La salud y la seguridad en el trabajo también es una cuestión emocional

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Por Carmen Sánchez, CEO de Intelema.

El pasado domingo, 28 de abril, fue el día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, un concepto que normalmente se asocia al riesgo físico asumido por un empleado en el ejercicio de sus funciones. El tropiezo de un obrero en la estructura del andamio, la quemadura de una investigadora en su laboratorio, los problemas posturales de un oficinista, etc. Así lo contempla la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, que fundamentalmente está dirigida al espacio físico, sin embargo hay otro riesgo igualmente peligroso que a menudo se pasa por alto: el riesgo a perder la salud mental.

Contra este peligro no sirven los recubrimientos esponjosos, los extintores y las pantallas azules, pero sí hay dos instrumentos que pueden intervenir de manera efectiva contra los efectos del sufrimiento emocional. Son la Inteligencia Emocional y el Coaching, para los que la salud y la seguridad son dos conceptos esenciales en el desarrollo de cualquier puesto laboral: trabajan la salud entendida como estado en que el ser orgánico ejerce normalmente todas sus funciones.

Dicha acepción de la palabra ‘salud’ incluye el uso disfuncional del cerebro humano que, cuando no está en sintonía con el cuerpo, tiene la capacidad de ocasionar malestar físico, dolores de cabeza, ansiedad o estrés. Es decir, podemos tener una iluminación perfecta y una silla ergonómica de última generación, pero si la mente se opone al trabajo que estamos realizando, podemos caer en situaciones graves que desembocan en baja laboral, encontronazos con los jefes, generación de mal ambiente laboral, etc.

Carmen Sánchez, CEO de Intelema.

En cuanto a la seguridad, la RAE identifica con este vocablo, en uno de sus significados, “a la persona que no tiene duda”. En las disciplinas del Coaching y la Inteligencia Emocional, nos encontramos con un porcentaje muy elevado de personas que albergan importantes dudas, que no saben cuál es su función o cómo la tienen que realizar. Dudan también sobre si lo que hacen vale para algo o no, sobre si hay una falta de reconocimiento real a la labor del empleado y una falta de claridad en el desempeño de sus funciones. Muchas veces, esa inseguridad también deviene en un conflicto grave dentro del ámbito del trabajo.

Contra la insatisfacción y la duda paralizante o desmotivadora actúan las herramientas del Coaching y la Inteligencia Emocional, que en los últimos tiempos han demostrado su efectividad ante las averiguaciones de la ciencia: la investigadora Pilar Ripoll, de la Universidad de València, demostró recientemente en un estudio sobre el coaching con 176 participantes que éste tiene efectos beneficiosos sobre el bienestar psicológico y la calidad de vida de los empleados.

En el marco de este estudio, 90 participantes recibieron durante 5 meses las intervenciones de un coach de la consultora Intelema, que aplicó su Método Zisne con cada empleado una vez a la semana durante una hora por sesión. Tras ese periodo se les midió variables como el nivel de optimismo, la evolución de su salud mental o el nivel de vigor en el trabajo, y en todas las variables hubo una mejoría significativa respecto a quienes no habían recibido coaching.

Si se constata semejante mejoría es, en buena medida, gracias a que el coaching ayuda a clarificar la misión, las funciones y lo verdaderamente importante de un puesto –es decir, reduce la incertidumbre–. Aunque esas funciones estén previamente definidas, cuando se trabaja en organizaciones grandes muchas veces se difumina la misión de cada empleado, y conviene atajar ese riesgo nocivo de manera personalizada. Cada ser humano es único y ha de conocer sus matices, sus diferencias y ponerlas al servicio de sí mismo, sin equivocar el egoísmo con el bienestar individual.

Así pues, la verdadera utilidad de este instrumento al servicio de nuestro bienestar emocional consiste en hacer las preguntas adecuadas a cada persona para que llegue a conocerse mejor; acompañarla para que se eleve y a la vez toque tierra, de cara a que emprenda un camino con una dirección motivante y con un plan de acción realista y realizable, tanto en su vida personal como profesional. Por su parte la inteligencia emocional es el vehículo que ayuda a utilizar las competencias aprendidas de cara a completar ese plan.

En conjunto, coaching e inteligencia emocional arrojan luz sobre nosotros para que no tengamos que regular la luz del ordenador, porque normalmente, cuando nos duele el trabajo, poco tiene que ver con la luminosidad de la pantalla.

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