Un regalo de Reyes Magos: la parábola del reconocimiento

Maite Sáenz5 enero 20236min

Por Maite Sáenz, directora de ORH – ¿Conocéis a algún niño que no se pregunte por cómo hacen los Reyes Magos para cumplir su misión con exactitud que les intriga? Son muchas entregas en muchas casas y a muchos niños, y rara vez se equivocan. Bueno, salvo cuando hay deseos que se escapan a las posibilidades de los sufridos “avaladores” de las regias operaciones, y a veces el delivery tiene ciertas disconformidades con la hoja de pedidos). Lo que es cierto es que todos nos hemos preguntado eso, todos los que hemos creído en esa magia.

El secreto de siglos de trabajo en logística entregando paquetes perfectamente identificados por destinatario y contenidos estuvo en las cartas, leídas al detalle con atención, mimo y cariño por los pajes reales de las enormes naves de almacenamiento. De ello dependía que el proceso de identificar los objetos que conformarían el preciado cargamento se realizara para cumplir sueños sin incidencias.

Pero el cliente cada vez es más exigente y la competencia más agresiva. Papá Noel y su ejército de renos tiene un potencial de crecimiento que ellos no pueden suplir sólo con sus tres camellos y tres pajes. Además, las cartas no les daban la trazabilidad necesaria para saber lo que nos merecemos cada uno de nosotros y ellos, que son herederos de valores ancestrales, tenían claro que el mérito seguiría siendo insustituible como criterio de reparto por antonomasia. La cosa está difícil y lo de repartir a todos por igual saben que es la mayor de las desigualdades. Así es que se pusieron manos a la obra para diseñar su propio modelo de plataforma con propósito. Hicieron un DAFO de debilidades y fortalezas y se metieron de patas en un itinerario formativo en temas de digitalización en el que se descubrieron la forma de transformar sus procesos si perder su propósito: la tecnología blockchain.

Y como por magos la magia la tienen a la mano, se han montado todo un sistema con tecnología biométrica añadida de última generación al más estilo MI6 para conocer el paso a paso de nuestros méritos en la vida. Sí, así como lo oís. A partir de ahora podremos seguir engañando con el curriculum académico y profesional pero no con nuestra carta a Melchor, Gaspar y Baltasar. Por cada cosa que digamos que hacemos y que en realidad no hagamos los bloques no encajarán y la certificación no se conseguirá. Y lo mismo pasará con lo que hagamos y que contradiga a lo que digamos. Por cada no conformidad, un regalo menos.

Cada uno de nosotros recibiremos una notificación visual y sonora en los dispositivos insertados en nuestro cuerpo -ahí son generosos y nos dan a elegir entre la cara interior de la muñeca o del tobillo, porque lo del cuello es muy cinematográfico pero nada práctico, nos obligaría a ser contorsionistas-.

Lo más alucinante es que todo el tinglado tendrá algoritmos de inteligencia artificial para elaborar perfiles de comportamiento a partir de los patrones -o las miguitas de Pulgarcito- que vayamos dejando. Los buenos Reyes de Oriente no lo hacen para hacer previsión de stock a la baja y ni tampoco para ajustar la plantilla de camellos, que son los que son para sus regias majestades; al contrario, lo que quieren es devolverles un trabajo digno a nuestros ángeles de la guarda para que su buen juicio nos ayude a mejorar el nuestro. Eso sí, habiendo firmado antes un tedioso, enrevesado y laaaargo contrato de protección de datos personales. Ni los Reyes se libran de las multas por inclumplimiento del RGPD.

La digitalización de las naves y del stock también les tiene muy entretenidos. En realidad, están disfrutando como niños con esta reingeniería de procesos en la que dan voz a la experiencia del talento de los pajes y de los camellos. Ninguno teme por su puesto porque saben que su conocimiento no lo tiene ningún robot. La operativa, puede, pero lo que van a hacer es trabajar mano a mano para aportar más valor juntos, tanto en tiempo como en eficacia y calidad a su tarea. No tienen trato directo con el cliente, pero saben que en el mundo de los sueños no existen los “incidentes”. Y esa es su misión, evitarlos, porque saben que así harán posible su propósito: hacer felices a cuantos más niños -por edad y de alma también- posibles, reconociendo su mérito, su esfuerzo y su voluntad para ser mejores cada día.

 

 

Foto: 123RF


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