DIRECTIVOS. La responsabilidad del directivo en la conciliación laboral: El efecto ‘Pigmalión’

Maite Sáenz23 noviembre 20106min

David Muñoz Sorolla,
Director de Operaciones en Enter Systems.

Existen diferentes tipos de responsabilidad dentro de las empresas, pero todas ellas implican un compromiso y una obligación. También para el directivo, para quien ser responsable significa sobre todo, ser consecuente con el resultado de las decisiones tomadas y también con el de las no tomadas.

Un aspecto que cada vez tiene una mayor importancia dentro de las organizaciones, y más en momentos como el actual en el que las dificultades económicas internacionales impiden la contratación de nuevos profesionales por lo que es más que nunca necesario conservar a nuestros trabajadores,  es la Conciliación de la vida familiar y laboral, que según la Ley 39/1999, de 5 de noviembre es de obligado cumplimiento. Esta es una de las responsabilidades más importantes que hoy en día forman parte del trabajo de nuestros directivos y son un aspecto más en la negociación en los convenios colectivos como marcos reguladores.

Sin embargo hay tipo de responsabilidad diferente, aquella que considera las medidas de conciliación como catalizadores del beneficio en las organizaciones. Y es aquí donde tenemos todavía mucho trabajo por hacer y sobre la que nos centraremos en estas líneas.

La conciliación, en general:

■ Mejora la salud laboral y reduce el absentismo y las bajas por enfermedad de la plantilla.
■ Aumenta la satisfacción y la motivación del personal.
■ Enriquece las relaciones interpersonales y el ambiente de trabajo.
■ Incrementa la eficiencia y la productividad de las personas trabajadoras.
■ Favorece la calidad en la realización de las tareas.
■ Reduce el tiempo de las excedencias y por tanto los costes asociados a ellas.

Y todo esto repercute de manera directa en la empresa, mejorando su imagen, reputación y prestigio, y aumentando su competitividad en el mercado y atrayendo a nuevas candidaturas, por lo tanto la implicación del directivo en esta tarea es obligada si se pretende el éxito del negocio y su papel es determinante cuando se trata de favorecer y fomentar la aplicación práctica de medidas de conciliación definiendo e implantando, por un lado medidas que procuren la igualdad entre tod@s y que permitan el desarrollo profesional valorando la calidad del trabajo más que las horas de permanencia en la empresa.

Para conseguirlo, el directivo tiene en su mano una serie de medidas básicas sobre las que actuar como son la flexibilidad horaria (flexibilidad de las horas de entrada y salida del lugar de trabajo, semana laboral comprimida, bolsa de horas); flexibilización en la relación laboral (trabajo a tiempo parcial, trabajo compartido, excedencias laborales, días libres para situaciones familiares excepcionales o para asuntos propios); flexibilización del lugar de trabajo (teletrabajo, guarderías de empresas, seguro de vida, seguros de accidente) y prestaciones de las empresas tales como asistencia sanitaria para familiares directos, planes de pensiones, bonos-restaurante, etc.

Pero hay algo más, algo inquietante desde la perspectiva del directivo, una asignatura pendiente sobre todo para muchos de los que nos dedicamos a esto del management buscando conocimiento en la poca ciencia que contiene el arte de dirigir: el efecto Pigmalión.

En el mundo de la empresa, el Efecto Pigmalión viene a significar que todo jefe tiene una imagen formada de sus colaboradores y les trata según ella. Pero lo más importante es que esa imagen es percibida por el colaborador aunque el jefe no se la comunique, de tal manera que cuando es positiva, todo va bien, pero cuando es negativa, ocurre todo lo contrario.

En cuanto a lo que nos ocupa,  la implantación de medidas conciliadoras supone una mejora inmediata de las condiciones laborales para el trabajador y un incremento del beneficio a corto para la empresa, siempre y cuando creas que lo que te digo es cierto.

Si como directivo piensas que la conciliación consiste en alcanzar acuerdos con los comités de empresa o representantes del personal, constituir un comité, hacer algunos cambios para ‘flexibilizar’ algunas cosas, desarrollar planes de igualdad, etc. y luego te matas a trabajar, eres el primero en llegar y el último en irte a casa cada día, si no dejas tiempo para tus cosas (esas otras que hacías antes de trabajar tanto), es que todavía no has entendido de qué va el tema.

Si quieres conciliar de verdad hay algo más que puedes hacer y en lo que tal vez no hayas pensado antes:

■ Viste bien, cultiva tu sonrisa, desarrolla el apretón de manos perfecto, rebosa confianza y energía, desarrolla un estilo que te haga notar, habla y escribe bien… porque debes saber que se te está juzgando en todo momento.
■ Haz que destaque tu trabajo y no te quedes parado nunca, promete por debajo de tus posibilidades y rinde por encima de ellas, procura saber siempre algo que los otros no saben, comprométete al 100 por 100 y por favor, disfruta con lo que haces. Importa más lo que haces que las mil horas que trabajas cada día.

Con esto estarás más cerca de ser un mejor directivo, al estilo de lo que yo entiendo por buen directivo y podrás irte a casa sintiéndote realmente bien. Entonces conciliarás y enseñarás a los demás cómo pueden hacerlo.


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