Benchmarking: porque, de vez en cuando, es bueno mirar alrededor

Jaime Rodríguez28 febrero 20226min

Hace un par de años ya –y parece que haya sido un suspiro–, el El Club Excelencia en Gestión nos recordó una vez más los beneficios del benchmarking (muy presente en el Modelo EFQM, que preconiza). Fue con motivo de la publicación de una guía enfocada a emplear este método para medir el desempeño de cada compañía en la aplicación de los ODS. ¿Será necesario que nos recuerden que es posible mejorar, analizando e imitando lo mejor de otras empresas? Pues así es. De modo que vamos a repasar de nuevo sus múltiples bondades.

“Renovarse o morir” es un mantra empresarial de supervivencia, esgrimido habitualmente por los gurús del management. Y esa es precisamente la finalidad del benchmarking: mejorar procesos, servicios o productos analizando las empresas líderes en cada campo, e incluso la propia competencia, y poniendo en práctica su sistema. Un método pensado para aquellas empresas que buscan en las experiencias ajenas inspiración para optimizar sus modelos de gestión.

Nadie puede ser el mejor en todo

Sucede a menudo en los deportes de equipo que, sin contar con el ataque más efectivo, la mejor línea de defensa o la estrella extranjera de mayor calidad, el conjunto obtiene los mejores resultados. Y es que nadie puede ser el mejor en todo. Y mucho menos en el mundo empresarial actual, en el que inciden tantos factores diferentes para alcanzar la excelencia.

Siempre es factible mejorar en algún área o actividad en donde otras empresas, ya sean de la competencia o de sectores diferentes, son mejores.

Y ahí es donde interviene el benchmarking; que, con independencia de anglicismos (el término proviene de las antiguas marcas para medir en los mostradores de algunos comercios), significa lisa y llanamente intercambiar experiencias para aprender de los otros. O más científicamente, como lo definió uno de sus precursores, David T. Kearms, “el proceso continuo de medición de productos, servicios y actividades de una empresa en relación a los mejores competidores y/o compañías que están reconocidas como líderes en cada sector”.

Tres tipos de ‘benchmarking’

Entonces ¿qué empresas pueden hacer benchmarking? En realidad, cualquiera, sin limitaciones de tamaño o de sector. Siempre que tenga algún problema o quiera introducir alguna mejora en sus distintos departamentos: producción, márketing, recursos humanos… Porque cualquier empresa y/o persona es una realidad diferente, fruto de una historia de aprendizaje y de un entorno coyuntural. Lo que sí es lógico es que este proceso de comparación competitiva se establezca con aquellas compañías más avanzadas. Es decir, esa «marca del mostrador» se ha de poner en las experiencias de las compañías que destacan en cada área.

Los expertos en esta disciplina coinciden en dividir en tres las clases de benchmarking, dependiendo del modelo a imitar: el interno, el competitivo y el genérico.

El interno viene aplicandose en realidad desde desde que el capitalismo es capitalismo. Pues no es sino estudiar las distintas empresas de la competencia; analizar su estrategia empresarial; evaluar cuáles hacen mejor según qué cosas, y establecer unos objetivos para tratar de igualarles, cuando no superarlas. No se trata de copiar los qué, que dependen de cada empresa concreta, sino de imitar los cómo, las metodologías, los sistemas, para adaptarlos a la cultura propia de la empresa, y que rindan entonces beneficios.

Análisis mutuo y a fondo

El competitivo es menos usual, habida cuenta de que requiere un análisis mutuo y a fondo entre competidores. En general, suele existir cierto escepticismo a la hora de facilitar a la competencia información vital sobre la propia compañía, máxime cuando no se sabe muy bien qué se va a recibir a cambio, si va a ser información igualmente interesante, y sobre todo si se podrá poner realmente en práctica. En estos casos esporádicos suele contarse con el arbitraje de alguna consultoría competente, que garantiza la confidencialidad del proceso.

Por último, el más habitual de los tipos de benchmarking: el genérico. Aquel que tiene lugar entre firmas que no son competencia, y cuyos resultados permiten precisamente obtener ventajas competitivas sobre ésta. Al tener que adaptar nuevos conceptos, las mejoras no son apreciables tan inmediatamente como si se hubiesen obtenido de una empresa dedicada a la misma actividad; pero una vez aplicados su efecto es más duradero.

Imagen: 123RF


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