La cancha de juego para un liderazgo de proximidad

Maite Sáenz21 marzo 20143min

“Más que entrenador me considero un gestor de personas”. Así se ha presentado Juan Antonio Orenga, seleccionador de la selección española de baloncesto, en el último de los Debates de Nuevas Ideas organizado por Accenture. Efectivamente, su tarea al frente del equipo nacional se acerca más a la del manager de recursos humanos que a la del típico coach deportivo porque su visión no se limita a los sistemas de entrenamiento o de juego sino que se preocupa por llegar a las capacidades que los potencian: “Mi trabajo es ver lo que otros no ven, las capacidades que tienen las personas, hacerlas aflorar y comprender las conexiones que se pueden establecer entre los miembros del equipo para que las apliquen al máximo”.

Francisco Puertas, Responsable de Consultoría de Talento y Organización de Accenture, hizo la introducción inicial y abrió la sesión haciendo una breve presentación sobre el ponente. Se destacó la trayectoria profesional de Juan Antonio, forjada primero como jugador de élite y después como entrenador con resultados probados no sólo en las categorías seniors, sino también en el desarrollo de las categorías inferiores trabajando con los más jóvenes.

Orenga abrió su intervención acortando las distancias entre su disciplina, el baloncesto, y la de los directivos asistentes, profesionales de RR.HH. de compañías como Gas Natural Fenosa, FCC, Sabadell, Maersk Line, etc.: Entre un tiempo muerto y una reunión de trabajo las conexiones son evidentes en forma de comunicación, participación y toma de decisiones, y su puesta en juego en ambos terrenos determina la eficacia de una reunión o la ventaja en el marcador. A partir de aquí, el seleccionador nacional de baloncesto ha enumerado las que él considera las misiones de un entrenador-gestor:

– Detectar el talento. Estamos obsesionados con los números: rebotes, puntos, tiempos… pero no valen de nada si no analizamos también el cuándo, con quién y de qué manera de esos números. Lo importante es detectar las virtudes de los jugadores y ofrecer los medios necesarios para su desarrollo.
– Buscar el equilibrio. No podemos hacer un equipo en el que todos sean los mejores jugadores porque tendríamos problemas para cubrir todas las áreas de actuación necesarias para lograr el éxito.
– Fijar el objetivo. Las metas inalcanzables producen frustración y si nos equivocamos de objetivos provocamos confusión. Lo fundamental es saber qué es lo importante y cómo puede aportar cada miembro del equipo, no hacer todos de todo.
– Dar soluciones generando confianza. El modelo de penalización por los errores conduce a la inhibición y a no tomar decisiones.
– Liderazgo. Un gestor averigua qué es lo que cada uno puede hacer mejor, le convence de que puede hacerlo y consigue que lo haga.


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