
Quedamos a las tres y media de la tarde. Un día espectacular. Temperatura inusual para el Cantábrico. Chirriaban hasta las lapas. Salimos en barco sabiendo que había alerta de galerna por la tarde. Curioso fenómeno que no se da mas que entre Asturias y la Costa Vasca. El hueco que deja el aire caliente, ascendente y reseco por el efecto Föehn es cubierto por aire frío del Norte a nivel de costa. Y el viento rola cizalleando. Y el mar se llena de borreguitos. Crestas blancas de mar de viento. Nos bañamos en alta mar veinte minutos antes. Y esperamos en la bañera, bien aprovisionados. Bonito con pimiento va bien. Edu había variado el rumbo inicial para que fuese fácil la vuelta. Y la mayor, con un rizo. La racha entró con su mar de fondo. Y ceñidos y disfrutando volvimos al Marítimo. Empopados y a media vela en el treinta y tres pies y medio.
La combinación de experiencia y prudencia puede hacer cambiar sensaciones. En su ausencia, algo peligroso y que no querrías volver a repetir. Con ella, una vivencia, algo que recordar. La edad nos hace más sabios. O debería. Sin embargo, experto de todo no se puede ser. Ni de mecánica cuántica, ni de negociaciones en determinado tipo de proyectos, ni de situaciones vitales complicadas. Si te dejas aconsejar, si tienes quien lo haga y si sabes cuándo pedirlo, te sorprenderás con tu proa hacia la bocana del puerto, hacia mar abierto, en plena galerna.
Feliz fin de semana a todas, todos.
Francisco J. Fernández Ferreras.