
Teatro. Andamos por la vida representando papeles. Algunos forzados. El gesto no encaja con el texto. El alfabeto gesticular, derrapa. Se nota la mueca. O hieratismo sin medida. Otros son imitaciones de alguien que nos gustaría ser. Alan Rickman o Ian McKellen. Judi Dench o Tilda Swinton. Sí, pero no eres tú. Otras se especializan en un género. Reinas del melodramatismo. Príncipes de la comedia. Bufones de alquiler. Repiten porque gusta. Pero tampoco eres tú. Como aprenderse las matemáticas de memoria, en cuanto cambian la estructura, al hoyo.
En algún momento, tomas consciencia de ti misma, de ti mismo. Aciertas a ver quién eres. Un evento crítico en tu vida pulula alrededor. Puede que antes y lo desencadene. Puede que después y haya sido generado. Vivir la vida de otro, dijiste. No reconocerme en el espejo, indicaste. Y ver con claridad la poca luz que habías tenido. Dejas de escuchar aplausos. No visitan tu camerino. Los críticos te ignoran. Pero tú notas que los papeles te llenan. Y eso te basta. El escenario es más pequeño. El aforo, diminuto. Sin embargo, disfrutas. Eres auténtico, honesto, sincero. Sin alharacas. Como Diego El Cigala el 19 de agosto de 2015. Indiferente a algo fuera del universo que has descubierto y que te llena. Y tomas las riendas. Y triunfas con el público que te importa de verdad. Enhorabuena.
Feliz fin de semana a todas, todos.
Francisco J. Fernández Ferreras.