Recolocación para proteger el empleo

El Fondo Monetario Internacional prevé que la economía española se desplomará un 8% este año y que el paro se incrementará hasta el 20,8%, durante el año 2020. Si todas las previsiones se cumplen, en 2021 conseguiremos recuperar un 4,3% del PIB y bajar el desempleo hasta el 17,5%.

Partiendo de la base de que hasta Febrero el desempleo en España se situaba en un 13,7%, el alza supondría elevar el número de personas sin empleo en aproximadamente 1,5 millones más este año, lo que nos situaría por encima de los 4 millones de personas.

Como consecuencia de este entorno, muchos trabajadores actualmente se sienten perdidos, inquietos con su futuro considerando la inestabilidad de algunos sectores, un posible desenlace no deseado en los ERTEs en los que se encuentran incluidos, o quizá por formar parte de compañías con una recuperación más lenta una vez acabe el estado de alarma y comencemos con la mal llamada nueva normalidad.

¿Quiere esto decir que el mercado dejará de producir oportunidades? No realmente, ya que la mayoría de empresas y sectores están pensando ya, cómo deberían reinventar sus negocios para avanzar en este nuevo entorno.

Los retos fundamentales para las compañías

Los retos se centran en primer lugar en la aceleración que deben conseguir en la recuperación, para restaurar los miles de empleos perdidos; en segundo lugar, en el acceso a la necesaria transformación digital y en tercer lugar, en la adecuada preparación de los líderes y los profesionales para enfrentarse al nuevo entorno laboral y a las nuevas competencias críticas, para que la transformación cultural acompañe e impulse la actividad.

Reflexionando sobre el primer y segundo reto, si queremos acelerar la velocidad, debemos en primer lugar ser conscientes de dónde estamos, cuál es el diagnóstico que nos permite comenzar a reinventar nuestros modelos de negocio, qué falló para perder actividad de un modo dramático y qué palancas debemos activar para poder aprovechar las oportunidades que lanza el mercado.

Este diagnóstico, está irremediablemente unido a la transformación digital y cultural de las compañías, que deben comenzar a operar en una omnicanalidad que facilite y mejore su supervivencia en cualquier circunstancia. Probablemente esta pandemia acelerará determinadas transformaciones que muchas industrias tenían pendientes y que les arrojaba a una agonía lenta, difícil de encarar.

No debemos olvidar que los candidatos, aunque buscan cubrir sus necesidades monetarias en primer lugar, también buscan una propuesta de valor al talento, que incluya entre otras medidas flexibilidad y, sobre todo, buscan empresas responsables y con propósito

Ahora bien, probablemente sea la preparación de los líderes y los profesionales para las nuevas posiciones que se van a generar, el reto más importante y complicado, ya que depende no sólo de la voluntad personal de aprender y transformarse de una persona, sino también de su propia capacidad para adquirir esas competencias y de la demanda del mercado.

Una empresa transformada, necesita personas que puedan desenvolverse en entornos cambiantes, diferentes y tecnológicos, comprometidas con el propósito y autónomas para trabajar en entornos altamente colaborativos. Los puestos de trabajo con un elevado nivel de repetición tienden a automatizarse y las posiciones que requieren de cualificación tecnológica, quedan en muchas ocasiones sin cubrir. Ya el estudio sobre desajuste de Talento de ManpowerGroup, previo a la crisis, recogía que un 41% de las empresas reportaban dificultades para encontrar el tipo de perfil necesario, siendo aquellas que han realizado una mayor transformación digital, las que más empleo generan.

Esta pandemia ha puesto de relieve, que muchas de las profesiones denostadas por la sociedad, en realidad son esenciales para el desarrollo diario de nuestras vidas, generando un empleo que requiere de capacidad de esfuerzo, resilencia, gestión de las emociones, serenidad y actitud de servicio, pero es seguro que también sufrirán el impacto de la tecnología.

No debemos olvidar que los candidatos, aunque buscan cubrir sus necesidades monetarias en primer lugar, también buscan una propuesta de valor al talento, que incluya entre otras medidas, flexibilidad (cuestión que esta pandemia ha acelerado notablemente) y sobre todo buscan empresas responsables y con propósito (probablemente la más complicada y la más sensible), de hecho muchas compañías han quedado expuestas negativamente durante esta pandemia, por cómo han afrontado la transparencia, la comunicación y la relación con sus trabajadores.

El desajuste de Talento es probable que descienda de algún modo, aunque no a los niveles deseados (en plena crisis del 2010, el desajuste de talento en España se ubicaba en torno a un 25%) considerando esta circunstancia, pero se hace más necesario que nunca elevar a muchas de las personas que hoy no están preparadas para el nuevo entorno y que necesitan con urgencia ‘reatrapar’ oportunidades profesionales.

El valor del Talento

Por todo ello, hoy, no mañana, nos corresponde a las empresas ser conscientes del valor que tiene y tendrá nuestro Talento, esas personas que han estado comprometidas con nosotros hasta hace prácticamente un mes y que ahora quizá no podamos conservar. Nos corresponde a nosotros posibilitar un acompañamiento que permita a aquellos que sienten incertidumbre, comprender que también estamos a su lado en estos momentos y pueden retornar al mercado laboral.

España se encuentra según el índice de World Economic Forum, entre los países a la cola cuando hablamos de desvinculación, y debemos pensar que es justo en este momento, cuando más importante es dejar una huella positiva en las personas. Si hemos sido empresas responsables, debemos también ser responsables en cómo dejamos a la persona que sabe que al día siguiente tendrá que enfrentarse al difícil trabajo de encontrar trabajo.

En una situación como la actual, en la que debemos enfrentar retos no vividos hasta ahora, nos estamos encontrando con dos abordajes diferentes:

1.- Cómo nos hacemos presentes y acompañamos a nuestros trabajadores, ya sea en su situación de ERTE o en su situación normal. Es un momento en el que las personas están enfrentando muchos miedos diferentes. Los que tienen que trabajar, porque saben que cada día están expuestos y que podrían contagiar a sus familias al volver a casa, o que quizá el trabajo de sus compañías disminuya y su situación cambie, debiendo gestionar una ansiedad diaria de qué pasará.

2.- Cómo desvinculamos a aquellos que lamentablemente no podremos mantener, para no dejarlos abandonados a su suerte en un entorno que será mucho más complejo que un mes atrás. Lo que hagamos ahora marcará nuestro legado con esa persona y qué dirá sobre nuestra compañía.

Tanto los planes de acompañamiento a personas activas, como la recolocación, permiten abrir alternativas a las personas y ayudarlas, en el primer caso minimizar la ansiedad aprovechando para acometer algunas reflexiones de autoconocimiento con ellos, que impulsen su carrera profesional a la vuelta y en el segundo caso, ayudándoles a manejar una situación que para ellos es muy dolorosa y que implica superar el duelo, conocer sus fortalezas, armarse de herramientas útiles en la búsqueda y ser acompañados hasta el éxito en la superación de las diferentes etapas de búsqueda de empleo.

Nos corresponde a nosotros, como líderes de empresas responsables, decidir qué huella queremos dejar, cómo devolvemos a nuestros equipos la ilusión por construir algo diferente, mientras respetamos el planeta, cómo generamos modelos de negocio respetuosos con el medio ambiente y con las personas y cómo preparamos a nuestros profesionales para el nuevo salto, perdiendo el miedo al mañana y favoreciendo la reflexión, el aprendizaje y el desarrollo.

Por Mª José Martín, Directora General de Right Management


Observatorio de Recursos Humanos

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