Organizaciones y líderes ante el reto de liderar de manera efectiva

Vivimos un momento único lleno de altas dosis de incertidumbre y de adversidades que exige un cambio a todos los niveles: sector público, empresas privadas, familias y personas. Esto está suponiendo un desgaste silencioso pero continuo, y en paralelo, se ha producido un cambio del modelo de trabajo inimaginable hace unos meses (trabajo presencial versus remoto), con nuevas reglas de juego que exigen muchos cambios a implantar a nivel de organizaciones e individual. También tenemos, la complejidad que ya veníamos arrastrando por la diferencia de planteamientos de las distintas generaciones que cohabitan en las organizaciones. Otro esfuerzo para lograr entendernos diseñando unas reglas de juego motivantes y comprensibles para todos, pero que vuelven a suponer más cambios. Con total seguridad el tan anhelado engagement y felicidad en el trabajo está viéndose afectado.

 

…Y lo que está por llegar

No es un secreto que 2021 va a ser complicado. Nadie sabe cuánto, pero lo será. Y nos atrevemos a aseverarlo pues la situación de incertidumbre va a seguir acompañándonos durante un largo tiempo. Tampoco hay que olvidar que se necesitará un gran esfuerzo para recuperar todo lo perdido en estos últimos meses y para lograr mucho más con menos.

Los líderes están empezando a reconocer la creciente dificultad para liderar y lograr motivar a las personas bajo tanto cambio y nuevas circunstancias. Empiezan a aparecer dudas sobre la productividad de muchos de ellos por las circunstancias que se dan en algunos casos. Un círculo vicioso contrario al de la mejora del engagement y la productividad. Y todo ello, con un fondo del deber de lograr ser más eficientes que nunca, pues la reducción de muchos mercados nos obliga a atacar la cuenta de explotación desde la mejora de los costes, entre otras medidas.

Y precisamente por esto, las exigencias a nivel organización, a nivel de líderes y a nivel  logros individuales son cada vez mayores. Pero el tiempo disponible durante la semana es el que es. La solución no puede pasar por trabajar 12 horas diarias 5 días a la semana, con algún esfuerzo adicional durante el fin de semana, máxime cuando todos habíamos interiorizado que se podía lograr un equilibrio entre lo personal y profesional, una verdadera conciliación  más que merecida.

Y ante esto, actitudes de no aceptación o queja llevarán al fracaso de los profesionales y por ende de las organizaciones. Los momentos de adversidad son invitaciones a elegir. Elegir la queja, el lamento y el seguir actuando de manera reactiva. O elegir salir reforzados.

 

La necesidad de un paso adelante por parte de las organizaciones y sus líderes

En este contexto, las organizaciones y las personas que las dirigen deben ayudar  a sus profesionales para prepararles de la mejor manera. Las empresas necesitan acompañar más que nunca a  sus directivos en el desarrollo a nivel competencial para poder estar lo más preparadas posibles. Y sus directivos a su vez deberán hacer un esfuerzo con sus equipos.

Para lograrlo solo hay que pensar en clave de efectividad circular, es decir, trabajar desde tres enfoques que engloban el liderazgo efectivo, la resiliencia efectiva y la productividad efectiva. Se trata de establecer un modelo integral e interrelacionado donde todas las piezas van a ser necesarias.

Cualquier líder tiene que asegurarse que es capaz de LIDERAR de manera EFECTIVA a sus equipos y cumplir lo que se espera de ellos: motivar, desarrollar, acompañar, alinear objetivos, corregir… con un equilibrio entre resultados y personas. Y el problema es que la teoría nos la sabemos, y somos capaces de saber qué cosas NO debemos hacer y logramos NO hacerlas. Y también sabemos que cosas debemos hacer. Pero luego, nuestra agenda Y nuestras sistemáticas no siempre están alineadas con ello y no cumplimos con rutinas y hábitos que serían necesarios por mucho que nos convenzamos de lo que hacemos. Por ejemplo: prácticas como reforzar  reuniones grupales para ayudar a que todos interioricen  hacia dónde vamos como grupo para que cada uno vea su valor en el proyecto; reforzar la calidad los encuentros personales para ir marcando el camino con un feedback con reconocimiento y con, además, retos, etc.

Pero al mismo tiempo, esto también pasa porque los líderes sean ejemplo de cómo hacer frente a la adversidad y a esa complejidad creciente. Y esto exige ser resilientes  por partida doble: demostrar resiliencia a nivel individual y ayudar a nuestros equipos a prepararse o superarse ante la adversidad facilitando su refuerzo en esta competencia.

El problema radica en qué no nos hemos preparado de manera proactiva para ser resilientes, y no lo logramos ser a nivel individual ni tampoco sabemos ayudar en todo lo que deberíamos a nuestros equipos. Todo nos deriva en un mayor nivel de stress, un efecto negativo sobre nuestra energía y consecuentemente en los resultados como líderes y en nuestro desempeño  individual. La falta de resiliencia afecta al liderazgo y a la productividad que, además, se retroalimentan negativamente… Debemos empezar a reforzar nuestra RESILIENCIA EFECTIVA con modelos que nos lo garanticen.

Y para lograr todo esto, el líder debe, desde su propio autoliderazgo, gestionar su agenda y su tiempo desde una PRODUCTIVIDAD EFECTIVA para que tenga tanto la actitud como la capacidad de organizarse y priorizar como le exigen la circunstancias,  sin quemarse ni desgastarse en el largo plazo  (no logramos dominar nuestro tiempo y nuestra agenda cuando las circunstancias cambian porque no tenemos un método que nos ayude a ello, lo cual afecta a nuestra capacidad de ser resilientes y buenos líderes). En momentos de mayor adversidad todo se nos desborda. Y en este caso, no estar bien organizados afecta a nuestro liderazgo también desde doble perspectiva: no somos  ejemplo y no disponemos del tiempo para cumplir con lo que ser líderes supone. E incrementa nuestro deterioro afectando a los niveles de resiliencia.

Todo está interrelacionado: liderazgo, resiliencia y productividad

 

Cómo proceder

Evidenciada la realidad y la complejidad de un momento como el actual, esto pasa por un plan integral en el sentido inverso a la explicación: primero debemos mejorar nuestra productividad efectiva.

Posteriormente, desde ese mayor dominio de nuestra agenda y de nuestro tiempo, y con esa mayor sensación de control, con menos stress y con más resultados, hay que abordar el desarrollo de nuestra  resiliencia y fortaleza mental. Realizándolo con antelación y proactividad a través de los 6 pilares de la resiliencia efectiva.

Y por último, siendo ejemplo de profesional productivo y resiliente, con una gran fortaleza mental trabajada y un dominio  de nuestra agenda suficiente, prepararnos para poder demostrar nuestro LIDERAZGO efectivo creando e implantando  todos los rituales y hábitos necesarios. Un liderazgo equilibrado entre el logro de resultados y el desarrollo de las personas que lideramos a través del assessment de los hábitos del líder efectivo.

Recordemos, la transformación de las empresas empieza por la efectividad de sus líderes y de sus plantillas.

Agustín Peralt, asesor y formador en efectividad. Colaborador académico en ESADE.

 

 

 


Observatorio de Recursos Humanos

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