El experimento del Muñeco Bobo

Albert Bandura, 1961. Psicólogo ucraniano-canadiense de tendencia conductual-cognitiva, profesor de la Universidad Stanford, reconocido por su trabajo sobre la teoría del aprendizaje social y su evolución al Sociocognitivismo, así como por haber postulado la categoría de autoeficacia.

“Toda conducta humana es aprendida a través de la imitación social y las repeticiones, en lugar de heredarse a través de factores genéticos”.

DISEÑO DEL EXPERIMENTO

Tres grupos de niños de entre 3 y 6 años fueron seleccionados en un jardín de infancia. Estos niños fueron colocados, de uno en uno, en una habitación llena de juguetes que incluye un “muñeco Bobo”; el cual se trata de una figura inflable con cierto peso en la base, que vuelve a su posición vertical original inmediatamente después de que se le golpea o arroja al suelo.

Un grupo de niños fue acompañado por un adulto que pasó varios minutos golpeando al muñeco con un martillo y utilizando un lenguaje agresivo. Más tarde, el adulto debía dejar a los niños solos para jugar. El segundo grupo de niños fue estudiado en compañía de un adulto que se sentaba y jugaba con ellos tranquilamente durante varios minutos para luego dejarlos solos. El tercer grupo se fue a jugar a la habitación sin ningún adulto presente. Sus actividades fueron grabadas en video a través de un cristal unidireccional.

RESULTADOS OBTENIDOS

-Los niños que estuvieron expuestos al modelo agresivo tenían más probabilidades de mostrar un comportamiento físico agresivo imitativo, siendo los niños casi tres veces más propensos a repetir un comportamiento físicamente violento en comparación con las niñas.

– Los niños expuestos a modelos agresivos también tenían más probabilidades de mostrar un comportamiento verbal agresivo imitativo, siendo los niveles de agresión verbal expresados aproximadamente los mismos tanto para niños como para niñas.

– Los sujetos del experimento expuestos al modelo no agresivo, o a ningún modelo en absoluto, mostraron muy poco comportamiento agresivo imitativo, no habiendo prácticamente diferencia entre uno y otro grupo.

CONCLUSIONES

Es evidente que, cuando nacemos, nuestros conocimientos son muy escasos, y nos manejamos por instinto manejados por aquellos que nos rodean, los adultos. A lo largo de nuestra vida vamos adquiriendo conocimientos y vamos moldeando nuestros comportamientos en función de lo que vemos, con independencia de que lo hagamos mejor o peor que nuestros mentores.

Tener un referente, un maestro en el que apoyarnos en nuestro desarrollo es clave para lograr avanzar por el camino correcto y más eficaz posible. Las organizaciones al ser fuente de desarrollo profesional, se convierten en los adultos que enseñan a los niños. La paradoja nos debe obligar a pensar, ¿de qué somos realmente maestros aquellos que tenemos esa responsabilidad?

Deja un comentario

El email no será publicado. Campos marcados con *, campos requeridos


Observatorio de Recursos Humanos

Desde 2006 trabajamos para ofrecer contenidos e información de valor para el profesional de la gestión de RRHH, con el convencimiento de que el conocimiento, en sus vertientes de creatividad, innovación y aprendizaje continuo, es el principal valor de una dirección eficaz.


Síguenos en Redes Sociales



Contacta con nosotros

Puede contactar con nosotros a través de:


Empleo en RRHH

Esta web pertenece a ORH Grupo Editorial de Conocimiento y Gestión, S.L.