La culpa es de la autenticidad

Maite Sáenz4 mayo 20235min

Por Maite Sáenz, directora de ORH.- “Lo que cuenta la mitad de la gente en LinkedIn es mentira”. Amigos, aviso, tal afirmación no es mía sino de una headhunter, de nombre Mónica Vázquez, pero ojalá la hubiera dicho yo, aun a sabiendas de que los zascas me caerían en forma de ausencia de likes. No me hubiera importado y de eso va este comentario. Si fuéramos como decimos que somos en las redes sociales no habría ni un solo conflicto en el mundo. Todos somos perfectos incluso en LinkedIn la red profesional en la que ciertas veleidades no tenían cabida.  La culpa es de la autenticidad, pero de la autenticidad impostada, me refiero.

La primera lección, recomendación o tip de autoayuda que dan los “expertos” en marca personal es ser auténticos. Estamos ante un adjetivo que implica una cualidad del sujeto que lo acompaña y consultando mi querida RAE encuentro que el sustantivo al que corresponde, auténtico, se aplica a quien es “consecuente consigo mismoque se muestra tal y como es”. Y en una acepción adicional añade su significado como “certificación con que se testifica la identidad y verdad de algo”. ¡Boom! Ya se me han caído unos cuantos perfiles solo de pensarlo.

En realidad, hemos convertido nuestro yo social en un avatar al gusto. Y digo al gusto porque queremos gustar, y eso es muy humano, pero no a todos, constantemente y para siempre, además de que es agotador intentarlo. Personalmente yo no me quiero atar a mi avatar. Recordad lo que decía Abraham Lincoln: “Puedes engañar a todos algún tiempo, puedes engañar a algunos todo el tiempo, pero no puedes engañar a todos todo el tiempo”. Y sobre todo, te engañarás a ti mismo el tiempo justo para que te delate tu auténtico yo, porque antes o temprano lo hará; de hecho, creo que lo hace «en línea», según nos activamos en la red. Aunque la mentira no sea la intención, habrá casos y casos, sí es el resultado de mostrarnos como la persona que queremos ser y no como la que somos en realidad o la que tenemos escondida para no mostrar nuestra vulnerabilidad (que es parte fundamental de nuestra autenticidad).

 

Esta bicefalia de lo que somos en la vida real y en redes sociales no puede ser buena para nuestra salud mental. Creedme, en mi profesión hay muchos así y cuando la realidad les devuelve su autenticidad… algunos no recuperan su yo real nunca.

 

Ojito porque la trampa evidentemente se la hacemos a los demás pero sobre todo nos la hacemos a nosotros mismos. Hemos dado por hecho que la traducción literal de la autenticidad es el buenismo. Ahora todos somos filósofos y expertos en profundidades metafísicas. La vena pontifical es una plaga de post, algunos tan simples y con tanta cantidad de me gusta que dudo de si todos son ciertos, comprados o simplemente que nos sentimos mejor por mostrar al mundo que estamos del lado bueno de la literatura. “Que la verdad no te arruine un buen reportaje” es la sorna de mi profesión que, aplicada la autenticidad, significaría que la honestidad no te arruine la marca personal.

Sinceramente, creo que nunca hemos sido tan inverosímiles como ahora. De tan auténticos que queremos ser todos parecemos iguales. Pero cuidado, que siempre hay alguien que mira debajo de la cama y encuentra nuestras pelusas. Justo ahora me viene a la mente una frase de “El poder y la gloria” de Graham Green que llevo conmigo desde que era una jovencita: I can’t absolve myself. Y vosotros, ¿podéis absolveros de quiénes realmente sois?

Photo by Vince Fleming on Unsplash.


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