Olvidar el estrés post vacacional es posible

O eso es al menos que lo que aseguran los expertos de ASPYPrevención que han elaborado diez claves para empezar septiembre sin que la vuelta al trabajo que convierta en una carrera de obstáculos.

El estrés aparece cuando percibimos que existe un desequilibrio entre lo que tenemos que hacer y la capacidad para llevarlo a cabo. La persona no logra encontrar un ajuste con la realidad, adaptarse al entorno, tener un control sobre sí mismo, sobre el mundo y sobre su futuro inmediato. Se percibe como una presión emocional que se experimenta cuando el individuo no es capaz de adaptarse a una situación. Pero, este desequilibrio también se puede controlar y combatir.

El primer punto es Identificar el foco del problema: es muy importante tener claro cuál es el principal problema. Especificar qué cuestiones son las que más nos preocupan y qué síntomas provocan en nuestro organismo.

Saber decir NO: la personalidad es uno de los elementos más valorables en los individuos, por ello no podemos anular este valor de ninguna manera. Muchas personas cumplen estrictamente con lo que se les ordena aunque ello, sobrepase ciertos límites. Esto provoca un elevado grado de ansiedad y estrés. Por ello, decir NO es un derecho, siempre que sea por una razón justificada.

Saber relajarse: cumplir con las obligaciones es necesario, como también lo es saber poner freno en nuestras situaciones diarias. Hacer las cosas de manera apresurada y alterada sólo sirve para aumentar la fatiga. Por eso, saber organizarse y respirar hondo ante situaciones difíciles ayudará a relajarse más fácilmente.

Priorizar labores: es necesario reflexionar un momento y saber organizar las diferentes tareas por realizar en orden de relevancia. Hay que tener claro cuál es la tarea más urgente y tener una buena organización.
Pedir ayuda: el trabajo individual es importante pero no hay que tener miedo de pedir ayuda. Compartir las tareas con los demás compañeros hace que el trabajo sea más llevadero y se cree un ambiente más agradable.

Cuidar los hábitos de vida: es importante comer de forma saludable ya que mejora el estado de ánimo. Comer frutas y verduras, cereales, lácteos, frutos secos y pescado, así como beber mucha agua. Por otro lado, practicar actividad física de forma regular mejora la autoestima, la autoconfianza y la capacidad de concentración, a la vez que disminuye el nivel de estrés.

Aceptar los errores: todo el mundo tiene derecho a equivocarse. Hay que tener claro que los errores son situaciones de las que se puede sacar algo positivo y aprender. Por ello, aceptarlos es el primer paso.

Descansar: un trabajo que no permite al empleado tomarse un pequeño respiro, desembocará, con seguridad, en el estrés laboral. Para evitarlo, es aconsejable interrumpir nuestras actividades cada cierto tiempo para poner en orden nuestras ideas. Es recomendable coger vacaciones y fines de semana como tiempo de ocio y descanso, así como fomentar las relaciones sociales como alternativa al trabajo. No olvides a tu familia y amigos. Deja el trabajo en la oficina (tanto los papeles, como las preocupaciones).

No sobredimensionar los problemas: hay que darle la importancia adecuada a cada problema. No alarmarse si algún proyecto no obtuvo los resultados adecuados porque el estrés será la consecuencia de ello.

Reírse más y hablar acerca de los sentimientos: trabajar con seriedad no impide estar de buen humor y crear un ambiente agradable en el trabajo. Algo tan sencillo como reír es una de las mejores armas para combatir el estrés. Hablar acerca de los sentimientos ayuda mucho, no es un signo de debilidad. Cuando somos escuchados nos sentimos respaldados. Eso sí, busca el momento indicado, no fuerces la conversación.

Síntomas de que estamos estresados
Las consecuencias negativas del estrés son múltiples pero, cabe destacar, su grave incidencia en la salud y el rendimiento. El estrés se manifiesta principalmente con alguno de los siguientes signos y síntomas: migrañas, tics nerviosos, insomnio, fatiga, pesadillas, pérdida del sentido del humor, boca seca, nudo en la garganta, psoriasis, calvicie, dermatitis, erupciones, hipertensión arterial, sudoración aumentada, tensión, ardores, mala digestión, náuseas, vómitos, diarreas, cólicos, úlcera, colitis ulcerosa, colon irritante, etc.

El estrés puede desbordar al individuo de tal forma que comience a desarrollar una serie de errores cognitivos en la interpretación de la realidad. Esto desembocaría en los llamados ‘trastornos de ansiedad’ manifestándose principalmente mediante fobias o temores irracionales.   En la actualidad, un 13.8% de la población española sufre trastornos de ansiedad, siendo más fuertes en mujeres que en hombres y, habitualmente, tras un periodo de estrés prolongado.

El estrés puede ser el causante de otros problemas de salud mental, como la depresión, responsable del 20% de las ausencias laborales. Los trastornos mentales y los problemas derivados de la ansiedad, la depresión y el estrés constituyen las principales causas de incapacidad laboral temporal y permanente en los países desarrollados. Según la Organización Mundial de la Salud, entre el 50% y el 60% de las ausencias al trabajo que se producen al año están ocasionadas por situaciones de este tipo.

Hábitos poco saludables
El estrés modifica los hábitos relacionados con la salud, así, con las prisas y la tensión, aumentan los hábitos no saludables como fumar, beber o comer en exceso. De la misma forma, se reducen las conductas saludables como hacer ejercicio o comer a horas adecuadas. En algunas profesiones con un nivel de estrés muy elevado, existen unas tasas mayores de tabaquismo, alcoholismo y otras adicciones.

En cuanto a las profesiones, existen algunas con un nivel de estrés más alto que otras, como son policías, trabajadores de la construcción, mineros, pilotos de líneas aéreas, periodistas, dentistas, médicos, enfermeros, conductores de ambulancia, músicos, profesores y directores de personal.


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