Ocaso industrial y nuevas oportunidades

Redacción ORH23 diciembre 20147min

Alrededor de 1910 los productos agrícolas representaban cerca del 70 por ciento del comercio internacional, mientras que ahora no llegan siquiera a un 15 por ciento. Después de la Segunda Guerra Mundial el sector primario, es decir, la agricultura, empleaba a más de un 25 por ciento de los trabajadores y generaba más de un 20% del producto nacional. Actualmente la agricultura emplea al tres por ciento de la fuerza de trabajo y aporta un cinco por ciento al producto nacional bruto.

A la industria le está pasando prácticamente lo mismo. Los precios de productos manufacturados han ido bajando desde la década de los sesenta del pasado siglo al ritmo de más de un uno por ciento anual. El precio relativo de un automóvil actual comparado con el de hace 30 años se ha reducido en un 40 por ciento. Igual sucede con la mayoría de los productos manufacturados cuyos precios relativos han descendido eproporciones parecidas. Actualmente, el coste de compra de artículos manufacturados es quizá una cuarta parte de lo que fuera hace 30 ó 40 años.

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Sólo a modo de ejemplo, en 1970 un barco maderero anclado en los muelles de Londres requería 540 días/hombre para descargar la madera que transportaba. Cuarenta años después, el barco con la misma carga requería sólo de siete días/hombre para su descarga. El milagro se llama “containerización”. Los expertos aseguran que en los últimos 30 ó 40 años se ha avanzado tanto en este ámbito que se ha producido una reducción del 98,5 por ciento en la mano de obra para cualquier trabajo esencial.

Las distintas formas de organización del trabajo de Taylor, Fayol, Ford, Sloan, etc., orientadas -de una u otra forma- hacia la especialización hicieron que desde la década de los cuarenta la industria haya triplicado su producción. A su vez, los costes laborales de la industria también han descendido ya que han pasado a representar sólo el 13% ó 14% del total, cuando hace sólo unos 30 años representaban más del 30%, en su gran mayoría por efecto de la mecanización y de la mejora de métodos. Actualmente, por ejemplo, y sólo en Estados Unidos, el empleo en la industria apenas supone el 17% de la fuerza de trabajo, cuando en 1950 era más del doble. Se prevé que la industria continúe aumentando su producción; sin embargo, el empleo industrial apenas supondrá un tímido 10% que, unido al 2 ó 3 por ciento de la agricultura no sumará ni un 13% de la población trabajadora; el resto, un 86 u 87%, trabajarán en la industria de los servicios y del saber.

Mientras que los precios de productos manufacturados han bajado en casi un 50 por ciento en los últimos 70 años, los del saber, la educación y la atención sanitaria han subido tres veces más rápido que la propia inflación. Además, esta realidad del fin de la industria explica la aparición de nuevas iniciativas y nuevas empresas que hasta ahora no parecían negocios. Un ejemplo concreto podría ser el de las piscifactorías. Hace 30 años el salmón era casi el “bocado de los dioses”, una exquisitez sólo al alcance de algunos (pocos) adinerados bolsillos, que hoy es un alimento bastante accesible para la mayoría de los ciudadanos. Lo mismo sucede con la trucha o el rodaballo, que se están ya criando en piscifactorías a gran escala.

El culto al cuerpo, la importancia de la imagen y la necesidad de sentirse bien y gustarse a uno mismo y a los demás han generado una enorme demanda de los productos de belleza y los procedimientos que ayudan al individuo a estar “en forma”. En este sentido, la enorme proliferación de gimnasios y salas de fitness está generando un astronómico negocio.

Como ya hemos señalado, en los próximos años se espera un fuerte crecimiento en los servicios de todo tipo, especialmente de los relacionados con el conocimiento: servicios sanitarios, industria farmacéutica y dispositivos médicos, servicios de seguridad, electrónica, ocio en casa, energías renovables, software, seguros, informática inalámbrica/móvil, alimentos dietéticos, coches híbridos, etc.

Las tecnologías de la información, y con ellas las redes sociales, seguirán impulsando la globalización. La integración (o fusión) de las constantes revoluciones en tecnologías de la información, la biotecnología, la ciencia de los materiales y la nanotecnología generarán un aumento espectacular de la inversión tecnológica, lo que probablemente estimulará una mayor innovación en los países avanzados.

La educación profesional continua de adultos es probablemente el sector con más potencial de crecimiento para los próximos años, aunque es de esperar que gran parte de esta formación se transmita de manera distinta a la tradicional, puesto que mucha de ella se hará online o en el formato blended.

Asimismo, aparece un sector que ya supone un porcentaje relevante del producto nacional bruto. Nos referimos al sector de cuidados y asistencia a personas disminuidas y/o mayores. Nuestra esperanza de vida ha aumentado enormemente en los últimos años, pero este gran avance hace que mucha gente necesite ayuda para tener una cierta calidad de vida. Hemos de esperar que esta demanda siga aumentando en los próximos lustros; para hacernos una idea sólo hace falta que pensemos en lo que supondrán, en cuanto a curación o paliación de patologías e incremento de esperanza de vida, los avances asociados al descubrimiento del genoma humano.

 


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