¿Qué va a ser del discurso del talento cuando el sistema económico colapse?

Carlos Blanco15 julio 20224min

Por Maite Sáenz, directora de ORH.- ¿Os habéis sentido alguna vez como el único vivo en una película de zombies? Si la respuesta es sí, ánimo, no estás sólo. Y si la respuesta es no, ¡abre los ojos! De tanto oír lo brutal del cambio que estamos viviendo no nos lo estamos creyendo. Y lo peor es que confluyen “todos los astros” para que el impacto sea tectónico. A nuestros pies las placas se están moviendo y ya no en silencio. Todos los indicadores económicos, los que entendemos y los que no, nos dicen que el futuro más inmediato se va a vestir de monocolor y que, para entonces no valdrá el “que me quiten lo bailao” de las fiestas multicolores con las que nos hemos entretenido en los últimos tiempos, las loterías a dedo subvencionadas sin control y los “relatos” ficticios de generosidad impostada, interesada e insostenible.

Los zombies se cuentan por millones y lo curioso es que se sienten tan vivos como los propios vivos que de verdad quedan. ¿Que si contagian? Hace unos meses os diría que tanto como el Covid; ahora la piel se les cae a tiras al mismo ritmo que sus argumentos y ya sólo contagian a los que se dejan contagiar porque no aplican ninguna medida de prevención; esto es, mirar el mundo con sus propios ojos y no con los de la ideología de turno. En el mundo de la información reina la desinformación y no porque no podamos acceder a ella sino porque no queremos.

Lo que viene asusta por lo complejo y profundo de su dimensión. La geopolítica está en manos de dirigentes con mentalidad límbica -de estar en el limbo-, temerosos de sus propias decisiones y perdidos en el hilo de su propio relato. ¡No saben cómo salir de él y así resultan sus discursos! Lo pienso y se me cortocircuitan las neuronas intentando averiguar cómo nos han hecho llegar hasta aquí. Vendrán duras y maduras. Y seguiremos que venga alguien a salvarnos porque el hábito de sacarnos solitos de los problemas no es que nos lo hayan secuestrado, sino que hemos hecho dejación de funciones respecto a él.

La falta de materias primas -y una estrategia de sostenibilidad que no tiene nada de sostenible porque carece de plan alternativo a corto plazo- no sólo nos privará de ellas sino que hará que las paguemos más caras que hoy, sí, todavía más. Los mercados financieros tiemblan y la deuda pública nos entierra mientras las ocurrencias -que no las estrategias- para frenar el suicidio sólo saben tiran de las vacas: las empresas y los ciudadanos, ambos inflados a impuestos. Los salarios se suben por decreto y el desempleo podría decirse que también, porque es -y será- el resultado nefasto de una política que no quiere salvar a nadie salvo a sí misma.

Me pregunto qué pasará a finales de año con los discursos de talento que con tanto empeño están trabajando los profesionales de RR.HH especialmente después de la pandemia. ¿Dónde quedará el propósito corporativo cuando las prejubilaciones no sean suficiente para adelgazar las plantillas? ¿Qué pasara con el employee journey cuando a los que queden se les pida más a cambio de menos? ¿Y cómo se mirará de frente al engagement? Si fuera una broma os invitaría a preparar las palomitas pero como vamos a sufrir, y mucho, sólo espero que la sostenibilidad, la verdadera, se imponga y los CEOs ejerzan el humanismo del que presumen.

 

 

 

Photo by Michael Mouritz on Unsplash


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