha tenido un retorno de inversión medible basándose en las nuevas posibilidades de negocio que generaba. Eso es transformación digital.

Seguro que, si citamos nombres como Amazon, Booking, Airbnb o Uber, cualquier persona se familiariza con la idea. Estas empresas han amenazado a los mercados tradicionales gracias a dos cosas fundamentales: han sido capaces de entender que el mundo y sus necesidades han cambiado y han aprovechado las posibilidades de la digitalización para ofrecer lo que el mercado demanda en cada momento.

Por todo ello, está en la mano de nuestras empresas decidir si quieren abrazar la transformación digital, y prepararse para el presente y el futuro, o ser Nokia y mantener sus procesos tradicionales mientras el mundo de alrededor cambia de forma vertiginosa.


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