Talento sin talento: ¿estamos perdiendo capacidad intelectual?

Marisa Cruzado Collado17 abril 20247min
Diversos estudios científicos revelan que el ser humano está perdiendo capacidad intelectual. Las nuevas tecnologías, los hábitos sedentarios y el aislamiento social son algunos de los factores que están contribuyendo a mermar la actividad de nuestro cerebro. ¿Qué significa para los líderes -y el futuro de la humanidad- que los trabajadores de la sociedad del conocimiento pierdan capacidad de concentración y no puedan pensar profundamente?

 

La colaboradora del Korn Ferry Institute, Megan Walsh, publicaba recientemente los resultados de una investigación que partía de la siguiente premisa: Un recurso muy valioso, la capacidad intelectual, es cada vez más escaso. Y debemos preocuparnos porque, en la sociedad del conocimiento, es cada vez más necesario que los trabajadores puedan aprender, razonar y crear. Como solución (atención, que voy a hacer un spoiler) la investigación concluía que es necesario recuperar el control de la mente y para ello, debemos analizar qué factores están contribuyendo al deterioro cognitivo de nuestro cerebro.

La primera conclusión es que la vida moderna y las nuevas formas de organización del trabajo están cambiando la forma en que funciona nuestro cerebro. La primera consecuencia es que el promedio de tiempo que los trabajadores se concentran en una tarea antes de distraerse se ha reducido en dos tercios en los últimos 20 años.

Unos preocupantes 47 segundos

Según Maura Thomas, que ha escrito varios libros sobre gestión de la atención y ha sido consultora para empresas como L’Oreal o la NASA, la incapacidad de los empleados de la sociedad del conocimiento para concentrarse es un desafío que está pasando desapercibido en la mayor parte de las empresas. Un estudio realizado entre los empleados de la Universidad de California durante los últimos 20 años reveló que en 2004 el tiempo medio de concentración antes de pasar a otra tarea, ya fuera una hoja de cálculo o la conversación con un colega, era de 2,5 minutos. En 2012 ese tiempo eran 75 segundos. En la actualidad, no supera los 47 segundos.  Y eso, no es lo más preocupante.

Según datos de ese mismo estudio, cuando el empleado interrumpe su concentración tarda algo más de cinco minutos en volver a la tarea original, un efecto que se ha denominado coste del cambio. «Somos conscientes de que estamos cayendo en esta madriguera de distracción multitarea, -afirma Thomas- pero no sabemos como salir de ella».

Es fácil culpar a la tecnología de nuestra disminución de la capacidad de atención, pero los expertos dicen que es más complicado que eso. La neuroergonomía, un nuevo campo de investigación, estudia las fuerzas que atacan nuestro funcionamiento cognitivo y que van desde la falta de sueño, hasta la contaminación del aire, los medios de comunicación que consumimos y la comunicación digital. La denominada crisis de concentración está sobrecargando nuestro cerebro y en el proceso, se están produciendo cambios estructurales.

Los avances de la neuroergonomía

El campo de la neuroergonomía está proporcionando información sobre varias formas para optimizar la función cerebral, como dar a la mente el tiempo adecuado para recuperarse entre tareas. Eso incluye tareas menos mentales como pasar la aspiradora, salir a caminar y descansar lo suficiente. De echo, según un estudio realizado por la Universidad de Harvard, las personas que permanencen despiertas durante 19 horas seguidas sufren un deterioro cognitivo similar a si estuvieran borrachas.

El sueños es fundamental porque es el momento que aprovecha el cerebro para eliminar todos los desechos metabólicos creados por el pensamiento, almacena información a largo plazo y establece nuevas conexiones que son, precisamente, la base de la creatividad.

En materia de prevención de riesgos laborales, por ejemplo, es más que conocido el efecto del exceso de cansancio en los empleados: cometen más errores, tienen menos control de los impulsos y no pueden mantener la atención en una tarea específica. El problema es que, muchas veces, las personas no sabemos el efecto que tiene en nuestro cerebro una mala noche de sueño.

La base de la motivación

Otra derivada en el entorno laboral de la falta de concentración es que uno de los principales factores de motivación es conseguir avanzar significativamente en un proyecto o tarea. Estamos más satisfechos y motivados cuando, al terminar la jornada laboral, tenemos la sensación de haber hecho algo que merece la pena. Pero, si hacemos las cosas de forma superficial, vivimos una vida de reacción y distracción, en lugar de intención elección. «Esto significa que no participamos de forma plena en nuestro trabajo y la atención plena es, paradójicamente, el primer paso para reafirmar el control de la mente», afirma Thomas.

La fórmula para entrenar el cerebro: estrés+descanso=crecimiento de la capacidad mental
  • Priorizar el trabajo profundo. Cuando el cerebro está más alerta es el momento de acometer las tareas con mayor peso intelectual (creatividad, resolución de problemas…)
  • Respetar los límites. Tres horas es el tiempo máximo que debe hacerse de trabajo continuado antes de tomarse una pausa «consciente».
  • Estrategia de reanudación. Para regresar a la tarea con un mínimo esfuerzo cognitivo es aconsejable:
    • Programar bloques de trabajo ininterrumpidos de entre 60 ó 90 minutos. Eso significa silenciar las interrupciones de notificaciones del móvil o del mail, y resistir el impulso de cambiar de tarea
  • Practicar la relajación. Utilizar técnicas como el descanso profundo sin dormir o hacer algo sin sentido como planchar o regar las plantas.
  • Dormir el tiempo adecuado. Es la mejor forma de ayudar al cerebro a repararse a sí mismo.
  • Leer en papel al menos 20 minutos al día. Esto ayudará a entrenar la mente en mantener un enfoque lineal y profundo.

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