Cuatro preguntas frecuentes sobre los secretos de la felicidad

Felicidad dentro
Por Carmen Sánchez, CEO de Intelema y experta en inteligencia emocional.

El Día Internacional de la Felicidad puede servirnos como excusa para revisar las circunstancias que nos acercan o nos alejan de un objetivo casi siempre vigente: la conquista de la felicidad. Nos pasamos la vida persiguiendo la idea de felicidad, y muchas veces lo hacemos sin saber qué significa exactamente ese concepto. Para empezar, hemos de tener presente que la felicidad está muy vinculada a lo que somos capaces de ser y de hacer, dado que solemos sentirnos felices cuando nos sentimos capaces, sea cual sea el contexto en el que sintamos esa emoción. Por eso, es muy importante que cada ser humano aprenda a aceptar la capacidad real que tiene desarrollada en el presente, sabiendo además que la capacidad se puede desarrollar y se puede actualizar a medida que vamos descubriendo qué somos realmente.

Ese ‘qué soy’ es una de las preguntas que suelen asomar en la búsqueda de la felicidad, pero no la única. En este texto vamos a ver cuatro preguntas relativamente frecuentes que surgen en esta búsqueda constante, y trataremos de arrojar algo de luz a fin de consolidar nociones esenciales sobre las que se edifica tan preciada emoción.

La felicidad, ¿es un camino o he de buscarla como un fin en sí mismo?

Ambas cosas: la felicidad puede ser un camino o puede ser un fin en sí mismo. Las personas nos podemos apoyar en nuestra capacidad para soñar; mientras usamos esta capacidad vamos descubriendo cómo se despliega nuestro potencial. Por ejemplo: no es lo mismo soñar con viajar a 100 km de distancia, que soñar con viajar a 1000 km; no es lo mismo querer viajar solo que acompañado; no es lo mismo salir sin billete de vuelta que saber cuándo voy y cuándo vuelvo; no es lo mismo salir con todo programado que salir a la aventura.

Hay muchas maneras de realizar un viaje, lo importante es que cada ser humano se permita soñar, construir su propio viaje y usar la valentía para experimentarlo, para transformarlo en realidad. Un ser humano se puede sentir muy feliz proyectándose hacia el futuro y se puede sentir muy feliz poniendo el primer paso en el camino. Durante ese camino, en ese paso a paso, hay que estar dispuesto a dejarse sorprender por la capacidad propia.

La clave está en el verbo soñar… Soñar con lo que sea, con tener un trabajo, con ir al cine con amigos, con tener un hijo, con viajar, con pasear, con una conversación con tu hijo adolescente… Cuando se ha hecho realidad ese sueño, hay que volver a soñar, porque eso nos permite descubrir aquello que nos apasiona y en el camino tendremos la capacidad de conocer todo nuestro potencial, podremos usar la creatividad y sentiremos que estamos vivos. Cuando la desidia llama a la puerta, es el momento de soñar.

¿Cómo me influye estar rodeado de gente feliz?

Las emociones se contagian: si me sonríen, automáticamente sonrío; si alguien está triste, automáticamente puedo empatizar y sentir tristeza. Las emociones ajenas pueden afectarnos tanto que hasta podemos olvidarnos de nosotros mismos.

Estar rodeado de gente positiva en el trabajo supone estar en un clima de generosidad, confianza, de innovación y de trabajo en equipo. Cada persona pone lo que es en cada momento, y se entrega a lo que se le pide o a lo que es capaz de aportar, mientras que los errores sirven para mejorar, no para criticar.

¿Puedo aprender a ser feliz?

Desde luego, todos queremos ser felices y a veces estamos atrapados en estados emocionales negativos –en nuestra propia sombra–, por lo que no vemos la manera de salir de ahí. Una buena manera de sentir vitalidad pasa por decirse a uno mismo, ¡quiero ser feliz!… y, si no se logra, cambiar el planteamiento por “voy a aprender a ser feliz”.

Siempre puede ocurrir algo ajeno a nuestra voluntad que nos desagrade o que nos duela., por eso hay que saber cómo superar esas situaciones inesperadas pero inevitables: hemos de aprender a dar lo mejor de nosotros mismos.

¿Cómo puedo escapar de la rutina y la resignación para hallar la felicidad?

Según la RAE, resignación es la entrega voluntaria que alguien hace de sí poniéndose en las manos y la voluntad de otra persona. Y, en paralelo, el hecho de tener conformidad, tolerancia y paciencia en las adversidades. Desde esta perspectiva la resignación puede favorecer la relación humana, sin embargo, otra cosa es decir que sí a todo sintiéndose obligado, porque en muchas ocasiones lo que hay debajo de ese antivalor es la rebeldía, y la rebeldía, aunque se pretenda ocultar, sale en forma de rechazo y de desgana. .

En cuanto a la rutina, son muchas las cosas que cuando las aprendemos las solemos hacer de manera automática. Conducir, vestirnos, ducharnos o comer. Puedo manejar la tarea y hacerla de modo automático; ahora bien, puedo conducir con alegría o puedo conducir con estrés: el modo en cómo lo haga depende de mí mismo. Nadie actúa por mí y, aunque mucha gente todavía no es consciente –o sea, no usa la inteligencia emocional–, la realidad es que el modo en cómo se hacen las cosas corresponde a uno mismo. Cuesta reconocer que nadie tiene la culpa de la conducta que elegimos tener en cada instante de nuestro día a día, y así es.

Se suele decir: “Yo he salido motivado de casa, pero un imbécil ha pegado un frenazo y casi me lo trago”. O “yo voy al trabajo motivado y mi jefe me amarga el día”. De este modo justificamos una y otra vez una conducta de estrés y de enfado en nombre de un tercero. Lo cierto es que una persona que decide ser feliz, diría: “Estoy motivado , vaya frenazo y qué susto, pero no ha pasado nada”.

Si en el presente tengo un trabajo rutinario es porque no soy capaz de tener otro distinto. Si no voy a gusto al trabajo, he de ser consciente de que tengo un problema y que por supuesto eso va a repercutir negativamente en la empresa para la que trabajo y en mis familiares más cercanos.

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