¿Cómo será la oficina 5.0?

Tecnologías emergentes como el big data, el Internet de las Cosas, la inteligencia artificial o la realidad virtual serán habituales en nuestras oficinas para mejorar el trabajo y la experiencia del trabajador. Steelcase ha analizado cómo estas tecnologías transformarán la forma de trabajar y los entornos laborales.

Espacios que nos conocen
En la oficina del futuro se difuminarán las líneas entre la tecnología y el entorno. Gracias s sensores inteligentes y un software de reconocimiento de voz, el espacio podrá anticiparse a las necesidades del equipo que trabajará en su interior, por ejemplo, recuperando los documentos o registros del proyecto o fomentando la participación equitativa avisando a los miembros más tímidos del equipo para que puedan compartir sus opiniones.

Las oficinas y salas de reuniones registrarán nuestros comportamientos en función de los datos que depositemos en nuestros dispositivos y sensores bioinformados, con los que podremos ajustar la iluminación, la privacidad visual, la acústica y la temperatura gracias a algoritmos concebidos según nuestras preferencias personales. La oficina se parecerá más una persona, a un compañero o a un tutor que guiará a los trabajadores hacia una mejor experiencia laboral.

Asistentes personales virtuales
En un futuro inmediato veremos cómo aumenta en los espacios de trabajo la popularidad de los asistentes virtuales como Alexa de Amazon, Cortana de Google o Siri de Apple. Estos asistentes se ocuparán de la mayor parte de las labores administrativas diarias como transcribir actas de reuniones, programar conferencias, reservar salas de reuniones, responder correos rutinarios y traducir. Robots, asistentes virtuales y otros tipos de agentes de software actuarán como servidores humanos, no solo a la hora de consultar los datos sino también, realizando preguntas y acometiendo tareas.

Mobiliario inteligente
Al igual que en la actualidad ya tenemos un reloj que nos avisa de que tenemos que movernos, la silla de trabajo incorporará un sensor que nos indicará cuándo debemos levantarnos y cómo podemos mejorar la postura para evitar problemas musculares. Los espacios podrán valorar en qué estado se encuentra nuestro cerebro: si estamos concentrados, cansados o en pleno rendimiento, y podrán definir el tipo de iluminación que más nos conviene, la temperatura más adecuada o si debemos cambiar de postura para mejorar nuestro ritmo de pensamiento.

Del mundo virtual a la realidad aumentada
En la oficina del futuro las pantallas planas y las ventanas del navegador quedarán obsoletas. Las presentaciones ya no estarán atadas a las paredes o a las superficies planas. Surgirán nuevas formas de interacción con los datos, de hecho, la realidad aumentada y la realidad virtual pasarán a ser los principales modos de interacción, con conjuntos voluminosos de datos que tendrán nuevas formas más visuales e inmersivas. Exploraremos visualizaciones volumétricas de mundos de datos con un simple gesto o con nuestra cabeza, brazo y cuerpos. Las sillas y demás mobiliario funcionarán como joysticks, aprovechando nuestros movimientos corporales reales para cambiar nuestra orientación física en el espacio virtual. Los números se transformarán en objetos casi físicos que podremos, literalmente, tocar.

Espacios sociales virtuales
En la oficina del futuro seremos capaces de estar codo con codo con compañeros que se encuentren repartidos en distintas partes del mundo en un escenario de realidad aumentada, moviéndonos y hablando con los demás tal y como si estuviéramos en la misma sala. No desaparecerán los equipos distribuidos por el mundo, pero los aspectos más frustrantes de las interacciones con ellos, como los creados por una pantalla bidimensional, el ruido ambiental y las distracciones de los compañeros desaparecerán.

La tecnología y el espacio al servicio de las personas
En esta amalgama de edificios inteligentes con dispositivos wereables, robots, pantallas en 3D y avatares virtuales, lo que realmente marcará la conexión con la oficina será el espacio y la capacidad para crear una experiencia laboral que sea capaz de sacar lo mejor de cada trabajador.

¿Y cómo dotar de vida a estos entornos tecnológicos? Creando ambientes humanos, personales y cálidos que saquen lo mejor de uno mismo, que inviten a la creatividad, inhiban el estrés y potencien el bienestar físico, cognitivo y emocional de los trabajadores. En definitiva, espacios donde las personas puedan sacar su máximo potencial porque se sienten a gusto. Ello se consigue a través de entornos cálidos e inspiradores más parecidos a los de un hogar que a los de una oficina, con elementos que nos conecten a la naturaleza (mobiliario con maderas, fuentes, plantas, entornos al aire libre), con espacios que permitan la socialización y el fomento de relaciones personales, con entornos que fomenten la colaboración pero que den la opción de poder concentrarse fácilmente.

 

 

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