Cómo deben los líderes volver a la normalidad

Es cierto que las grandes crisis pueden engullir directivos, pero también es cierto que traen disrupción y grandes líderes emergen en estas situaciones. Ejemplos no faltan a lo largo de la historia: Disney se fundó en 1929, el año de inicio de la gran depresión; Microsoft en 1975, tras una gran caída del PIB global que siguió la crisis del petróleo de 1973 y que no paró a Bill Gates y Paul Allen; Salesforce y Google, que se lanzaron a finales de la década de 90, superaron la burbuja puntocom; Facebook que se fundó en 2004, salió fortalecida de la crisis financiera del 2008 y Uber, que se fundó en 2009.

En palabras de André Ribeiro, Vicepresidente de BTS, «como vaticinan diferentes organismos económicos mundiales, en la nueva normalidad conviviremos con el coronavirus, por lo que es poco probable que volvamos a la normalidad que conocíamos antes, sino que entraremos en una situación de recesión de la que no hay precedentes». Ante esta situación se prevé un entorno que se caracterizará por:

  • Cadenas de suministro estables y sistematizadas se enfrentarán a disrupciones que exigirán nuevas soluciones para mantenerse operativas y rentables
  • Ingresos consistentes y en crecimiento podrán dejar de ser una fuente fiable de financiación y liquidez, exigiendo nuevas medidas para defender carteras de clientes y asegurar la generación de caja necesaria para mantenerse en el mercado
  • Estilos de vida y formas de trabajo centradas en la interacción social presencial que pueden verse alteradas, con un cambio acelerado por una mayor sensación de vulnerabilidad en viajes y desplazamientos, y un mayor dominio de las capacidades que ofrecen las nuevas tecnologías
  • Un recorrido de progreso social hacia la reducción de la pobreza y el aumento de la equidad, que se puede ver interrumpido y sustituido por dinámicas que vuelven a ampliar las diferencias, favoreciendo los “white collars”, que se pueden mantener productivos en un contexto de confinamiento y teletrabajo, y perfiles altamente cualificados que tienen una mayor empleabilidad en un contexto de menor actividad económica.

Por ello, no se puede huir de los impactos que la actual crisis va a traer, pero sí se puede elegir la actitud con la que afrontarlos. Por este motivo es fundamental no caer en víctimas del miedo que lleva a la inacción, creer que esto ya pasará y todo volverá a ser como antes, hay que asimilar que las cosas van a cambiar y que con esos cambios vendrán grandes riesgos, pero también oportunidades e innovación. Los que asuman la forma de como enfrentarse a los cambios de como trabajamos, colaboramos y vivimos, saldrán fortalecidos y preparados para aprovechar nuevas oportunidades.

Es cierto que de aquí aflorarán muchos retos, pero ya se empiezan a vislumbrar las oportunidades. Pensemos en la bajada de la polución y la mejora de la calidad del aire, que se puede observar con el parón de actividad en las ciudades más afectadas en China, y las posibilidades que eso puede llevar a explorar para seguir combatiendo el cambio climático. Cómo colegios y universidades, rápidamente, pasaron a modelos de educación virtual, y el potencial que eso tiene para quedarse más allá del periodo de confinamiento y aplicarse en otros contextos como el fitness o el mundo empresarial y la educación corporativa. Esto representa un potencial para plataformas tecnológicas como Zoom y Slack, y todos aquellos dispuestos a explorar alternativas y posibilidades en esta nueva situación normal.

En este contexto, ante tanta incertidumbre es difícil tener respuestas, pero lo que va a marcar la diferencia entre unos líderes y otros es saber plantear las preguntas adecuadas. ¿Cómo van a estar los clientes después de esta crisis y cómo habrán cambiado? ¿Qué problemas necesitarán resolver y cómo se les puede ayudar? ¿Cómo estarán las organizaciones internamente? ¿Qué desafíos y qué problemas serán necesarios resolver?

André Ribeiro concluye, «cuanto mejor anticipemos tendencias, exploremos sus combinaciones y los escenarios futuros que estas pueden abrir, mejor estaremos preparados. Todavía tenemos pandemia por delante, y cómo usemos nuestro tiempo durante este momento va a marcar la diferencia. Los que solamente se centren en gestionar costes y liquidez serán los perdedores, mientras que los que se anticipen y adapten, combinándolo con la construcción de capacidades para un nuevo futuro, serán los ganadores».


Observatorio de Recursos Humanos

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