Claves para protegerte de las actitudes tóxicas en el trabajo

Redacción22 octubre 20218min

Las emociones, ya sean positivas o negativas, son inherentes al ser humano, y es muy difícil desconectar de ellas mientras trabajas. De ahí la importancia de que las empresas fomenten eso que se denomina “inteligencia emocional”, y se esfuercen en comprender y aprovechar las emociones de sus colaboradores, pues es una buena forma de mejorar el entorno laboral y el espíritu de equipo. Sin embargo, cada uno de nosotros debe aprender a gestionar sus emociones, ya que de ello depende nuestro rendimiento laboral, nuestras habilidades para tomar decisiones o las relaciones interpersonales en la oficina.

El problema surge cuando alguien se entrega con frecuencia e indiscriminadamente a la expresión y desfogue de su ira en la oficina, pues podemos encontrarnos ante una “persona tóxica”, con la que al equipo le cueste comunicarse o compartir tareas, y que convierta en irrespirable la atmósfera de trabajo.

“Consideramos tóxicos a aquellos compañeros de trabajo que suelen destacar por sus continuas quejas y enfados en la oficina”, explican desde ifeel, cuyos psicólogos nos dan las claves para no convertirnos en uno de estos ‘especímenes’:

  1. Respetar el espacio emocional de los demás, no invadirlo. Los demás no tienen la culpa de lo que nos ocurre y, además, puede que no lo entiendan o que necesiten seguir concentrados en sus tareas. Tienen derecho a no verse contagiados por nuestro estado de ánimo y a que éste no interfiera en el funcionamiento del equipo, al menos durante mucho tiempo. Por eso es importante que, si estamos muy enfadados, tengamos en cuenta que el clima laboral lo respiramos todos y debemos evitar contaminarlo.
  2. Contención y regulación emocional. Las emociones suelen aparecer de manera repentina y, en ocasiones, nos invaden de una manera muy intensa. Es difícil parar la ola de una emoción cuando ya se ha iniciado, pero es importante saber estar con esa vivencia sin desbordarnos, hasta que consigamos que ese movimiento interior finalice el recorrido que necesita hacer. Ser capaces de hacerlo es especialmente útil si estamos en medio de la oficina, trabajando con nuestros compañeros, con el jefe mirando, etc. Para ello, los empleados deben contar con habilidades para entender y regular sus emociones.
  3. Buscar aliados para el desahogo. Algo que no falla nunca para intentar calmarnos es buscar consuelo, protección y comprensión en ciertos compañeros. Siempre que sea posible, vale más parar y pasar un rato charlando con un compañero hasta sentirnos más tranquilos, que recalentarnos en nuestro enfado y estar dándole vueltas mientras intentamos seguir con nuestra tarea a toda costa. Eso sí, es importante orientar esta conversación de desahogo hacia la calma y no hacia calentar más los ánimos.
  4. Buscar lugares y actividades para el desfogue. A veces no es posible contar con el apoyo directo de un compañero comprensivo cuando estamos realmente enfadados y necesitamos despotricar contra el mundo. En esos casos conviene, por lo menos, pasar unos minutos tranquilamente en algún espacio de la oficina en que no molestemos a nadie y podamos tomarnos un momento para calmarnos. Quizá salir a la calle y dar una vuelta a la manzana o, si la empresa cuenta con algún espacio de esparcimiento, emplearlo para desviar de nuestro interior la emoción intensa de rabia con la que hemos conectado.
  5. Orientar la emoción hacia la solución del problema. Es importante permitirnos sentir la emoción y contenerla adecuadamente para no dejar destrozos a la hora de expresarla. Sin embargo, en la vida en general y en el contexto laboral en particular, lo óptimo es desplazar nuestra atención hacia una posible solución del problema tan pronto como sea posible. A veces lo que nos enfada no es algo en lo que podamos influir, sino una orden que tenemos que acatar o una decisión que ya se ha tomado. Otras veces hay un margen para propuestas, que pueden surgir en nuestra mente una vez que nos hemos serenado y hemos comentado el asunto con los compañeros. Aprovechemos esa vía para sacar algo constructivo del mal rato que nos hemos llevado y que, quizá, también hemos hecho pasar a los demás.

Y si tienes algún compañero incapaz de controlarse y te toca trabajar codo a codo con él, desde ifeel recomiendan seguir estas pautas:

  • No te dejes contagiar (ni contagies) por su estado de ánimo. Ten presente que tú no eres esa persona, sus problemas no son tus problemas, ni lo son todo. Se trata de hacer un ejercicio de distanciamiento mental y emocional para no quedar fagocitados por su estado de ánimo. Igualmente, se trata de pensar que tus palabras, conductas, acciones, esfuerzos, ideas, errores y sus consecuencias sí son tu responsabilidad.
  • No te quemes intentando cambiar lo que no está en tus manos. Está bien animar a los demás e intentar mostrarles otros puntos de vista para que se sientan mejor, pero cuando alguien no está en disposición de atender a razones, tampoco es nuestra responsabilidad modificar su humor. Vale más dar un paso atrás y esperar a que esa persona lo gestione a su ritmo.
  • No dejes que la persona y su ira marquen la agenda. Es necesario que a las personas tóxicas les pongamos límites, y de agradecer que nos los pongan cuando somos nosotros quienes tenemos una actitud tóxica. A través de esos límites podemos manifestar que estamos escuchando y comprendiendo, a la vez que podemos expresar asertivamente que no vamos a aceptar como nuestro algo que no nos corresponde. Un cortafuegos a tiempo siempre es una buena solución, como expresar que es necesaria la concentración y que si no hay alguna solución a la vista será mejor continuar con lo que toque hacer en lugar de que todo se pare.
  • Límites físicos y temporales. Si se tiene la posibilidad, es mejor cambiar de sala de trabajo. Tanto si descubrimos que nuestras palabras están intoxicando el ambiente como si lo hacen las de otra persona. En el caso de tener una reunión presencial, podemos dedicarnos un momento antes a reflexionar y respirar para tomar conciencia del presente. No permitas que un compañero tóxico pase de convertirte en su público a convertirte en su cómplice involuntario.
  • Concéntrate en tus asuntos y no alimentes más el enfado de esa persona. Si hablar de ello la va a calmar, adelante, pero si la enciende más, es mejor extinguir su conducta mediante la retirada de atención. Si estáis trabajando juntos, muestra tu comprensión, pero recuérdale que tenéis cosas que hacer y que os tenéis que centrar en la lista de tareas pendientes.

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